Tickets a punto de agotarse, las beliebers acampando desde hace días afuera del Estadio Nacional y una atmósfera de locura generalizada entre los fanáticos del artista. Justin Bieber regresaba a Chile como la figura musical juvenil más importante de la actualidad, pero bajo nuevos términos. Mientras sus seguidores se volvieron más intensos, el hombre que vendió más de tres millones de copias solo en Estados Unidos con su primer disco ("My world 2.0", lanzado en 2011) se influenció por productores como Skrillex o Diplo y alcanzó su madurez artística. Su tercera visita a nuestro país, luego de sus shows en 2011 y 2013, prometía otro golpe.

Y la obertura fue espectacular. 

Al sonido de "Mark my words", la canción que abre "Purpose" (2015) -placa que da nombre a su gira-, aparecieron los primeros láseres e imágenes proyectadas por todo el frente del escenario. Construcción que incluía una pasarela y que terminaba en una segunda estructura cuadrada. 

Y en medio de las audiovisuales que mostraban pilares y figuras de mármol, apareció el canadiense de 23 años encerrado en una caja de vidrio que se elevaba como objeto de exhibición: vistiendo un polerón gris con letras amarillas que llevaban el emblema "Purpose World Tour", pantalones anchos y un micrófono pegado a la mejilla.

De inmediato sonó "Where are Ü now", ese single compuesto por Jack Ü, donde los fuegos artificiales se convirtieron en protagonistas. También el equipo de bailarines que acompaña al cantante y un escenario que esperaba por mostrar sorpresas.

Desde dos estructuras que se levantaban con algunos de los integrantes del cuerpo de baile, hasta el final de la pasarela convirtiéndose en una jaula que transformaba al artista en un rehén, mientras miraba unas gráficas espaciales al cantar "I'll show you".

Parafernalia que protege a Justin Bieber de dejar en evidencia sus falencias. Porque su voz pasa por una serie de capas de efectos de sonido; y a ratos, sobre todo al momento de las coreografías, se le nota desganado.

Al menos el canadiense se puso por delante de su escudo en un miniset acústico donde interpretó "Cold water" y "Love yourself" sentado en un sillón. 

Y las 50 mil beliebers en éxtasis, gritando el clásico "mijito rico" y cantando cada estrofa de "Boyfriend" a rabiar.  
Tras ese inicio efectivo, el espectáculo bajó su intensidad, pero Bieber aprovechó de lucirse tocando la batería y bailando junto a cuatro niños chilenos que fueron elegidos a través de YouTube -la misma plataforma que lanzó a la fama al cantante-.

La energía volvió con "Let me love you" (original de DJ Snake), una aplaudida "Life is worth living" -e iluminada por las fanáticas y sus teléfonos- y "What do you mean?". 

Para el final quedaron "Baby" y "Sorry", en un bis que une el éxito del inicio y el más reciente en la carrera del canadiense, desde el teenager que conquistó la industria musical hasta el joven que continúa buscando su identidad musical. Y que en medio ha tenido tantas polémicas como hits.

Tras su tercer show en Chile, Justin Bieber se dirigirá a Brasil para continuar con el tramo sudamericano de su gira mundial.

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