"Hecho en Marruecos", dice la etiqueta en el vestido rosa de Zara.

Y aunque quizás fue allí donde todas las partes se cosen juntas para hacer la prenda final, antes de eso ya han pasado por otros países.

De hecho, es bastante posible que esta pieza de ropa haya viajado más que tú (y que nosotros). Si fuera una persona, definitivamente habría viajado lo suficiente como para ganarse unas cuantas millas aéreas.

El material utilizado para crearla provino del lyocell, una alternativa sostenible al algodón.

Los árboles utilizados para hacer esta fibra están sobre todo de Europa, según Lenzing, un proveedor austriaco que utiliza la empresa matriz de Zara, Inditex.

Las fibras fueron transportadas hasta Egipto, donde se transformaron en hilo. Luego, los hilos se enviaron a China, donde se fabricó la tela.

Esta tela se envió luego a España, donde se tiñó, en este caso de rosa. Y después fue transportada a Marruecos, para ser convertida en distintas partes del vestido que luego se cosieron para hacer la prenda final.

Tras esto, el vestido fue enviado luego a España, donde fue empaquetado y enviado de nuevo a Reino Unido, Estados Unidos o alguno de los 93 países donde tiene tiendas Inditex.

Desde vestidos a camisetas y pantalones, la mayor parte de las prendas de ropa que se venden en todo el mundo pasan por viajes con una complejidad similar.

De hecho, probablemente son aun más complicados.

La mayor parte de las prendas de Inditex son producidas cerca de su sede en España, o en países cercanos como Portugal, Marruecos y Turquía.

Esto es lo que ayuda a la empresa a obtener su conocida rápida capacidad de reacción a las nuevas tendencias.

La mayor parte de cadenas de suministro de sus competidores son mucho menos locales.

Independientemente de donde estén localizadas, la mayor parte de las fábricas no son propiedad de las marcas de ropa que las utilizan.

En su lugar, son seleccionadas como proveedores oficiales.

Con frecuencia, estos proveedores subcontratan el trabajo a otras fábricas para determinadas tareas, o para poder cumplir unos ajustados plazos.

Este sistema puede hacer que sea difícil averiguar los orígenes específicos de un producto.

La BBC contactó a varias marcas de ropa, incluidas H&M, Marks and Spencer, Gap y Arcadia Group la pasada semana para obtener un ejemplo de muestra del viaje que hace una camiseta de su área de básicos desde la semilla al producto final.

Solo Inditex pudo responder a tiempo para llegar a la fecha límite para este artículo.

"Imagino que las empresas no quieren responder porque no tienen ni idea de cuál es la procedencia de los materiales que compran", asegura Tim Hunt, investigador de Ethical Consumer, una organización que investiga el comportamiento social, ético y medioambiental de las empresas.

Estas dificultades quedaron de manifiesto de una forma devastadora por el desastre del edificio Ranza Plaza ocurrido en 2013 en Bangladesh, en el que murieron más de 1.100 personas y 2.500 resultaron heridas cuando se desmoronó una fábrica de ropa.

En algunos casos, las marcas ni siquiera sabían que sus ropas estaban siendo producidas allí.

Según el informe "Behind the Barcode" ("Tras el código de barras") de las organizaciones Christian Aid y Baptist World Aid Australia, solo un 16% de las 87 mayores marcas de moda publican una lista completa de las fábricas donde se cosen sus prendas, y menos de un quinto de las marcas saben de dónde vienen sus cremalleras, botones, hilos y telas.

El grupo sin ánimo de lucro Fashion Revolution, creado tras el colapso de la fábrica de Rana Plaza, está liderando una campaña para intentar forzar a las empresas a ser más transparentes sobre sus cadenas de suministro.

Cada año, cuando se acerca el aniversario del desastre, lleva a cabo una campaña en redes sociales que anima a los consumidores a presionar a las marcas sobre este tema.

La cofundadora y directora creativa de Fashion Revolution, Orsola de Castro, dice que las exigencias deproducción masiva de la industria de la moda y los plazos ajustados requeridos para que los productos lleguen desde las pasarelas a las tiendas cuanto antes posible implican que los procesos de fabricación se han convertido en "muy, muy caóticos".

"La cantidad de mano de obra que se necesita para producir una camiseta, incluso en el nivel de cosido... pasa por tantas manos diferentes. En sus productos estándar muchas marcas no conocen el itinerario de la semilla a la tienda", explica.

Mientras las marcas de moda más nuevas y pequeñas están creando productos que se pueden seguir al 100% en su recorrido, de Castro dice que es mucho más difícil para los gigantes ya establecidos.

"Es un tema muy difícil y complejo para darle la vuelta, y requeriría un cambio enorme en las actitudes".

Sin embargo, poco más de hace una década, Pietra Rivoli no tuvo problemas para trazar el viaje de una camiseta de algodón de US$6 recogida en un cesto de rebajas de Walmart en Florida, Estados Unidos.

Empezando con la etiqueta en la parte trasera de la camiseta, trazó el itinerario desde Estados Unidos "paso a paso en la cadena de suministro".

"Un proyecto de muchos pasos", es como la profesora Rivoli describe su viaje, que resultó en un libro, "The Travels of a T-shirt in the Global Economy" ("Los viajes de una camiseta en la economía global").

Como profesora de finanzas y negocio internacional en la universidad de Georgetown, en Washington, la profesora quiso investigar su hipótesis de que el libre comercio beneficia a todos los países.

Sus viajes la llevaron desde la región de plantaciones de algodón de Lubbock en Texas, Estados Unidos, hasta China, donde las distintas partes de la camiseta fueron cosidas en una sola pieza.

Finalmente terminó en Tanzania, en la costa este de África, que tiene un mercado de ropa de segunda mano boyante.

La importancia de la política

Su punto de partida era que las complicaciones de la cadena de suministro tienen su causa en los costes y las fuerzas de mercado.

Y concluyó que muchas de las decisiones de las marcas sobre dónde comprar sus suministros y hacer sus prendas están realmente basadas en la política.

La profesora cita los subsidios agrícolas de Estados Unidos a los productores de algodón y las políticas migratorias de China que incitan a los trabajadores a mudarse del campo a la ciudad como ejemplos.

"En lugar de una historia sobre cómo están compitiendo las personas, cómo hago una camiseta más rápido, una camiseta mejor, una camiseta más barata, lo que encontré fue que la historia de la camiseta y por qué su vida ha sido como es trata realmente de cómo la gente utiliza el poder político", afirma.

La corriente actual contraria al comercio global es un resultado directo de este tipo de interferencia política, opina ella. Y el malestar entre los consumidores podría terminar produciendo un cambio entre las marcas de moda, asegura Rivoli.

La profesora indica que muchas empresas ahora hacen listas de sus proveedores directos y dice que existe un movimiento hacia el desarrollo de relaciones con menos proveedores y a más largo plazo.

Publicidad