Su origen puede ser una picadura del "insecto del beso” en la Bolivia rural. Suele picar en la cara por la noche, pero lo realmente grave son los excrementos que el animal deja después de morder. Cuando la víctima se rasca, el parásito se extiende por todo el cuerpo transmitiendo el mal de Chagas.

En la mayoría de los casos, esta infección pasa desapercibida. "Alrededor del 90 por ciento de los infectados no muestran síntomas", explica el doctor Jaime Altcheh, especialista del departamento de parasitología y enfermedad de Chagas de un hospital infantil de Buenos Aires. Los síntomas pueden aparecer 20 o 30 años después de la picadura como problemas de corazón o trastornos digestivos. Pero entonces ya es muy tarde para tratarla y puede  haberse transmitido involuntariamente a los hijos o por donación de sangre.

Bolivia: problema de salud nacional

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), Argentina tiene el mayor número de casos, con cerca de 1,5 millones de personas infectadas. Pero Bolivia es la que tiene el mayor número de casos en relación con su población. "Considerando la enfermedad como un problema de salud pública a nivel nacional, Bolivia ocupa el primer lugar", dice María Jesús Pinazo, médico del Instituto de Salud Global de Barcelona, que pasó ​​cuatro años luchando contra el mal de Chagas en Bolivia.

Parte del trabajo de su equipo era educar a la gente sobre la enfermedad y evitar la estigmatización. "Hay muchas connotaciones negativas en la población", explica, "y algunos profesionales se aferran también a ideas anticuadas de que la enfermedad no puede ser tratada".

En cuanto al tratamiento efectivo, Jaime Altcheh explica que hay varios factores que lo dificultan. "El sistema de salud no llega a la gente pobre y los médicos no saben lo suficiente como para diagnosticarla y tratarla adecuadamente. Algunos pacientes ni siquiera solicitan tratamiento. A menudo son personas que emigraron de zonas rurales pobres y creen que no tienen derecho a exigir tratamiento", revela Altcheh.

De América Latina al mundo

La enfermedad de Chagas es endémica en 21 países de América Latina. Según la OMS, hay por lo menos seis millones de personas infectadas. Pero la enfermedad se ha extendido también a países donde el "insecto del beso" no existe. En Europa, la OMS estima que hay alrededor de 100.000 personas infectadas.

A finales de los 90 y principios de los años 2000, muchos latinoamericanos emigraron por primera vez a España y otros países europeos en busca de una vida mejor. Según el doctor suizo Yves Jackson, que escribió su tesis sobre el mal de Chagas, "el paciente típico sería una mujer de mediana edad procedente de la zona rural de Bolivia, que abandonó su país en busca de mejores posibilidades y terminó en Suiza como indocumentada a raíz de la crisis en España".

No trajeron el insecto, pero pudieron contagiar la enfermedad a través de donaciones de sangre o de madres a hijos. Y los médicos europeos no estaban preparados para esa llegada de personas en situación de riesgo, explica Jackson: "No había un sistema de detección ni políticas sanitarias al respecto”. Sin embargo, experto reconoce que la situación ha mejorado en los últimos años. "Varios países tratan de implementar estrategias para contrarrestarla. Se han identificado más casos y hay más conciencia de que esta  enfermedad avanza por Europa Occidental", explica.

Una enfermedad olvidada

Para la doctora Pinazo, el mal de Chagas es una enfermedad descuidada por muchas razones. "Hay pocos recursos para diagnosticarla. Los medicamentos para tratarla se remiten a la década  de los 70 y tienen efectos secundarios considerables", explica.

También Yves Jackson coincide en esta afirmación, reconociendo  que no sabe de otra enfermedad con tan pocas opciones de tratamiento. Pero también cree que el problema va más allá de la medicina. "Es una enfermedad muy política", aclara. "En Estados Unidos se estima que hay casi medio millón de personas infectadas, pero apenas hay programas para tratarla porque los infectados son inmigrantes indocumentados y no hay incentivos para desarrollar herramientas contra esta enfermedad".

"En Europa, la situación es parecida porque los afectados están al margen del sistema de salud", continúa. A pesar de algunos esfuerzos para abordar el problema, ni los políticos ni las farmacéuticas se preocupan lo suficiente para lograr el cambio, opina también Altcheh.  "Hasta que los pacientes no comiencen seriamente a pedir ayuda", continúa, "el mal de Chagas nunca será una prioridad".

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