Con solo 19 meses Helen Keller quedó sorda y ciega. Su discapacidad y cómo eso incidió en su relación con el mundo fue la base para convertirse en una activista por las libertades civiles, cofundando en 1920 la  Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU en inglés). Además fue una luchadora por los derechos de ciegos y mudos.

Nacida en 1880, hasta los 7 años Helen no se comunicaba con su familia. Una enfermedad al año de edad le había quitado la vista y el oído. Si bien Helen tenía 60 signos caseros, tratar de comunicarse con ella se convirtió en un gran problema que sólo tuvo solución con la llegada de Anne Sullivan quien sería su eterna maestra y compañera.

Anne, también una discapacitada visual, con gran paciencia, comenzó a enseñarle a Helen a comunicarse por medio del enunciado de palabras en su mano. Con el tiempo y la enseñanza de la realidad, Helen pudo lograr ser parte de conversaciones cuando le deletreaban las palabras en sus palmas . Luego aprendió a leer usando braille y a entender el habla mediante el tacto de los labios, por la percepción del movimiento y la vibración.

Si bien su educación secundaria fue en un instituto para ciegos, su verdadera meta era lograr educación universitaria. Gracias a la amistad y admiración de su amigo Mark Twain, logró ser financiada para estudiar en 1900 en Radcliffe College, de donde se graduó cuatro años más tarde con los máximos honores y así se convierte en la primera persona sordociega del mundo en conseguir un título de grado.

Debido a sus lecturas en su época universitaria (y a que Ann Sullivan se casó con el socialista John Macy), Helen se afilió en 1905 al Partido Socialista, lo que fue muy mal visto por la sociedad y ridiculizado por la prensa.  Sin embargo Helen siguió vinculada con la política cofundando en 1918 la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles, que hasta hoy defienden y preservan los derechos individuales de cada persona, garantizados por la  Constitución y las leyes de los Estados Unidos.

En 1924 cambió sus viajes políticos para dedicarse a trabajar con personas ciegas en la Fundación Americana para Ciegos, donde también asume un papel activista. La nombran en 1932 como la vicepresidente del Real Instituto para Ciegos en el Reino Unido.

La muerte de Ann Sullivan en 1936 la deja muy deprimida, un miedo que años atrás había escrito: “ofrezco una súplica temblorosa al Señor, porque si ella se va, voy a quedar realmente ciega y sorda”. Pese al difícil momento, junto a Polly Thomson la ayudante de Ann Sullivan, logró reintegrarse a su trabajo y comenzó a recaudar fondos durante 10 años, en 35 países,  para la Fundación Americana de Ciegos. Su legado como ejemplo de persona fue reconocido con la Medalla Presidencial de la Libertad otorgada en 1964 por el entonces Presidente Lyndon Johnson.

Helen sigue siendo un ejemplo único en la superación de dificultades; su libro autobiográfico sigue siendo obligatorio en el programa de muchas escuelas de Estados Unidos y es un hit de ventas literarias a nivel mundial traducido a 50 idiomas.

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