Un cuadro gigante con un círculo en medio en el suelo de Brasil podría parecer una mera curiosidad para el ojo inexperto, pero para los conocedores estas formas geométricas en la tierra crean una estructura de gran valor histórico: un geoglifo.

En un área de 20.000 metros cuadrados en el estado de Acre, al noreste de Brasil, se puede encontrar un geoglifo que, según calculan científicos, se hizo entre 1.500 y 2.500 años atrás.

El diseño, elaborado con zanjas de aproximadamente 11 metros de ancho y 2,5 de profundidad, se encuentra en el sitio arqueológico Jacob Sá, a unos 50 kilómetros de Río Branco.

Y ahora puede llegar a ser inscrito como patrimonio brasileño, y por lo tanto, protegido por ley. De ser así, esta sería la primera vez que un geoglifo tendrá el reconocimiento de patrimonio por parte del Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (Iphan).

La gigantesca figura de Acre también está entre los bienes candidatos a integrar la lista de Patrimonio Mundial, para lo cual necesita ser avalada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Geoglifos en Brasil

Se calcula que hay más de 500 geoglifos en Brasil -la mayoría en Acre- y el estudio de esas estructuras puede ayudar a entender la ocupación precolombina de ese país.

"El trabajo realizado por la Universidad Federal de Pará entre 2010 y 2014 identificó 410 sitios arqueológicos denominados geoglifos en el estado de Acre", dice a BBC Brasil el arqueólogo Flávio Rizzi Calippo, director del Centro Nacional de Arqueología (CNA) de Iphan.

"Aunque la mayor concentración de estos sitios está en Acre, también se encuentran en los Estados del Amazonas y Rondônia", explica.

Calippo resalta, sin embargo, que ese número puede ser mucho mayor.

"Más geoglifos se han encontrado a raíz de nuevas investigaciones. Recientemente, más de 80 nuevos sitios se ubicaron en Mato Grosso, lo que amplía bastante no solo el número de geoglifos conocidos, sino también su distribución espacial en el territorio brasileño", dice el arqueólogo.

Aunque solo una de las estructuras deba ser votada esta semana, el sitio Jacob Sá está formado por dos geoglifos.

Y con los nuevos descubrimientos, Trindade resalta también la preocupación ambiental.

"Sucede que, por coincidencia, esos sitios arqueológicos se encuentran mayoritariamente en lo que se llama 'cinturón de deforestación' que avanza sobre la Selva Amazónica. Y lo que se pretende con su elección es darle visibilidad, tanto para el gobierno como para la sociedad en general, a ese gran número de sitios cuya integridad está amenazada por el avance de la deforestación y de emprendimientos agropecuarios especialmente en la región Norte de Brasil", dice el arqueólogo.

De acuerdo con el Iphan, la estructura escogida presenta "elementos que son representativos del conjunto de sitios arqueológicos del tipo geoglifo conocidos hasta el momento".

El instituto también subraya que el lugar seleccionado presenta "características facilitadoras de extroversión y socialización, tales como la facilidad de acceso y la posibilidad de explotación turística".

¿Qué significan esos geoglifos?

Hay una correlación directa entre esos hallazgos arqueológicos y el avance de la ganadería y la deforestación ambiental.

Ese hecho llamó la atención sobre la necesidad del gobierno de garantizar la preservación de aquellos visiblemente amenazados por la acción humana contemporánea, puntualiza Calippo.

"Por otro lado, su nominación busca no solo la valorización del carácter científico, sino también del aspecto afectivo, en especial para grupos indígenas, como también propietarios de tierra de la región".

Desde que los primeros geoglifos fueron identificados en la región amazónica, debates en la comunidad científica intentan comprender sus funciones.

"Inicialmente (...), se especuló que esas estructuras habrían sido construidas con propósito ceremonial, o como una especie de ofrenda a los dioses ", afirma Trinidad.

Con el avance de los estudios, otras hipótesis pasaron a ser consideradas.

"Hay relaciones posibles entre esas estructuras y funciones más utilitarias, como el uso defensivo o el manejo de recursos hídricos", completa Calippo.

Los investigadores preguntaron también a las poblaciones de comunidades locales. Las diferentes versiones de su función van desde que las zanjas habrían sido construidas como trincheras para batallas de la Revolución Acreana, ocurrida entre 1899 y 1903 - lo cual no coincide con las fechas científicas - hasta que serían corrales para tortugas.

"Mientras tanto, algunos integrantes de la etnia Huni Kuin que visitaron el sitio en 2016 lo describieron como un" tatuaje en la tierra ", estrechando la idea de que esas estructuras están de alguna forma relacionadas con aspectos de identidad ancestral", recuerda Trinidad.

Por sus características - dimensiones, formas y materiales encontrados en los sitios -, hay investigadores que también sugieren una relación entre los geoglifos del Acre y las aldeas fortificadas encontradas en el Alto Xingu.

"Son grandes aldeas organizadas de manera que se comuniquen a través de caminos a otras aldeas o áreas de interés en el paisaje, como ríos", explica Calippo.

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