Jacob Wetterling se encontraba manejando bicicleta junto a su hermano y a un amigo cuando un hombre enmascarado que portaba un arma de fuego lo secuestró en un camino rural cerca de su casa en St. Joseph, a unos 128 kilómetros al noroeste de Minneapolis, en el estado de Minnesota.

Era el 22 de octubre de 1989.

Nunca más se supo nada de este niño, que para entonces tenía 11 años de edad, y ninguna persona fue arrestada o enjuiciada por su secuestro, que derivó luego en un cambio en las leyes de registro de los delincuentes sexuales.

Este sábado, la oficina del Comisario del Condado de Stearns anunció que los restos del niño fueron encontrados y debidamente identificados por los médicos forenses.

La madre de Jacob, Patty Wetterling, envió un mensaje de texto a una emisora de televisión local en el que decía que el niño "fue encontrado y nuestros corazones están rotos".

Un funcionario de los cuerpos policiales informó a la agencia AP que una persona de interés en el caso de Jacob llevó a las autoridades a un campo en la zona central de Minnesota. El agente, que solicitó no ser identificado por tratarse de un caso aún en desarrollo, dijo que las autoridades encontraron los restos del niño y otras evidencias del caso.


Patty Wetterling (derecha) se convirtió en una activista del movimiento para la protección de la infancia tras el secuestro de Jacob.
 

El secuestro de Jacob marcó la infancia de muchos en la Minnesota rural y cambió la manera cómo los padres dejaban a sus hijos jugar libremente. También tuvo un impacto en las leyes de Estados Unidos.

Tras el suceso se inició una campaña para proteger a los niños, gracias a la cual en 1991 se creó una ley estatal en Minnesota para proveer a las autoridades de una lista completa de delincuentes sexuales en ese estado, algo de lo que carecían cuando el niño desapareció.

Luego, en 1994, el Congreso aprobó una ley que ordenaba a cada estado crear un registro de los depredadores sexuales.

Durante años el rostro de Jacob apareció en innumerables carteles y una vez al año se le pedía a los residentes de Minnesota que dejaran encendidas las luces de la entrada de sus hogares para pedir por el retorno a salvo del niño.


Colocando lazos blancos en los postes, los habitantes de St. Joseph recordaban la desaparición de Jacob.
 

Su madre siempre mantuvo la esperanza de que pudiera ser hallado con vida y se convirtió en una defensora de los derechos de los niños, fundando una organización que se dedica a ayudar a las familias y a las comunidades a luchar contra el abuso a los niños: el Centro de Recusos Jacob Wetterling.

Esa institución publicó este sábado en su página web una declaración en la que decían estar profundamente dolidos.

"No queríamos que la historia de Jacob acabara de esta manera. En este momento de dolor y shock, volvemos a los inicios. Los Wetterling tuvieron la elección de adentrarse en la amargura y el odio o caminar hacia una luz de lo que podría ser la luz de la esperanza. Su elección cambió el mundo", dijeron en el comunicado.

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