Kendrick Lamar como estrella omnipresente. Incluso antes de que comenzara el show televisivo de la sexagésima edición del Grammy, el rapero de Compton ya había ganado tres premios. Gracias a "DAMN." (2017), su alabado último disco de estudio, consiguió el premio a Mejor Interpretación de Rap, Mejor Video Musical y Mejor Canción de Rap por "HUMBLE.". Y ese inicio solo fue el prólogo de una noche donde al fin la Academia de la Grabación hizo su parte para encumbrarlo ante los ojos de la industria como uno de los artistas más relevantes de la década.

La voz de "Alright" tuvo también la distinción del acto de apertura de la ceremonia. Banderas de Estados Unidos, bailarines vestidos de militares y una sátira sobre el difícil momento racial y social que vive su país fue la premisa de un espectáculo en el que interpretó seis temas, una en colaboración con Bono y The Edge de U2 y dos intermedios del comediante Dave Chappelle —"Lo único más chocante que ver a un negro siendo honesto en Estados Unidos es ser un negro honesto en Estados Unidos", dijo el guionista y productor—.

Continuando con la premiación, el rapero que ha interpretado como ninguno la violencia policial que viven los afroamericanos en territorio estadounidense volvió al escenario a recibir los premios a Mejor Colaboración de Rap/Cantada y Mejor Álbum de Rap, batiendo a otros ilustres como Jay-Z con Beyoncé, Migos o Tyler, The Creator en las distintas categorías.

Lamentablemente para sus pretensiones, y aunque monopolizó los listados del género rap, su récord quedó en cinco galardones. De ahí hacia adelante, Bruno Mars fue el hombre que dominó las categorías globales.

De hecho, hizo lo que se pensaba imposible: quitarle no uno, sino dos reconocimientos a "Despacito". El artista hawaiano recibió el premio a Canción del Año por "That's what I like" y Grabación del Año por "24K Magic", de su último trabajo del mismo nombre, dejando al margen de los festejos a Luis Fonsi y Daddy Yankee que volvieron a interpretar en vivo juntos su histórico hit.

Y no solo eso. También batió a Kendrick Lamar, a Jay-Z, a Lorde y a Childish Gambino para quedarse con el Grammy a Álbum del Año por "24K Magic", sumando seis gramófonos durante la noche de domingo, acrecentando su palmarés a 11 galardones de la Academia de Grabación.

Dentro de las otras categorías importantes, la canadiense Alessia Cara consiguió su primer Grammy como Artista Revelación, superando a créditos promisorios del rap y del R&B como SZA, Lil Uzi Vert y Khalid; Ed Sheeran, el gran olvidado de esta edición, se quedó con el Mejor Álbum de Pop Vocal y Mejor Interpretación de Pop en Solitario.

"From a room: Volume 1" de Chris Stapleton se alzó como Mejor Álbum de Música Country, una de las distinciones más significativas dentro de la industria estadounidense; y Leonard Cohen fue condecorado con un galardón póstumo a Mejor Interpretación de Rock.

Rosas blancas contra los abusos hacia las mujeres

En una iniciativa confirmada hace días, cantantes, compositores y productores se unieron al movimiento "Se acabó el tiempo (o Time's up)", en contra de los abusos hacia las mujeres en la industria del espectáculo hollywoodense. Y si los actores, las actrices y directores llegaron de negro a los Globos de Oro, en los Grammy cambiaron el luto por la esperanza.

Artistas como Lady Gaga, Cyndi Lauper, Camila Cabello, Sam Smith o el presentador James Corden caminaron por la alfombra roja con una rosa blanca, ya fuese acomodada en la solapa o en sus manos, o simplemente con el emblema de la protesta que, de hecho, no se quedó solo en lo estético.

En un poderoso discurso, la cantante y actriz Janelle Monáe afirmó que "Se acabó el tiempo para la discriminación. Se acabó el tiempo para el acoso de cualquier tipo. Se acabó el tiempo para el abuso de poder".

Acto seguido, Kesha comandó una comparsa de mujeres que interpretaron el tema "Praying", relato de la artista en primera persona sobre las agresiones sexuales que sufrió de parte de su productor Dr. Luke y que la tiene en una desgastante batalla legal que ya supera los 3 años.

Un mensaje poderoso y más relevante incluso que cualquier premio o gramófono dorado.

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