El animal más peligroso de África tiene 6 milímetros de tamaño: es el mosquito anopheles, transmisor de la malaria. En el mundo mueren cada año un millón de personas víctimas de esta enfermedad. Los enfermos sufren recurrentes ataques de fiebre, escalofríos y calambres. Los niños son especialmente vulnerables. Pero no todos, ya que a algunos sus genes les ofrecen mejor protección, como ha descubierto un equipo dirigido por Dominic Kwiatkowski, y financiado por el Instituto Wellcome-Trust-Sanger, de Cambridge, Gran Bretaña.

Los científicos analizaron el material genético de más de 11.000 niños en zonas endémicas de malaria en ocho países de África. Mientras la mitad sufrió gravemente de malaria, la otra mitad nunca sufrió altas fiebres que pusieran sus vidas en peligro. La conclusión: la severidad de la infección depende de un grupo de genes. "Las variaciones genéticas ofrecen buena protección contra la malaria severa, lo que hace la diferencia si un niño vive o muere", dice Kwiatkowski en la revista Nature.

Puerto para parásitos

Según los investigadores, el riesgo de desarrollar malaria severa está acoplado a la facilidad con que el parásito acceda a los glóbulos rojos, donde se multiplica. El lugar decisivo en el genoma está cerca de un grupo de genes que codifican una clase de proteínas llamadas glicoforinas. Estas proteínas forman el receptor al que se une el parásito de la malaria.

Para Kwiatkowski las glicoforinas son el “arquero” que trata detener la maquinaria de penetración con la que cuenta el parásito de la malaria. Si bien el gen encontrado no protege totalmente de una malaria grave, en términos estadísticos sí reduce el riesgo de contraer la enfermedad.

Co-evolución

Con esto, parece confirmado que el genotipo decide sobre quién puede adquirir el mal. En este caso, padece de malaria severa solo quien lleve ambos cromosomas, el del padre y la madre, con la variante genética de células falciformes propensas al tipo de anemia provocada por el anopheles. Las personas que heredaron la variante de uno solo de sus padres no contraen la infección o esta no tiene un desarrollo severo. Este es un resultado evolutivo positivo, más frecuente en zonas endémicas de malaria.

En el curso de la evolución, los humanos y los parásitos de la malaria se han adaptado los unos a los otros, explica el experto Ogobara Doumbo, de la Universidad de Bamako en Mali, y agrega que, después haber encontrado, muy posiblemente, una forma de resistencia a la malaria, “el siguiente paso será explorar cómo se pueden aplicar estos resultados en la salud pública".

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