Ya sean mordiscos de vampiros, monstruos con gusto por la carne humana o malvados que infectan nuestra comida, tenemos un gran legado y enorme apetito para las historias de horror que tienen que ver con los alimentos.

¿De dónde vienen y qué revelan las espantosas leyendas y fábulas sobre las sociedades que las crean y las cuentan?

Las misión de historias que te vamos a contar es horrorizar, aunque algunas también quieren enseñar.

Para ponernos en tono, empecemos con una que podría serte familiar.

Hänsel y Gretel... peor de lo que pensabas

¿Te contaron la de los niños que se internaron en el bosque, dejando pedazos de pan a lo largo del camino, y se encontraron con una casa cuyas paredes estaban hechas de galletas de jengibre y las ventanas, de dulce?

"Hänsel y Gretel eran los hijos de un leñador pobre y un día su esposa le dijo que no tenían comida, que se los llevara al bosque y los abandonara. En el bosque, los niños vieron esa bella casa, como estaban hambrientos, cortaron trozos para comérselos", nos recuerda Diane Purkiss, profesora de Literatura de la Universidad de Oxford.

Quienes han oído la historia recordarán que adentro había una bruja que los engaña para atraparlos y comérselos. Pero logran escapar, quemar a la bruja, llevarse sus tesoros y volver a su hogar.

Y vivieron felices por siempre jamás.

"La que quizás no hayas oído es la historia original", dice Purkiss. A pesar que de por sí es bastante aterradora, "los hermanos Grimm trataron de embellecerla".

La oscura verdad

Originalmente, quien quería comerse a los niños no era la bruja malvada.

"La historia es así: Había una hambruna terrible en Alemania y una madre, un padre y sus dos hijos que vivían en una casa pequeña un día se dieron cuenta que no les quedaban más que cuatro pedazos de pan", cuenta la licenciada en literatura.

"La madre le dijo al padre: ¿qué tal si hubiera más pedazos para cada persona? ¿Qué tal si matamos a uno de los niños y nos lo comemos?".

"Y el padre lloró y le rogó que no lo hicieran pero ella le contestó que no había otra alternativa, que si no se comían al hijo, morirían de inanición todos. Eventualmente el padre acepta, lo hacen y sobreviven".

El cuento no acaba ahí.

"Otra hambruna asola a Alemania y esta familia de tres llega al punto de tener apenas tres trozos de pan. Nuevamente, la esposa convence al padre de que maten al hijo que les queda. Lo asan, se lo comen y junto con los tres pedazos de pan".

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

"Vivieron felices por siempre jamás... así termina: sin castigo ni recriminación".

La nefasta historia, señala Purkiss, está arraigada en la profunda ansiedad que causaba la economía de subsistencia de la Europa entre los siglos XV y XVIII.

Crisis de liquidez

"Ese tipo de historias eran mecanismos para enfrentar las crisis. Por eso no sorprende que surjan en tiempos de guerra y de hambrunas".

"El mundo en la época de la que estamos hablando estaba asolado por la Pequeña Edad de Hielo, que implicaba fuertes tormentas, largos años de lluvia que arruinaban los cultivos, plagas perpetuas, propagación de varias enfermedades como la tifoidea...", señala Purkiss.

"La economía entera que se había desarrollado en el período anterior se perdió, y las clases gobernantes se esforzaban por asegurarse de que quienes sufrieran las consecuencias no fueran ellas".

Esa vida cruda y aterradora muchos europeos confrontaban dilemas insoportables.

"Convenía tener hijos pues eran una manera de extender tus dominios, eran más manos para limpiar terrenos y plantar: de alguna manera te protegían del azar del clima que traía hambrunas. Pero por otro lado, eran más bocas que alimentar".

"Es como acordar un préstamo con intereses muy altos del banco. Esperas poderlo pagar pero sabes que habrán varias crisis de liquidez monetaria. Y eso es lo que vemos en estos cuentos: crisis de liquidez de alimentaria", concluye Purkiss.

Es culpa de la bruja

Esas crisis causadas en gran parte por el clima y una clase gobernante despótica, no le dejaban a los campesinos la posibilidad de protestar, pues la lluvia era sorda y los gobernantes no escuchaban, más bien decapitaban.

Era más fácil culpar a alguien más cercano. Ese dedo acusador inducido por las hambrunas contribuyó al nacimiento de uno de los personajes de horror más arquetípicos y queridos: la bruja.

"Una acusación muy común de brujería es que una mujer hizo que se arruinaran tus cultivos, que tu mantequilla se cortara, que tu cerveza se agriara".

Productos como mantequilla y cerveza eran la única fuente de efectivo que les permitía comprar lujos como zapatos y ropa. Si se arruinaban, tenían que caminar descalzos.

"No era trivial: acusaban a la bruja, por ejemplo, de arruinar al animal que producía la leche o el proceso para convertirla en mantequilla".

Diosa iracunda

Mientras que la bruja era la portadora de desesperación en las comunidades campesinas europeas durante siglos, en la antigua Grecia y Roma, las fuerzas sobrenaturales de las que tenías que cuidarte eran los dioses, particularmente cuando se trataba de evitar morirse de hambre.

"La manera en la que los humanos se aseguraban de que los dioses siguiera proveyendo lo que necesitaban era ofreciendo sacrificios. Ponían animales en los altares, que terminaban pareciéndose a una mesa de cocina, y los quemabas", Edith Hall, profesora de Clásicos de King's College, Londres.

"En esa época, la comida pocas veces era abundante, así que era tratada con mucho respeto. Cualquier forma de desperdicio, glotonería, exceso o abuso era condenada".

"De ahí mitos como el de Eresictón de Tesalia quien era muy codicioso en todo aspecto. Para construir el techo de su sala de banquetes, tala los árboles del santuario de la diosa Deméter, la deidad que provee la comida, irrespetando el pacto entre los humanos y los dioses. Como castigo, lo condenan a que nada de lo que consumiera saciaría sus ganas de comer, y cuanto más engullera más aumentaría su hambre", cuenta la experta.

"Al final, se come a sí mismo".

La muerte del yo

Así, a lo largo de la historia podemos encontrar los temores que han disparado historias de horror que tienen que ver con comida.

No son sólo brujas o monstruos nos asustaban, también nosotros mismos.

Un ejemplo es "La máquina del tiempo" (1888), en la que H.G. Wells envía a su viajero al año 802.701 d.C., cuando la raza humana se ha dividido en dos grupos y los miembros de uno de esos grupos ha adquirido un gusto por los del otro: los usan como alimento.

La historia fue interpretada como una crítica a la profunda división de clases que caracterizaba a la sociedad victoriana de la época.

Una entre las muchas más historias sobre criaturas conocidas o inventadas que nos muerden o nos comen... la lista de películas y libros es larga.

¿Por qué son particularmente aterradoras?

Según la socióloga Margee Kerr se debe a un miedo primitivo a ser devorados por animales salvajes que reside en la profundidad de nuestro subconsciente.

Aunque para muchos de nosotros la amenaza de los depredadores naturales amainó, nuestra imaginación creció.

"Tememos morir, pero morir en manos de algo o alguien que nos va a consumir psicológicamente es una sensación más personal, es una violación. Sentir que vas a ser consumido se conecta con algo profundo, con la muerte del yo", señala Kerr, quien es especialista en miedo.

Nuestros pecados

Últimamente, hemos añadido un miedo más sencillo, reminiscente al de las brujas que arruinaban la comida, sólo que las brujas son otras.

"Circulan historias como las de la 'carne misteriosa' de la comida basura, asegurando que es carne de rata, de lo que sea. Nos preocupa la comida que otros preparan para nosotros", Cynthya Miller, antropóloga de Emerson College en Boston, especializada en cine.

"Peter Jackson lo reflejó en una de sus primeras películas -"Mal gusto" del 1987-, en la que extraterrestres disfrazados de humanos asesinan a los habitantes de un pueblo y los empacan en cajas para que los conviertan en comida basura intergaláctica".

Y todo parece indicar que aún no hemos saciado nuestro apetito por las historias de horror de comida.

"Hay algo interesante en el personaje de Hannibal Lecter como antihéroe pues para él la especie humana no es mejor que el ganado", señala Bryan Fuller, quien desarrolló la serie de televisión "Hannibal", una continuación del filme de horror "El silencio de los inocentes".

"Lo primero que hice fue contactar a José Andrés, el famoso chef, para contratarlo como el consultor del caníbal pues yo quería que la comida se viera irresistiblemente deliciosa sin importar cuál animal había usado Hannibal -cerdo, vaca o humano-".

Según Fuller, la idea era que los espectadores se cuestionaran sus propios hábitos alimenticios. En su caso, funcionó: se volvió vegetariano.

"El horror que sentimos frente al canibalismo me parece algo gracioso considerando lo que hacemos en la industria ganadera y los conocimientos que tenemos de las emociones de los animales, como los cerdos que gritan en los mataderos para avisarle a sus compañeros de lo que está pasando", dice Fuller.

Una vez más, la historia de horror refleja las preocupaciones del momento, en este caso las de la sección más privilegiada. En una serie producida en un lugar donde la abundancia... abunda (EE.UU.) y para espectadores que en su gran mayoría no han experimentado hambre, hay espacio para temerle a los pecados propios.

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