“El carbono negro es un contaminante atmosférico que se forma durante la combustión de combustibles basados en carbono, incluyendo la biomasa y los combustibles fósiles”, explica Kathleen Mar, del Instituto de Estudios Avanzados para la Sostenibilidad de Potsdam (IASS, por sus siglas en inglés).

Este centro de investigación alemán organizó, junto a la Coalición para el Clima y el Aire Limpio (CCAC, por sus siglas en inglés), un evento sobre los beneficios de la mitigación de dicho contaminante en el marco de las negociaciones climáticas, foro que contó con las experiencias de México y Chile como protagonistas.

El contaminante tiene consecuencias nefastas en la calidad del aire e impacta en la salud humana. “La exposición a corto y largo plazo al carbono negro está relacionada con la arritmia cardíaca y la variabilidad de la frecuencia cardiaca, la disminución de la función pulmonar y el desarrollo del asma, especialmente en niños”, dijo Mar. “De los contaminantes de corta vida, es el contaminante del aire que conduce al mayor número de muertes prematuras en todo el mundo”, aseguró.

El carbono negro también tiene un efecto de calentamiento global en áreas con mucha nieve y hielo, explicó la experta, agregando que también puede impactar los ciclos hidrológicos regionales. “Ha habido estudios que demuestran que el carbono negro es responsable de una reducción de las lluvias en partes de África y China, y evidencia de que el carbono negro ha influido en el monzón asiático”, recalcó.

Problema universal, particularidad regional

Mar, que ha llevado a cabo una investigación sobre la situación de dicho contaminante en Europa, destacó las similitudes existentes con la región latinoamericana. “Al igual que en Europa, los sectores de transporte y residencial son las fuentes más importantes de carbono negro en América Latina”, lo que se agrega a ciertas particularidades regionales. “El sector agrícola es significativo en Uruguay (aproximadamente 35 por ciento), Argentina (aproximadamente 20 por ciento), y Colombia (aproximadamente el 15 por ciento). El sector industrial, incluyendo la fabricación de ladrillos, contribuye hasta el 10 por ciento de las emisiones totales de carbono negro en Brasil, Ecuador y México”, detalló.

 A pesar de ello, Helena Molin Valdez, directora de la secretaría de la CCAC, puso de relieve los esfuerzos que está haciendo la región para combatir el contaminante y destacó el papel de México y Chile como “líderes en la región”.

“México se ha comprometido de manera integral a reducir sus emisiones de gases y compuestos de efectos invernadero a mediano y largo plazo”, agregó la directora del Instituto Mexicano de Ecología y Medio Ambiente (INECC), Amparo Martínez. En este sentido, puntualizó que “desde el 2015, México está abordando el problema de los forzantes climáticos  desde una política integral en sus programas y estrategias de cambio climático y calidad del aire”. Por este motivo, destacó los programas de gestión para la mejora de la calidad del aire (Proaires), que desde este año “incluyen las primeras acciones específicas de mitigación sobre el carbono negro de las principales fuentes de emisión de los sectores energía, industria, transporte y agricultura, para horizontes de tiempo al 2020, 2025 y 2050, a nivel megalopolitano de la región centro de México”. Una de ellas es la implementación del cambio de uso de combustibles pesados en el sector eléctrico por gas.

El país norteamericano, que cuenta con un inventario de emisiones de carbono negro que llevó a cabo en 2013, planea desarrollar una norma a nivel nacional para regular el nivel de emisiones del sector ladrillero en consenso con los estados y los municipios. Por este motivo, el INECC llevará a cabo un proyecto piloto que pretende apoyar acciones para tecnologías que no sean de combustión, proporcionar incentivos para el uso de productos alternativos y aumentar el margen de beneficio para los productores, entre otros.

Enfrentando al enemigo mortal

Por su parte, “Chile está implementando una serie de medidas de reducción de la contaminación atmosférica, como la mejora de los estándares de vehículos y combustibles, la captura de metano de los residuos sólidos municipales y la incorporación de las ciudades chilenas de Talca, Concepción, Hualqui y Chiguayante a la campaña global ‘BreatheLife’ de la OMS (Organización Mundial de la Salud), el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) y la CCAC”, comentó Hollin.

“En Chile hay más de 4.000 muertes prematuras vinculadas con la contaminación”, dijo Felipe Osses de la División de Cambio Climático, que explicó que, por este motivo, el país cuenta con cerca de una decena de planes de descontaminación atmosférica que contemplan la prohibición gradual del uso de leña para la calefacción residencial, una de las principales fuentes de emisiones de carbono negro del país. No obstante, el experto alertó de la “resistencia” que puede provocar dicha medida en zonas del sur de Chile donde “la cocina a leña es un componente cultural, sobre todo en hogares de pocos recursos”. Para facilitar esta tarea, el gobierno ha lanzado una  campaña de recambio de calefactores y cocinas. 

Además de las medidas mencionadas, Osses destacó la elaboración de un inventario sobre carbono negro, ya que “se necesita más precisión y cobertura”, la puesta en marcha de un impuesto a los contaminantes locales según el tipo de industria, así como la renovación de la flota del transporte público, entre otras.

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