El registro de las cámaras de seguridad el Metro de Santiago muestra claramente cómo, a las 4 de la mañana del 23 de febrero, dos jóvenes rayan con spray uno de los carros de la Línea 5 que está estacionado en la estación Barrancas. Un tercer individuo registra la escena con su teléfono móvil. Tras ello, una persecución breve y la captura de los sospechosos por parte de Carabineros de Chile. ¿Los detenidos? Tres alemanes de entre 25 y 28 años que habían ingresado al país sudamericano el 15 de febrero.

Tras un juicio que los condenó a pagar cerca de 800 euros y a no acercarse al Metro en un año, se supo que los extranjeros, identificados como Nemec Oliver, Staben Oliver y Gustavel Florian, habían recorrido los más de 12 mil kilómetros que separan su patria de Santiago de Chile solamente para rayar el metro e inmortalizarse realizando lo que calificaron como una “manifestación cultural”. El tribunal les ordenó, en todo caso, borrar el registro que realizaron de la acción, que constaba en los celulares y en una cámara de video que portaban.

En determinados círculos, inmortalizarse realizando este tipo de acciones en lugares remotos es considerado casi un acto de heroísmo, un gesto que trae consigo reconocimiento y admiración. No es primera vez que un grupo de jóvenes, ansiosos por ganar cinco minutos de gloria cibernética, cometen delitos en países lejanos a los suyos. Incluso hay casos donde la vida se escapa en esa loca búsqueda por una escena que sorprenda al resto.

“Vivo mis sueños”

Las ansias por registrar en fotografías cada viaje, cada lugar, cada movimiento fueron el caldo de cultivo ideal para los famosos “bastones de selfies”, que ya han sido prohibidos en algunos lugares debido a las molestias que causan a otros turistas. El MoMA y el Guggenheim de Nueva York, por ejemplo, vetaron los famosos “sticks”. La Galería Nacional de Canberra y los estadios de fútbol de Tottenham y Arsenal, en Inglaterra, adoptaron la misma medida, en parte también para evitar su uso como armas.

Sin embargo, cuando se trata de aspirar a un poco de reconocimiento, las prohibiciones suelen ser cuestiones secundarias. Para el joven alemán de 18 años Andrej Ciesielski, por ejemplo, sacar una foto desde la cima de la pirámide de Giza, en Egipto, no parecía una idea irracional. Sin más ayuda que sus manos, el muchacho escaló en enero de este año hasta la punta del monumento para inmortalizarse. Al bajar, fue detenido por la policía egipcia, y sobre él pesa ahora un veto de por vida para ingresar al país de los faraones. “Vivo mis sueños”, declaró el joven al diario Bild, al que adelantó que viajaría también a Shangái y Dubái para conseguir nuevas y espectaculares escenas de sí mismo.

Algo pasa en India

¿Vale la pena arriesgar la vida por una foto? ¿O exponerse a latigazos a cambio de un poco de fama? Andreas von Knorre, de 22 años, y Elton Hinz, de 21, ambos originarios de Leipzig, se hicieron famosos en Alemania en marzo de 2015 por haber sido detenidos en Singapur, donde fueron descubiertos haciendo un grafiti. Tras ser detenidos, fueron condenados a nueve meses de cárcel y a recibir tres azotes cada uno. “Este es el peor episodio de toda mi vida, quiero pedir disculpas al Estado de Singapur por ese acto estúpido... He aprendido la lección y nunca más lo volveré a hacer”, declaró Von Knorre tras conocer la sentencia.

Según un informe de Priceonomics publicado el pasado 14 de febrero, India es el país del mundo donde más muertes se han registrado a causa de las selfies. El reporte, que abarca casos desde 2014 a la fecha, asegura que en ese estado de Asia 19 personas fallecieron intentando una buena foto para subir a las redes sociales. Luego viene Rusia, con 7, y Estados Unidos cierra el podio, con 5. En Alemania ha habido al menos un caso. Se trata de un hombre que el 21 de septiembre de 2014 cayó desde la catedral de Colonia, ante la mirada atónita de quienes pasaban por el lugar esa mañana. La Policía investigó el caso como accidente o posible suicidio, aunque testigos dijeron que la víctima habría intentado obtener una selfie desde la cima de la catedral antes de caer al vacío.

El caso de Courtney Ann Sanford es famoso por lo trágico. La mujer de 32 años murió en abril de 2014 en Carolina del Norte tras chocar con un camión de reciclaje. La policía descubrió que segundos antes del impacto había actualizado su estado de Facebook comentando que “la canción Happy de Pharrell me hace feliz”, acompañando ello con una serie de selfies tomadas mientras iba al volante. La vida por un post. La vida por un par de “me gusta”.

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