La apodaron como la “reina de las olas”; Gertrude Ederle se convirtió en una celebridad cuando fue la primera mujer en cruzar a nado el Canal de la Mancha, que separa a Francia y Gran Bretaña.

Nació en Nueva York en una familia de inmigrantes alemanes, y aprendió a nadar en la piscina pública del barrio y en los veranos en Nueva Jersey. Ya cuando era adolescente comenzó a competir y se sumó a la Women’s Swimming Association, o la asociación para las mujeres nadadoras. A los 16 años comenzó a romper récords, y ya en 1924 fue a las Olimpiadas de París, donde se llevó medalla de oro. Era una época de entusiasmo para las deportistas del nado, ya que por fin se les permitía, por ejemplo, sacarse las medias para nadar y no andar tan cubiertas en el agua.

Comenzó a entrenarse para cruzar el Canal de la Mancha, la separación de más de treinta kilómetros entre el continente europeo y la isla de Gran Bretaña. Aunque el primer intento fracasó, en 1926 se metió al agua nuevamente, escoltada en bote por su entrenador y familia. El 6 de agosto, tras 14 horas y 34 minutos de nado, llegó a la orilla en Kingsdown, unos minutos pasadas las 7 de la mañana. Sólo cinco hombres habían logrado la hazaña antes que Gertrude, y ella los había superado en tiempo.

Cuando volvió a Estados Unidos lo hizo en estatus de heroína, con felicitaciones presidenciales y miles de personas la salieron a recibir en las calles. Aunque tuvo una lesión en la columna que evitó pudiera seguir compitiendo años después, siguió viviendo de presentaciones deportivas o de entretención. Ella misma quedó casi sorda por una enfermedad de niñez, y se dedicó también a enseñarle nado a niños sordos.

Gertrude Ederle, la reina de las olas, murió a los 98 años, y hoy centros de natación, y una carrera de nado entre Nueva York y Nueva Jersey, llevan su nombre.

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