María Montessori recibió más educación que la habitual para las mujeres de su época en Italia, gracias a que su madre valoraba la instrucción. De hecho, la joven María comenzó estudiando ingeniería a los 14 años en un instituto sólo de hombres, y luego se decidió por medicina en la Universidad de Roma, donde se graduó en 1896. Su inteligencia e interés por las personas la llevó a estudiar además antropología, doctorarse en filosofía y formar parte de la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Roma, donde desarrolló su propia clasificación de enfermedades mentales.

Fue en su trabajo con niños discapacitados, considerados por ese entonces como “ineducables”, que María Montessori comenzó a sacar sus propias conclusiones sobre la educación. Valoró la importancia de tener objetos con los cuales interactuar para así cultivar la imaginación y la inteligencia, y comenzó a desarrollar un método propio, basado en la observación del niño, en convertirse en un guía de sus habilidades naturales más que un profesor. Además, creía en la importancia de darle libertades a los niños, dentro de un marco controlado, y de sus capacidades para ir aprendiendo a partir del ambiente. De darles dignidad, higiene y ayudarlos a formar pensamiento crítico.

Los niños pasaron a ser el tema central de la investigación de esta doctora. En 1907 fundó la primera Casa de Niños, con 60 niños de bajos recursos, a quienes comenzó enseñándoles higiene y modales. Para educarlos, en lugar de establecer premios y castigos, les daba libertad y la satisfacción de cumplir con las actividades a su ritmo. Así hasta los más rebeldes podían transformarse en niños respetuosos y amables, interesados por aprender.  El éxito en su enseñanza, hizo que la metodología Montessori rápidamente se expandiera por Italia, y en 1910 ya era famosa en el mundo. María redefinió la educación como un proceso natural del niño, quien aprende de su experiencia con el entorno.

El éxito del método de María Montessori fue tal que en 1912 Alexander Graham Bell y Thomas Edison la invitaron a Estados Unidos a dar cuenta de sus investigaciones, y abrir la primera Casa de Niños en ese país. Seguirían muchas otras latitudes. El resto de su vida lo siguió dedicando a la educación, a escribir libros y dar charlas; además, siempre defendiendo la importancia de los derechos para las mujeres y su necesidad de enseñanza.

Hoy el Método Montessori es usado en más de 20 mil establecimientos educacionales alrededor del mundo.

Publicidad