En 1973 los astronautas de la estación espacial estadounidense Skylab se declararon en huelga y se negaron a comunicarse con el centro de control de la misión.

Se habían quejado de que les hacían trabajar demasiado, y cuando les denegaron su petición para que les recortaran la jornada, tomaron las riendas de la situación: se pasaron un día entero admirando la vista desde las ventanas.

Su desafío tuvo lugar a la mitad de una misión de 84 días.

Más tarde los astronautas se referirían al incidente como su "huelga", aunque otros lo calificaron de "motín".

Sea como fuere, el episodio dejó patente que en los viajes espaciales más largos los astronautas enfrentaban desafíos que no se habían presentado en las misiones llevadas a cabo hasta entonces, relativamente cortas.

Así, una de las mayores amenazas para una misión a Marte -un hito cada vez más cercano- podría provenir del estado psicológico de los miembros de la tripulación.

La Antártica es un buen análogo por varias razones.

Primero, es oscura: el Polo Sur tiene varios meses de noche total durante el invierno, lo que elimina el ciclo día-noche al que estamos acostumbrados.

Además, hace mucho frío, con temperaturas que alcanzan los -80 °C, por lo que salir es difícil.

Luego está el aislamiento. La Antártica está aislada geográficamente(dependiendo de dónde te encuentres exactamente, la evacuación durante el invierno podría ser imposible) y también socialmente (se convive en lugares cerrados con las mismas pocas personas día tras día).

La "hibernación psicológica"

El motín del Skylab pudo haberse debido al "fenómeno del tercer trimestre" al que se han referido, entre otros, varios exploradores polares.

Se trata de la falta de motivación que sienten al darse cuenta de que la situación en la que están va durar, al menos tanto tiempo como el que ya pasaron en ella, y que es algo ineludible.

Aunque no todos están de acuerdo en que el fenómeno exista, quienes sí lo creen defienden que se da en varias situaciones, incluidas las misiones espaciales simuladas.

De hecho, es lo que Gro Mjeldheim Sandal, profesora de ciencias psicosociales de la Universidad de Bergen, en Noruega, se esperaba encontrar al estudiar las emociones de 27 personas ubicadas en la base Concordia de la Antártica, donde la temperatura media exterior es de -51 °C y a donde solo se puede acceder entre noviembre y febrero.

Pero en lugar de deprimirse a la mitad de su estadía, los participantes entraron en una especie de "hibernación psicológica" que los volvió apáticos.

De alguna manera, podría ser algo bueno, ya que ayuda a los miembros de la tripulación a ahorrar recursos y superar su confinamiento sin agotarse, explica Sandal.

Pero a pesar de los posibles aspectos positivos, la hibernación psicológica también podría presentar riesgos, especialmente si ocurriera algo similar en un viaje de meses a Marte.

"Si se da una situación de emergencia, hay que reaccionar muy rápidamente", sigue la profesora. "Así, en una misión espacial de larga duración, nos preocuparía por la seguridad".

De hecho, asegura Sandal, las personas que planean estas misiones espaciales son muy conscientes de los riesgos que el aburrimiento y la monotonía pueden conllevar, y necesitan encontrar formas de contrarrestarlos.

La importancia del sueño

El sueño también tendrá un papel clave en la manera en que los astronautas reaccionen a las demandas mentales de una misión a Marte.

Pero dormir bien por la noche es complicado cuando no hay un ciclo natural de día y noche.

En la Tierra, nuestro ciclo de sueño-vigilia está regulado tanto por lo cansados que estamos como por la luz del día. "[Los astronautas] no podrán usar esa señal de luz para sincronizar sus patrones de sueño-vigilia", explica Joanne Bower, investigadora del sueño en la Universidad De Montfort de Leicester, en Reino Unido.

"Si las personas duermen mejor, también tienden a reaccionar mejor", afirma Bower, cuya investigación principal se centra en cómo interactúan el sueño y nuestras emociones en la Tierra. "Proteger el bienestar del sueño es fundamental para ser feliz y estar saludable, tanto en la vida como en el espacio".

Hay algunos aspectos de una misión espacial de larga duración que no se pueden simular en la Tierra.

En un viaje a Marte, por ejemplo, llegará un momento en que la Tierra, reducida a una pequeña mota de luz en el cielo, ya no será visible para los astronautas.

Sin embargo, los astronautas aseguran que ver nuestro planeta desde el espacio es una de las mejores cosas de los viajes.

"Una de las cosas que los mantiene optimistas es este sentido de perspectiva que se obtiene al ver la Tierra desde lejos. Pero eso no será posible durante meses", dice Bower. "Por lo tanto, necesitamos encontrar otras cosas a las que puedan recurrir".

Bower y sus colegas también descubrieron que las emociones de los participantes se volvían más variables con el tiempo. "Cuanto más tiempo pasaban allí, más altibajos sufrían sus emociones", explican.

También quedó claro que centrarse en las emociones positivas podría ser clave.

"Las personas que lo hicieron mejor aseguraron que habían hecho más cosas como centrarse en lo positivo y disfrutar de lo bueno", dice Bower. "Tendían a enfocarse mucho menos en los aspectos negativos, por lo que no daban vueltas a las cosas una y otra vez para intentar cambiarlas".

Aunque ignorar lo que va mal puede parecer ilógico -después de todo, que algo salga mal en el espacio podría ser desastroso-, en algunas situaciones podría ser la mejor opción.

"Si estás en el espacio y no hay nada que puedas hacer al respecto, minimizarlo y no darle muchas vueltas podría ser lo más saludable", asegura Bower.

Lo que no podrán hacer los astronautas es ignorar su propio estado mental. Con un retraso de comunicación de hasta 22 minutos en cualquier viaje a Marte, los astronautas no siempre tendrán fácil acceso a las personas en la Tierra para hablar, por lo que deberán controlar su propia salud mental y hacer lo que puedan para autocorregirse.

"No se trata tanto de que puedan hablar con un psicólogo o psiquiatra, como de que sean conscientes de su estado", afirma Bower.

Buen humor

Además de saber soportar el aburrimiento, podría ayudar que las tripulaciones tendiesen a la introversión. "Necesitamos equipos que no tengan una gran necesidad de variabilidad social", añade.

Que el equipo sea compatible también es importante, y Sandal ahora está analizando los datos que recopiló de los cosmonautas rusos para investigar cómo el funcionamiento del equipo y la variabilidad cultural afectan al rendimiento.

Una vez que se haya reunido al equipo ideal, los ajustes al entorno en la nave espacial ayudarán a mantenerlo de buen humor.

Se sabe que exponer a las personas a la naturaleza en la Tierra puede ayudar a reducir los niveles de estrés y mejorar la concentración.

Pero ¿qué se puede hacer en una nave espacial, donde la naturaleza real es escasa?

Jay Buckey, profesor de medicina del Dartmouth College de New Hampshire y exastronauta, lleva a cabo un experimento usando realidad virtual (VR) en la base estadounidense del Polo Sur y en la base australiana de la Antártica.

Es un intento de contrarrestar los retos psicológicos de estar aislado.

"Cuando utilizas la realidad virtual sientes como si te hubieran sacado de tu entorno cotidiano", asegura.

Las escenas virtuales que pueden ver los participantes incluyen una playa australiana, los Alpes bávaros, la costa irlandesa y el otoño en Nueva Inglaterra, además de Boston, en caso de que alguno de los participantes se beneficie de sentirse inmerso en el ajetreo y el bullicio de la vida en la ciudad.

Buckey probó una configuración similar durante una misión de simulación en Hawái, y preguntó a los participantes qué entornos les gustaban más.

Las escenas de naturaleza de alta definición fueron las preferidas, pero algunos participantes también disfrutaron de la ciudad.

"Una de las cosas que echaban de menos algunos era simplemente tener a otras personas alrededor", dice Buckey.

La realidad virtual incluso podría ayudar a combatir la desazón de no ver la Tierra desde el espacio, gracias a una ventana virtual que simularía la vista.

Tener tiempo de inactividad y relajación, como se vio durante la huelga del Skylab, también será vital.

Los astronautas ya están entrenados para saber relajarse de manera efectiva en el poco tiempo libre que tienen a bordo de la Estación Espacial Internacional.

Y Sandal cree que añadir yoga y meditación a las rutinas de entrenamiento físico de los astronautas podría ayudar a la tripulación a liberarse del estrés... siempre que puedan encontrar una manera efectiva de practicar yoga en la ingravidez.

Dada nuestra determinación de llegar a Marte, mantenernos cuerdos en el viaje hasta ahí es un problema que vale la pena resolver.

"El aspecto psicológico es muy importante, porque si se hace bien, las misiones pueden ser maravillosas", dice Buckey.

"Pero, si sale mal, puede acabar con la misión".

Publicidad