Durante años se ha instalado la idea de que cuando una persona está enojada puede tomar decisiones más impulsivas, arriesgadas o menos racionales. Sin embargo, un nuevo estudio a nivel internacional puso a prueba esa creencia y llegó a una conclusión distinta: sentir rabia no necesariamente cambia la forma en que las personas deciden.

El estudio fue realizado por investigadores de la Universidad del Desarrollo en Chile, y de la Università Cattolica del Sacro Cuore en Italia, y posteriormente publicado en la revista especializada Journal of Economic Behavior & Organization. 

La investigación analizó si distintas formas de provocar enojo en un entorno experimental podían modificar tres tipos de comportamiento: la disposición a asumir riesgos, la tendencia a actuar de manera deshonesta y la forma en que las personas entregan recomendaciones cuando existe un posible conflicto de interés.

Un experimento para provocar enojo

Para medir el efecto de la rabia, los investigadores utilizaron distintos métodos para generar esa emoción en los participantes.

Algunas técnicas fueron más tradicionales: los participantes debieron observar videos con contenido emocionalmente intenso o escribir sobre una experiencia personal que les hubiera provocado enojo.

También probaron mecanismos más novedosos: un videojuego similar al Tetris diseñado para fallar deliberadamente y una situación dentro del experimento en la que las personas enfrentaban una pérdida económica inesperada.

El estudio se realizó en dos etapas: primero en un laboratorio presencial y luego en una versión desarrollada de manera online, con el objetivo de comprobar si los resultados se mantenían fuera de un ambiente completamente controlado.

El resultado: sintieron más rabia, pero no cambiaron su conducta

Los investigadores comprobaron que todos los métodos utilizados lograron aumentar los niveles de enojo reportados por los participantes. Sin embargo, no todas las técnicas tuvieron el mismo efecto: los métodos tradicionales, como los videos y los recuerdos personales, provocaron una reacción emocional más intensa que las herramientas más nuevas.

Pero el hallazgo principal apareció después: pese a sentirse más enojadas, las personas no modificaron sus decisiones.

El enojo no hizo que asumieran más o menos riesgos, tampoco aumentó la probabilidad de que mintieran y no provocó que entregaran consejos más sesgados a otros participantes, incluso cuando existía un incentivo para favorecer ciertos resultados.

Según los autores, los resultados muestran que una emoción intensa no necesariamente se traslada a otros ámbitos del comportamiento.

"El proyecto es especialmente interesante como resultado del proceso doctoral, porque nace de un curso de métodos experimentales y luego va tomando forma durante el resto del doctorado, sumando colaboraciones internacionales y el apoyo de los laboratorios PoliCICS y LABCAH del CICS", comentó Denise Laroze.

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