Los rarámuri, una etnia indígena cuyo nombre significa «pies ligeros» o «corredores a pie», son famosos por recorrer hasta 270 kilómetros sin detenerse. Asentado entre caminos rocosos y pendientes pronunciadas, para este pueblo correr es una forma de vida y una tradición. El rarajipari, o carrera de bola, es un juego en que hombres y mujeres de todas las edades corren tras una pelota por distancias que superan los cien kilómetros a través de la serranía mexicana.

La fama de corredores de los rarámuri es tal, que ellos mismos organizan ultramaratones, carreras a pie cuya longitud supera los cuarenta y dos kilómetros, a la que llegan competidores de todo el mundo a probarse contra ellos. Hoy, los rarámuri son más conocidos gracias a Lorena Ramírez, quien se ha vuelto corredora internacional, aunque no usa lycras ni mallas, sino las sandalias y vestidos tradicionales de su pueblo.

Desde niña, Lorena creció recorriendo su natal Sierra Tarahumara para buscar comida en otro pueblo o seguir junto a sus hermanos el rebaño de cabras. A los diecisiete años comenzó a competir profesionalmente y llegó cuarta en el ultramaratón de los Cañones de 2015, el mismo donde llegó segunda en 2018. Pero no fue sino hasta 2017, cuando ganó el UltraTrail Cerro Rojo, un ultramaratón de cincuenta kilómetros en Tlatlauquitepec, vistiendo su falda y huaraches, que Lorena se hizo famosa. Además de destacar por competir con su atuendo tradicional, con el modelo de sandalias planas que usa desde niña, a Lorena se la conoce por su depurada destreza para correr, ya que aterriza con su mediopié en lugar del talón, una técnica que los maratonistas demoran años en dominar.

En junio de 2018 Lorena se convirtió en la primera mujer de su etnia en participar en un maratón europeo, el Bluetrail 2018 de Tenerife, España, una competencia de categoría mundial donde llegó tercera luego de recorrer 102 kilómetros a una altitud de 3.500 metros sobre el nivel del mar.
Para las carreras, Lorena sigue reanimando su cuerpo con el tradicional pinole, un polvo de maíz que mezclado con agua sirve de energizante. Habiendo participado en más de quince ultramaratones en el mundo, la mexicana se niega a vestir ropa especializada para competir, rechaza los auspicios de marcas deportivas y sigue entrenando con su hermano Mario en la escarpada sierra.

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