Les llaman "noctilucentes" porque brillan por la noche.

Son nubes extrañas y brillantes que se ven sólo en las noches de verano.

Y las nubes noctilucentes se están volviendo cada vez más visibles, por causa del cambio climático causado por la actividad humana, según un nuevo estudio.

Vapor y polvo

La nubes noctilucentes se forman a una altura aproximada de 80 km sobre la superficie terrestre, en la mesosfera, la parte de la atmósfera más allá de la estratósfera.

Estas nubes brillantes son las más altas en la atmósfera de la Tierra y se forman cuando el vapor de agua se congela alrededor de partículas de polvo de meteoros entrantes.

Las nubes noctilucentes fueron observadas por primera vez en 1885, luego de la erupción del volcán Krakatoa en Indonesia, que lanzó cantidades masivas de vapor de agua.

Y los registros de estas nubes se volvieron más comunes a lo largo del siglo XX y los científicos se preguntaban si este fenómeno estaba vinculado al cambio climático.

"Especulamos que las nubes siempre estuvieron allí, pero la probabilidad de ver una era muy, muy pobre en tiempos históricos", señaló Franz Josef Lübken, investigador del Instituto Leibniz de Física Atmosférica en Kühlungsborn, Alemania, y principal autor del estudio.

Metano

Lübken y sus colegas utilizaron observaciones satelitales y modelos climáticos para simular los efectos del aumento de los gases de invernadero en la formación de nubes noctilucentes desde 1871 a 2008.

El vapor de agua en la mesosfera proviene de dos fuentes: el vapor que sube desde la superficie terrestre, y el metano, un potente gas de invernadero que produce vapor de agua a través de reacciones químicas en la mesofera.

Según el estudio, el aumento en las emisiones de metano incrementó las concentraciones de vapor de agua en la mesosfera en un 40% desde fines del siglo XIX.

Las mayores cantidades de vapor de agua permite la formación de cristales de hielo más grandes, que tornan las nubes más visibles.

¿Impacto en el clima?

La mayor visibilidad de las nubes nocturnas y brillantes es un indicador de que el cambio climático está afectando a la mesosfera, de acuerdo a los investigadores.

Pero el posible impacto de las nubes noctilucentes en el clima de la Tierra debe ser tema de futuras investigaciones, afirmó Lübken.

Aquellos que vivan en latitudes altas tienen ahora una buena oportunidad de observar estas nubes extrañas, que a fines del siglo XIX eran visibles probablemente una vez cada varias décadas, según el investigador.

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