Fernando Magrin, ejecutivo de American Airlines, drag-queen y figura del carnaval de Sao Paulo, sostiene que a pesar de la ola de intolerancia que afloró en Brasil con Jair Bolsonaro, la lucha por la inclusión gana espacio en el mundo corporativo.

Alto, atractivo y de ojos muy azules, Magrin, de 55 años, viste un mar de rosa cuando da vida a la "Mama", personaje que nació en 2016 cuando lideró el 'bloco' callejero "MinhoQueens", una fiesta carnavalesca en el centro de la ciudad, que el año pasado reunió a más de 200.000 personas.

El nombre de esa murga es un juego de palabras entre la ruta por la cual circula el 'bloco' (Minhocão) y la palabra "reinas" en inglés. "Somos las reinas del Minhocão", dice Magrin a la AFP mientras se maquilla, también con rosa estridente, en su apartamento en el centro de Sao Paulo.

La popularidad de "MinhoQueens" le dio visibilidad también dentro de American Airlines, donde trabaja desde hace 24 años. Así su alter ego dejó de ser solo fiesta y se convirtió en un ícono a favor de la inclusión y la diversidad en el ámbito empresarial de la capital económica de América Latina.

"Las empresas brasileñas no entraron en la ola conservadora", asegura este ejecutivo de ventas de la aerolínea estadounidense.

"Brasil está hecho de contrastes. Seguimos siendo el país que más mata personas LGBT" y al mismo tiempo "creo que estamos viendo una apertura, principalmente en el mundo corporativo", dice Magrin, quien preside el recién creado Comité de Diversidad de su empresa y es portavoz en varias mesas de debate sobre el tema.

"Desde el punto de vista internacional, es lo que pide el mundo, y estamos más globalizados. Estoy hablando de las grandes corporaciones, porque en pequeñas empresas la realidad puede ser diferente", admite.

Aun así, "algo está cambiando, puede ser por mero interés publicitario, pero el resultado es positivo porque comienza a haber una aceptación", agrega, mientras cada pincelada para dar vida a la Mama ocultan las facciones de Magrin.

Miedo

Sao Paulo es escenario de la mayor parada del orgullo LGBT del mundo y el movimiento, que se cohesionó en los años 70 en plena dictadura (1964-1985), consiguió conquistas como el matrimonio y el cambio de sexo y de nombre.

Pero alertas se encendieron tras la elección de Bolsonaro, quien en 2011, como diputado, afirmó en una entrevista: "prefiero que un hijo mío muera en un accidente a que aparezca con un bigotudo por ahí". El mandatario y su gabinete han impulsado una ola conservadora que se expande cuestionando expresiones artísticas, clásicos de la literatura nacional y hasta el carnaval.

"Hubo un miedo generalizado al comienzo del año pasado, pero vimos que daba para [continuar la lucha]. Hay censura de varias cosas pero continuamos firmes y fuertes", asevera Magrin.

El ejecutivo dice que en el último año fue invitado a un mayor número de eventos por la diversidad, lo que interpreta como "señal" de que la ola conservadora del gobierno Bolsonaro no impactó al mundo empresarial puertas adentro.

Discriminación presente

Magrin considera la suya "una historia de final feliz", debido a su buena relación familiar y su ambiente de trabajo inclusivo. Pero "no es la historia de todo el mundo", admite.

"Diversidad es dar una fiesta e invitar a todo el mundo, la fiesta es diversa. La inclusión es invitar a una persona para bailar, en eso creo que el mundo corporativo aún peca", dice Magrin.

"En algunos mercados más conservadores aún es difícil encontrar una persona transexual" y en las calles, la situación es de mayor vulnerabilidad, agrega. 

"Un hombre más femenino, una lesbiana más masculina, son atacados. Quienes están en la calle son quienes más importan en la lucha, porque son los que se están llevando los golpes para que todos tengamos derecho de estar en la calle", señala.

En su pequeña oficina, en un barrio noble de la ciudad, Magrin cuenta que el nombre de "Mama" surgió de una película, pero también debido a la diferencia de edad entre él y los jóvenes en los blocos. "Soy como una madre", dice riendo. 

En una de sus primeras fiestas de calle, previas al carnaval, cientos de jóvenes acudieron a la cita a pesar de la lluvia. Uno de ellos, Lucas Soares, de 23 años, conversó con la Mama. "Es excelente cuando ves que las personas con un cargo más alto están en la misma línea que uno. Ella [la Mama] vino a hablar conmigo y me sentí en mi hogar", afirma.

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