Si eres fan de las series de TV médicas, la escena te resultará muy familiar: un sonido agudo proveniente de la sala de internaciones alerta a los médicos de guardia que la vida de uno de sus pacientes pende de un hilo.

Médicos y enfermeros acuden a toda prisa para asistir al paciente que ha sufrido un paro cardiorrespiratorio repentino y, tras iniciar las consabidas maniobras de resucitación cardiopulmonar, el corazón del paciente vuelve a latir con normalidad y su vida queda, felizmente, fuera de peligro.

Sin embargo, estas compresiones torácicas acompañadas por shocks eléctricos en el pecho y seguidas por una posterior intubación, destinadas a restablecer el flujo de oxígeno en los pulmones, y evitar así el daño en el cerebro y otros órganos, no suelen generar los promisorios resultados que vemos en la ficción.

"El éxito de los resultados muestran que solo entre el 20% y el 24% a los que se les hace RCP dentro del hospital salen con vida, y de esos pacientes solo uno o dos salen sin lesiones neurológicas graves", le explica a BBC Mundo Fritz Eduardo Gempeler Rueda, anestesiólogo y coordinador del Servicio de Ética Clínica del Hospital Universitario de San Ignacio, en Bogotá, Colombia.

"Fuera del hospital, la posibilidad de sobrevivencia es del 6% al 7%, y la mayoría que presenta un paro cardíaco fuera del hospital y sobrevive, queda con lesiones neurológicas importantes", añade.

Desde Madrid, España, el cardiólogo del Hospital Universitario de Torrejón Juan Ruiz-García le dice a BBC Mundo que no hay que perder de vista que se trata de una intervención que salva vidas.

"Es la única maniobra que tenemos ante un paciente parado, sin pulso, para restablecer la circulación", explica en referencia a una situación, por ejemplo, en la que una persona joven tiene una parada súbita.

Pero problema, dice, es cuando se ejecuta "en el contexto de una enfermedad grave (oncológica, cardiovascular o pulmonar avanzada), en un paciente con un pronóstico vital de meses o pocos años".

"Si la gente supiera cuál es el pronóstico, seguramente sus deseos de querer que se le haga una RCP cambiarían, como ya lo ha demostrado un estudio", explica.

"En casos de personas que tienen condiciones de largo plazo o que simplemente están al final de su vida, no hay ninguna cantidad de compresiones torácicas o shocks eléctricos que puedan ayudarla", le dice a BBC Mundo Mark Taubert, profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Cardiff, en Reino Unido, y experto en cuidados paliativos.

"Es un momento muy desagradable cuando se le administra RCP a un cuerpo que está muriendo plácidamente, y es incluso peor cuando los familiares o amigos de esa persona te preguntan después: '¿Por qué lo/la hiciste pasar por ese momento indigno en vez de dejarnos permanecer junto a ella/él para decirle adiós?'", agrega Taubert.

Si todo apunta a que las probabilidades de éxito son tan bajas y los efectos colaterales tan severos ¿por qué entonces sigue siendo, en la mayor parte del mundo, un tratamiento que se administra casi de forma generalizada frente a un paro cardíaco?

Secuelas

La RCP, como la conocemos hoy día, fue descrita por el anestesiólogo austríaco Peter Safar a comienzos de los años 60, para tratar los paros cardíacos durante una cirugía.

"En esos casos, donde los médicos miran los signos vitales en un monitor continuamente, cuando se detecta un paro, se inicia la maniobra casi antes de que empiece. Allí generalmente se conoce la causa que dio lugar al paro y se corrige inmediatamente. Entonces, la sobrevida puede ser de entre un 60% y 70%. Es decir, muy buena", dice Gempeler Rueda.

Tal fue el éxito del procedimiento empleado por Safar, que su uso se fue lógicamente expandiendo fuera de su contexto inicial.

La razón por la que se sigue aplicando en la actualidad en circunstancias donde resulta fútil es que son pocas las personas a nivel global que han firmado una orden de no resucitar o una voluntad anticipada, y esto, coinciden numerosos expertos, se debe a la visión distorsionada que el público en general, así como también muchos profesionales de la salud, tienen en relación a este procedimiento.

Esta distorsión proviene en parte porque el conocimiento de la RCP que tiene la gran mayoría viene de las series y películas que muestran, en el caso de EE.UU., por ejemplo, una tasa de supervivencia del 75%, según reveló un estudio de 2014.

Pocos saben además, el daño que ocasiona.

"La RCP es rápida, dura, traumática. Un instructor le dijo una vez a un colega: 'Si no rompes costillas con tus compresiones, entonces no lo estás haciendo lo suficientemente fuerte'", dice Taubert.

"Algunos sobrevivirán, pero con daño en su cerebro, pulmones, pecho, con sangrado interno y dolor", agrega.

Las secuelas no son solo físicas.

"La rotura de costillas es dolorosa, pero cualquiera aceptaría ese precio", explica Ruiz-García. "El mayor riesgo son las secuelas neurológicas", agrega en referencia a las lesiones que se producen por los valiosos minutos que transcurren desde que el cerebro queda sin oxígeno desde el instante en que se produce el paro hasta que se inician las maniobras.

"Puedes lograr reanimar el corazón pero luego el cerebro puede quedar funcionando a medio gas o ya no funciona y el paciente quede en un estado comatoso de por vida", añade.

El grado de deterioro varía, pero la gran mayoría de los pacientes no regresa a su estado previo.

"Los pacientes pueden sobrevivir pero con daño cerebral. Esto puede ir desde un daño menor con efectos funcionales triviales como volverse olvidadizo, a daños moderados con efectos funcionales serios como un cambio en la personalidad y el requerimiento de ayuda para realizar actividades diarias, o daños severos con deterioro funcional catastrófico que eventualmente conduce a la muerte", explica en un artículo de The Conversation Barbara Jean Hayes, de la Universidad de Melbourne y Joseph Ibrahim de la Universidad Monash, en Australia.

Por ello muchos médicos creen que las RCP acaba aumentando el sufrimiento del paciente (y su familia), al prolongar el proceso de muerte.

Un tema difícil de abordar

La falta de educación al respecto también se debe a que es un tema delicado que muchos, tanto médicos como pacientes, temen abordar.

"No se facilitan las conversaciones sobre la fase final de la vida, no se le invierte tiempo. Cuesta hablar de la muerte, es algo que no estuvo de moda sino hasta hace poco y muchas veces no se habla por falta de preparación sanitaria para establecer esta conversación", sostiene Ruiz-García.

"En la universidad, a los médicos nos enseñan a aumentar la supervivencia, a mejorar síntomas, la investigación va hacia eso, a prolongar la vida, pero llega un momento en que no es posible", dice.

El debate médico además, estuvo por mucho tiempo centrado más en la técnica, que en el trasfondo ético.

Por otro lado, ante la duda y ante la falta de una orden de no resucitación, muchos profesionales de la salud optan por resucitar, como opción más segura.

"Si un paramédico llega a una casa tras recibir una llamada de emergencia, la mayoría de las veces asumirá que se necesita RCP. En las emergencias, no hay tiempo para hacer suposiciones, o se da RCP (rápidamente) o no", explica Taubert.

A diferencia de EE.UU. u otros países, "en Reino Unido, los médicos pueden decidir no hacer la maniobra, pero deben poder justificar esa decisión si sus organismos reguladores la cuestionan".

"Muchas personas deciden que optar en favor de hacer RCP es el enfoque más seguro", señala.

"Hasta ahora no se ha demandado a nadie por administrar resucitación cardiopulmonar a alguien que quizás no la hubiese deseado, pero muchos han sido castigados cuando decidieron no hacerla", agrega.

Cambios

¿Cómo cambiar esta situación? Los expertos consultados por BBC Mundo coinciden en que la clave está en educar a la población para que pueda tomar una decisión informada mucho antes de que una RCP sea necesaria.

"En un estudio, se les peguntó a pacientes mayores de 60 años en un hospicio si querían recibir RCP. Cerca del 60% quiso. Tras una conferencia en la que les explicaron su efectividad real y cómo se hacia, que era necesario intubar, y que la sobrevida era de cerca del 20%, cuando les volvieron a preguntar, la aceptación de la RCP disminuyó al 20%", explica Gempeler Rueda.

Para Taubert, llegar a un entendimiento con ayuda del médico es la base.

"Hablar con los profesionales de la salud, que pueden compartir su punto de vista sobre la RCP y llegar un entendimiento compartido puede ayudar", dice, en relación a premisa de firmar una orden de no resucitar.

También ayudaría a despejar dudas sobre qué implica realmente: la orden se refiere específicamente al masaje cardíaco y no a otro tipo de intervenciones para salvar la vida de un paciente, como pueden ser la inyección de fluidos intravenosos si alguien está extremadamente deshidratado, o la transfusión de varios litros de sangre para alguien que presenta anemia severa.

"Suelo decirles a mis pacientes y a sus parientes designados que pensar en estos problemas no hace que sucedan más rápido".

Al final, "se parece un poco a escribir un testamento, puede que en principio no sea lo más agradable de hacer, pero una vez que la gente ha dejado en claro sus deseos y llenado su propia orden de no resucitar, o que le han pedido a su médico de confianza que la complete por ellos, es como si se hubieran sacado un peso de encima", dice el experto en cuidados paliativos.

"Como me dijo una vez una persona: 'Hazme todos los tratamientos que quieras, pero por favor no ese último acto indigno y feroz, que rara vez funciona para personas en mi situación".

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