Por Helen Briggs

La mayoría de los científicos concuerdan que la vida migró de los océanos a tierra firme hace unos 500 o 450 millones de años.

Pero para que las plantas y los animales pudieran sobrevivir, necesitaron de nutrientes.

Y se cree que un organismo más fino que el cabello humano y muy parecido a un hongo, fue de los primeros moradores fuera del agua.

El fósil del hongo, que data de hace unos 440 millones de años, pasó su vida bajo tierra, pudriendo la materia.

Incluso el científico que lo analizó, el doctor Martin Smith, admite que se trata de un "humilde y pequeño hongo".

Pero este pionero, conocido como Tortotubus, podría ayudar a explicar cuán temprano las criaturas colonizaron una Tierra rocosa y estéril.

Este hongo fue quien empezó este proceso al obtener nitrógeno y oxígeno de la tierra rudimentaria.

Smith –quien realizó la investigación en la universidad de Cambridge, pero ahora está en la de Durham– no descarta que probablemente haya existido algún tipo de bacteria y algas, pero esto es algo difícil de saber pues rara vez se preservan como fósiles.

Claves para el abono

Esto hace de Tortotubus el fósil más antiguo que se haya encontrado de un organismo en tierra firme.

"Es (de hecho) el primer fósil de un organismo que sólo vivió en suelo", le dijo Smith a la BBC.

"Tuvo que haber descompuesto material muerto y básicamente podrirlo".

En muchos sitios del planeta, como Suecia y Escocia, se han encontrado fósiles de hongos.

Pero este microfósil es más delgado que un cabello humano y su estructura –como de cuerda– es parecida a la de hongos que vemos hoy en día.

Científicos creen que este organismo primitivo contribuyó a la formación de abono y en el proceso de putrefacción, lo que pavimentó el camino para que florecieran las plantas, crecieran los árboles y más tarde animales.

¿"Durante el período en que existieron estos organismo, la vida estaba prácticamente restringida a los océanos, todavía no había evolucionado nada tan complejo como simple musgo y plantas y líquenes", señaló Smith.

"Pero antes de que pudieran florecer plantas o árboles, o los animales que dependen de ello, se necesitó establecer el proceso de putrefacción y la formación de abono".

El estudio de Smith fue publicado en el Botanical Journal of the Linnean Society.

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