En su silla de ruedas, con una frondosa mata de pelo blanco, una cara poblada de arrugas y la pasión por su equipo intacta, la hermana Jean Dolores-Schmidt se convirtió a los 98 años en la sensación del deporte en Estados Unidos.

La capellán del equipo de baloncesto de la Universidad Loyola Chicago es mucho más que eso: recoge información de los rivales, les habla a los jugadores antes de los partidos y hace análisis posteriores.

La exjugadora y exentrenadora también cumple su esperado rol de orientadora espiritual.

Y en medio de las finales del campeonato universitario, un verdadero evento en EE.UU. con juegos a estadios llenos, cobertura en vivo en la televisión y primeras planas en los diarios, alcanzó el nivel de estrella, heroína del llamado "March Madness".

No solo a nivel nacional, sino "internacional", como se encargó de aclarar con una sonrisa en medio de una entrevista. Es que Loyola, los Ramblers, viene de dar dos sorpresas al eliminar a equipos con mejor preclasificación y este jueves va por el tercer batacazo y el pase a la final regional.

Hasta Barack Obama, otro chicagüense fanático del baloncesto, le dedicó un tuit con guiño: "Felicidades a @LoyolaChicago y a la Hermana Jean por una sorpresa de último momento. ¡Tenía fe en mi elección!".

https://twitter.com/BarackObama/status/974424008182689792

En las entrevistas al costado del campo tras los partidos no deja de sonreír. Le preguntan qué les dijo a los jugadores en la charla previa: "Le pedí a Dios que nos ayude. Y les dije que Dios haría su parte si nosotros hacíamos la nuestra. Que juguemos con confianza".

Por ahora el éxito acompaña a este equipo de los Ramblers en su primera participación en el campeonato de la NCAA (Asociación Nacional Atlética Universitaria) desde 1985, un torneo que ganaron por última vez en 1963 y que la hermana vio por televisión.

Aquel año, Dolores-Schmidt ya era monja y además daba clases en Mundelein College, una institución vecina de Loyola. Ambas se unieron en los noventa y la hermana con su experiencia como jugadora y entrenadora durante más de 20 años se convirtió en capellán del equipo.

Asiste a los partidos con calzado en los colores de los Ramblers, granate y dorado, y la inscripción "Hermana" en el pie izquierdo, y "Jean" en el derecho. Y su rol va más allá de los rezos.

"En medio de su oración mezcla datos de los rivales", comenta el jugador Clayton Custer, "nos dice quiénes son sus mejores jugadores y qué hay que vigilar. A veces reza para que el árbitro tome las decisiones correctas".

Rara vez se pierde algún partido (apenas dos desde 1994 hasta que en noviembre una lesión en la cadera le impidió asistir a ocho juegos), pero aun así los vio en su iPad y no dejó de enviar correos felicitando al equipo con comentarios para cada jugador.

Por estas semanas el equipo recibe hasta 20 solicitudes al día para entrevistarla: "Mi teléfono no para de sonar. Está bien para mí... sea lo que sea, sea cual sea el canal, me parece bien. Me encanta para los jóvenes, porque esto también significa mucho para ellos".

En la sala de pesas del centro deportivo en Loyola grabaron las palabras de la hermana: "Adorar, trabajar, ganar". Vive en los dormitorios universitarios y tiene una oficina donde recibe a quien quiera verla.

"Cualquiera puede entrar ahí, no solo nosotros", le dijo a ESPN el jugador Cameron Krutwig, "ella está para toda la universidad. Ella es una celebridad en la universidad y todos la aman".


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