Fue una británica pionera de la enfermería moderna, tristemente célebre porque murió ejecutada a los 49 años luego de que un tribunal militar alemán la condenara por alta traición durante la Primera Guerra Mundial. El crimen de Cavell fue refugiar en su hospital en Bruselas a unos doscientos soldados belgas, franceses e ingleses y haberles ayudado a huir de Bélgica.

Nació en el condado inglés de Norfolk y trabajó como institutriz para varias familias. Luego volvió a su casa para cuidar a su padre enfermo y entonces decidió estudiar enfermería. Cuando tenía 30 años entró a trabajar en el London Hospital. En 1907 el doctor Antoine Depage la nombró directora de la escuela belga de enfermeras graduadas. Cuando estalló la I Guerra Mundial, la escuela quedó en manos de la Cruz Roja y Depage. Cavell entonces se convirtió en agente del servicio secreto británico, pero cuando los alemanes invadieron Bélgica y recibieron la orden de denunciar a “los heridos peligrosos o sospechosos”, ella se dedicó a ayudar a cientos de soldados para que pudieran escapar. Lo lograron gracias a una red de colaboración organizada por belgas y franceses, quienes violaron la ley marcial impuesta por los alemanes. Un espía infiltrado los descubrió y Edith Cavell fue arrestada. La enfermera no intentó defenderse y reconoció los cargos. Fue condenada a muerte y el gobierno británico no pudo hacer nada por salvar su vida. Su historia fue publicada en innumerables artículos de prensa, panfletos, imágenes y libros, más tarde incluso inspiraría la película The Woman the Germans Shot («La mujer a quien dispararon los alemanes»).

Edith Cavell se convirtió en una figura icónica de propaganda para el reclutamiento militar en Gran Bretaña, y en Estados Unidos logró aumentar la adhesión hacia los aliados. En 1919, cuando terminó la guerra, el cuerpo de Cavell fue trasladado desde Bruselas a Londres, escoltado por un destacamento de tropas británicas y aclamado por miles de personas que acompañaron a la comitiva en Bélgica y el Reino Unido.

Publicidad