Lo que fue la carrera espacial de la segunda mitad del siglo pasado para conquistar la Luna, ahora se convierte en una competencia científica y tecnológica internacional para descubrir los misterios y secretos del planeta rojo, ojalá en su propia superficie.

El mes de julio 2020 -de importancia simbólica por la emblemática fecha del 20 de julio de 1969, que conmemora la llegada del primer hombre a la Luna- se transformó en la oportunidad perfecta para que países como Emiratos Árabes, China  y Estados Unidos programaran sus respectivos lanzamientos de naves con rumbo a Marte.

El 19 de julio, Emiratos Arabes Unidos envió con éxito su primera sonda espacial con destino a Marte. Esta pequeña, pero ambiciosa maquinaria llamada Hope, despegó desde el centro espacial Tanegashima en Japón; pretende llegar a órbita durante febrero de 2021, después de un viaje de 500 millones de kilómetros.

Este proyecto se ha convertido en la primera misión interplanetaria realizada por un país árabe. En sólo seis años lograron lanzar al espacio la sonda que ahora se dirige al planeta vecino, en un logro importante, considerando que normalmente los países demoran hasta 12 años para salir adelante con proyectos de esta envergadura. 

Se espera que Hope estudie el clima de Marte, orbitando durante todo un año marciano (687 días terrestres). Para lograr esta misión, se utilizarán lentes integrados para capturar imágenes de la superficie del cuerpo celeste.

Tres días después de que Emiratos Árabes Unidos enviara con éxito la sonda Hope, China también se lanzó a la conquista del Planeta Rojo con su primer proyecto independiente: la misión Tianwen-1 (“preguntas en el cielo”).

El gigante asiático aumenta la apuesta de exploración espacial, puesto que su plan consta de tres objetivos: orbitar, descender y explorar la superficie marciana. Para ello, dispondrán de un orbitador que estudiará la superficie del planeta, como también de un rover que realizará la investigación en el suelo marciano.

El rover chino tiene media docena de instrumentos científicos, paneles solares y dos cámaras. Se prevé que explorará lugares de interés de la superficie del planeta rojo. Su objetivo es realizar investigaciones científicas sobre el suelo, la estructura geológica, el medio ambiente, la atmósfera y el agua del suelo marciano.

Por su parte, la NASA lanzó el 30 de julio de 2020 su misión más ambiciosa hasta la fecha: el rover “Perseverance”. Este explorador es el vehículo más grande, pesado y sofisticado que ha enviado Estados Unidos en una misión de estas características.  El proyecto tiene como misión buscar rastros de vida y recolectar muestras de roca y suelo para un posible regreso a la Tierra. 

Se espera que el rover “Perseverance” descienda en un lugar clave de Marte para encontrar vida a nivel microscópico: el cráter Jezero, un espacio de 45 kilómetros de diámetro. El vehículo explorador cuenta con 19 cámaras que podrían captar imágenes detalladas del suelo marciano, como nunca se han visto hasta ahora. 

La NASA espera que misiones futuras puedan recolectar las muestras que encuentre el explorador, para traerlas de vuelta a nuestro planeta. Se prevé que el “Perseverance” recorra el suelo del planeta rojo por lo menos durante un año marciano, unos 687 días terrestres. 

Actualmente, el programa de exploración espacial de la NASA tiene dos sondas que siguen  instaladas en la superficie de Marte: Curiosity e InSight. 

Un cuarto actor en esta carrera espacial rumbo a Marte es la alianza entre la Agencia Espacial Europea y la rusa Roscosmos, que queda en el camino, después de anunciar el  aplazamiento de su misión conjunta hasta 2022.

Los expertos del programa ruso-europeo ExoMars, que pretendían conocer más sobre rastros biológicos de vida bajo la superficie marciana, tendrán que esperar ahora dos años para aprovechar el momento adecuado que resulta de una mejor alineación entre la Tierra y el planeta vecino.

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