El Canal de Panamá fue abierto en 1914, y es considerado hasta hoy uno de los logros de la ingeniería moderna; la ruta de agua artificial une a los océanos Pacífico y Atlántico, disminuyendo el tiempo del traslado, y hoy, lleva el 6% del comercio mundial en sus aguas. En 2016 se abrió la ambiciosa ampliación del canal: esa obra fundamental estuvo al mando de una mujer, la ingeniera panameña Ilya Espino de Marotta, quien se ha transformado en una líder en un campo dominado por hombres.

Ilya partió estudiando Biología Marina, y luego decidió ampliar sus conocimientos obteniendo un título de Ingeniería Marítima. Poco tiempo después, comenzó a trabajar en uno de los talleres de reparación del Canal de Panamá. Lentamente fue pasando por diferentes departamentos de la institución, aprendiendo distintos aspectos del funcionamiento, hasta que llegó a formar parte del grupo que lideraba la ampliación del canal. Esta se había planeado  desde 2006, y contempló ampliar en un carril el canal, y con más capacidad para barcos de gran tamaño.

Ilya era ya una ingeniera destacada, tenía tres hijos, pero entonces su marido fue diagnosticado de cáncer; ella habló con sus jefes, y se ausentó por varios meses del trabajo para enfocarse en su familia. Una vez que volvió al trabajo en la Autoridad del Canal de Panamá, al poco tiempo se le abrió la posibilidad de ser ascendida, y quedarse a cargo de la ampliación; desde 2012 que es vicepresidenta ejecutiva de ingeniería y administración. Algunos dudaron si podría hacerlo, porque el puesto significa mandar en un mundo de casi puros hombres, contratistas, obreros, pero ella aceptó el desafío, acostumbrada por décadas a ser una de las pocas mujeres en su mundo laboral. Desde entonces que se ha convertido en una de las mujeres más aplaudidas de Panamá; no sólo lideró el descorche tras lograr la ampliación, además su trabajo incluye ver acuerdos comerciales y otro tipo de proyectos como puentes.

Ilya siempre ha destacado las fortalezas de lo femenino en un puesto tan masculino, y su sello es usar en la construcción un casco rosado,  con humor destacando lo orgullosa que está de ser una mujer líder. En 2014 fue elegida Mujer del año por la asociación de empresarios de Panamá, y fue elegida por Forbes como una de las mujeres más importantes de América Central.

Publicidad