Solo un día después de haber sido instalado en una de las grandes habitaciones del Palacio de Blenheim, el inodoro de oro macizo creado por el artista Maurizio Cattelan fue robado.

Más de dos meses después, la policía aparentemente no está cerca de capturar a los ladrones, cuyo acto es descrito como algo parecido a una "película de atracos".

El reconocido detective de arte Charley Hill explica las complejidades de resolver tales crímenes.

Casos de éxito

Hill sabe de lo que está hablando, él mismo ayudó a resolver uno de los crímenes de arte de más alto perfil del siglo XX: el robo en 1994 de la versión de 1893 de El Grito de Edvard Munch, en un museo de Oslo.

Las autoridades noruegas pidieron la ayuda de Hill, de sus empleados y de la Policía Metropolitana para encontrar la pintura que fue robada con vergonzosa facilidad.

Haciéndose pasar por un "comerciante de arte un poco dudoso, con acento impostado", el detective encubierto logró ponerse en contacto con los criminales responsables del robo de la pintura.

Antes de reunirse con los criminales, Hill hizo su tarea. En la versión que robaron, el artista había soplado una vela frente a su obra, por lo que pequeñas gotas de cera cayeron sobre el lienzo.

"Me propuse memorizar exactamente cómo se veían esas gotas de cera de la vela", explica Hill.

Después de convencer a los ladrones de que estaba dispuesto a comprar la pintura, lo llevaron a una casa de verano donde la obra de arte estaba almacenada en un sótano. "Sabía que la imagen era la correcta porque revisé la cera".

Buena reputación

Antes de su participación en la recuperación de El Grito en mayo de 1994, el caso más exitoso de Hill fue la investigación que lideró en 1993 para recuperar las pinturas de Vermeer y Goya que habían sido robadas siete años antes en Russborough House, Irlanda.

Su "ojo" para tales casos lo llevó a dirigir su propio escuadrón de robo de arte en el Met.

"Miro las cosas y puedo ver si son reales, irreales, viejas o nuevas. Puedo hacer cosas así", dice.

Hill dejó la policía en 1997, pero gracias a la reputación global que se ha ganado nunca le faltan clientes.

Usualmente las víctimas se ponen en contacto con Hill y luego él decide si quiere tomar el caso o no.

No más identidades falsas

Sus días de crear identidades falsas han terminado y ya no realiza operaciones encubiertas. Ahora la táctica de Hill es simple: "Hablar con la gente".

"Es la única forma, de manera efectiva descubrirás qué está pasando, quién ha hecho qué y, en mi caso, dónde están las cosas". .

Hill dice que no "negocia rescates" y que confía en su reputación "muy útil" para recuperar los tesoros robados.

Hablar con aquellos "que tienen acceso" pero que están "generalmente bastante lejos de los ladrones" es una táctica importante.

Hill considera que quienes brindan información para completar el rompecabezas pueden incluir soplones, expertos y, en algunos casos, criminales condenados.

"Como la criminal condenada con la que hablé hace un par de noches... ella sabía de mí y estaba interesada en conocerme y hablar conmigo", dice Hill.

Tras la huella del arte

El detective dice que ama el arte, una pasión que desarrolló desde niño en los EE.UU. donde pasó sus años de estudio.

Si bien acepta que hay una "visión romántica del robo de arte", en realidad lo considera un crimen "deprimente".

"Creo que estas son obras de creación de seres humanos que estos objetos inanimados tienen vida propia... vale la pena preservarlos, protegerlos y conservarlos para nosotros y las generaciones futuras".

Desde que se convirtió en freelance, afirma que su perspectiva ha cambiado un poco.

"No tengo ningún interés en arrestar a las personas, sin embargo, con este tipo de crimen lo que quieres es recuperar las cosas y que estén frente a un tribunal no tiene sentido, en realidad con eso no se recupera lo robado", asegura.

"Investigo mucho, pero mi herramienta principal en mi mochila es mi capacidad para hablar con la gente, volver más tarde y hablar con ellos de nuevo".

En el proceso de obtener la información que necesita para resolver un caso de robo de arte, Hill dice que a veces se hace de la vista gorda cuando le cuentan cosas sobre las que no puede hacer nada.

Hil admite que algunos ven su trabajo como una intromisión o incluso algo que es "escandaloso y no se debe hacer".

"Nunca infrinjo la ley, pero sí [molesto] a la policía", agrega.

"No diría que soy un pillo porque no soy deshonesto. No lo estoy haciendo por algún beneficio ideológico o comercial".

Caso sin resolver

Entonces, ¿qué cree que le ha pasado al inodoro de oro?

Un mes antes de que fuera robado, Edward Spencer-Churchill, medio hermano del duque de Marlborough, dijo que la obra de arte "no sería fácil de robar". Los ladrones pensaban de manera diferente.

Hill, que vive en Richmond, en el sudoeste de Londres, no cree que el retrete haya sido robado para ser usado por un cliente rico y duda si la pieza siga existiendo.

Debido a que era una obra de arte "sin sentido" para los ladrones, su opinión es que una mafia de delincuentes de bajo nivel lo habrá destruido.

"Todo lo que saben es que está hecho de oro y que se puede cortar, derretir y obtener el oro", dice.

Es poco probable que el dueño del inodoro de oro llame a Hill para resolver este crimen, pero a él no le falta trabajo.

Dice que está cerca de resolver el robo de 13 obras de arte del Museo Isabella Stewart Gardner en Boston en 1990, un caso en el que ha estado trabajando durante más de 25 años.

El museo ofrece una recompensa de US$10.000 por información que conduzca directamente a la recuperación de las 13 obras en buenas condiciones, pero para Hill, quien dice que en estos días solo pide que sus clientes cubran sus gastos, recuperar las obras de arte no se trata del dinero.

"Me encanta el arte y sé que lo importante es recuperar las cosas", dice.

"Alguien tiene que hacerlo; ¿quién más va a recuperar estas cosas si no lo intento?".


 

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