Todas las mañanas el escenario es el mismo, suena el despertador, apretamos el botón de “posponer” y tenemos unos minutos más de sueño.

Realmente tenemos solo 9 minutos más de sueño. ¿Por qué 9 minutos? La respuesta tiene mucho de tradición y nada de psicología. 

Según el sitio indy100.independent, cuando se inventó el "snooze" o "posponer", por los años 50, los engranajes de los relojes ya habían sido estandarizados en ciclos de 10 minutos. La intrusión de un nuevo engranaje que sirviese para la función snooze obligó a los especialistas a resolver un dilema: para que el resto de las funciones del reloj no se “desconfiguraran” (sincronía) determinaron que el ciclo del snooze debía ser mayor o menor de 10 minutos, pero no de 10.

Bueno, los fabricantes decidieron que 9 era el número indicado. Cuando se inventaron los relojes digitales simplemente se copió ese número, y la tradición se repite hasta el día de hoy. 

 

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