Hay recetas que nunca estuvieron escritas. Se aprendieron mirando, probando y escuchando a una abuela decir cuánto ajo, comino u orégano había que agregar.
También existen voces que quedan grabadas en la memoria, pero que con los años pueden comenzar a desaparecer.
Eso fue lo que ocurrió con José Miguel, conocido como “Cote”, quien hace diez años perdió a su abuela Ofelia. Con su partida también quedó atrás una serie de recuerdos que hoy reconoce que habría querido conservar.
Nunca grabó su voz. Tampoco logró guardar el libro de recetas familiares, que terminó perdiéndose durante el terremoto.
Ese vacío fue el origen de Las Welis, una iniciativa que busca evitar que otras familias tengan que experimentar la misma sensación.
Inmortalizar los relatos de las abuelas
Cote decidió convertir aquella experiencia en una invitación para otros nietos: registrar a sus abuelas mientras todavía pueden contar sus historias, cocinar sus preparaciones y compartir esos pequeños secretos que hacen que una receta sea irrepetible.
Para hacerlo, trabaja junto a su primo, quien está a cargo de la cámara. Los nietos contactan al proyecto y coordinan las visitas a las casas de sus abuelas.
Hasta ahora, Las Welis ha visitado a ocho abuelas en tres regiones de Chile.
La primera fue Luz Montiel, quien les enseñó a preparar churrascas. Desde entonces, el proyecto ha ido sumando nuevas historias y preparaciones, incluyendo recetas tradicionales como la tortilla de rescoldo.
Pero la cámara no apunta únicamente al plato.
También registra las manos que cocinan, las expresiones, los dichos, las historias y la manera particular en que cada abuela explica aquello que aprendió durante décadas.
Porque precisamente ahí está la parte que no aparece en una receta escrita.
Más que recetas: el llamado a guardar la voz y recuerdos de las abuelas
Para muchos nietos, perder a una abuela también significa perder una parte de su cocina.
Hay preparaciones que pueden volver a hacerse, pero cuyo sabor parece distinto cuando falta la persona que las preparaba. Humitas, pantrucas o porotos con mote pueden seguir presentes en una mesa, pero ya no necesariamente evocan el mismo recuerdo.
Ese es uno de los motivos que impulsa a Cote a insistir en la importancia de registrar a las personas mientras están presentes. “Incentivo o inspiro a más nietos a grabar a su abuela. No necesariamente cocinando, sino también contando su historia, mostrando su jardín, tomarle fotos, grabarlas, grabar su voz”, explica.
El mensaje no se limita a quienes tienen una receta familiar que rescatar. También apunta a algo mucho más cotidiano: guardar una voz, una conversación, una fotografía o una historia que algún día puede convertirse en un tesoro familiar.
La propuesta ha comenzado a despertar interés en distintas familias. De acuerdo con los antecedentes entregados por el proyecto, más de 100 nietos y nietas han mostrado interés en postular a sus abuelas.
El problema es que recorrer Chile tiene un costo. Las Welis busca actualmente auspicios para financiar traslados y logística, con la idea de ampliar el recorrido y llegar a más regiones del país.
La meta es convertir las historias particulares de estas mujeres en un registro mucho más amplio de la memoria culinaria chilena. Porque detrás de cada receta hay algo que no se puede medir en gramos ni cucharadas: una historia familiar.