Ruby Bridges fue la primera persona afroamericana en ir a un colegio de sólo blancos, para frenar la segregación racial en la educación del sur de los Estados Unidos durante los sesenta.

Nacida en Mississipi en 1954, Ruby Nell Bridges Hall se mudó junto a su familia a Nueva Orleans cuando tenía 4 años. Fue entonces cuando la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color (NAACP) le pidió a sus padres que Ruby fuera voluntaria en la integración del sistema escolar. Si bien el padre de Ruby, Abon, se mostró reticente, su madre fue enfática en la mejor educación que recibiría su hija y la posibilidad de crear un cambio significativo para las generaciones venideras de niños afroamericanos.

Ruby nació el mismo año que la Corte Suprema dio el veredicto para el caso Brown V/s Junta Escolar, donde se declaró que las leyes que establecían una separación de colegios por raza negaban la igualdad de oportunidades educativas. Esto fue clave para que Ruby junto a otros estudiantes hicieran un test escrito, (el cual estaba hecho especialmente difícil cosa de que la menor cantidad de alumnos negros lo pasaran) y que determinaba si los alumnos de kindergarten podían o no atender a una escuela de sólo blancos. Ruby pasó ese test junto a otros seis niños y así pudo tener la posibilidad de entrar a William Frantz School, que a diferencia de su anterior colegio, le quedaba a pocas cuadras de su casa.

Tras diversas demandas judiciales al sistema educativo que tenían por objetivo evitar la desegregación en la educación, el 14 de noviembre de 1960 Ruby Bridges fue escoltada por agentes federales y su madre a su nuevo colegio. Ante la multitud Ruby pensó que era el tradicional Mardi Gras, pero al bajarse del auto se dio cuenta que estaban para verla a ella, furiosos de ver a una afroamericana entrar por primera vez a un colegio de blancos.

Las represalias no tardaron en venir, padres sacaron a su niños del colegio, una mujer amenazó con envenenar a Ruby, otra le enseñó una muñeca negra en un ataúd cuando entraba al colegio y todos los profesores menos uno se negaron a enseñarle. Así Ruby estuvo un año aprendiendo sola con su profesora Barbara Henry, quien además la ayudó en la experiencia de ser condenada al ostracismo.

Incluso si tenía que ir al baño, Ruby debía ser escoltada por agentes federales; uno de ellos más tarde recordó que ella “nunca lloriqueó, sólo marchaba como una pequeña soldado”.  Ruby comenzó a tener pesadillas y comportamientos erráticos por lo que tuvo que ser asistida dos veces a la semana por un sicólogo de niños, Robert Coles, quien en 1995 publicó el libro The Story of Ruby Bridges.

La familia de Ruby también sufrió consecuencias; su padre perdió su empleo, no los dejaban comprar en el almacén  y sus abuelos fueron echados de sus tierras en Mississipi. Pero a pesar de las dificultades, el tiempo hizo que los ánimos se calmaran y varias personas, blancas y negras, ofrecieran ayudar, ya fuera cuidando la casa de los Bridges de represalias o acompañando a los federales a dejar al colegio a Ruby.

Ruby se graduó de la secundaria integrada Francis T. Nicholls y tras estudiar turismo en Kansas trabajó como agente de viajes durante 15 años. En 1999 creó la Fundación Ruby Bridges para promover los valores de la tolerancia, el respeto y la apreciación de las diferencias.

La icónica caminata de Ruby ese primer día de clases fue inmortalizada por Sam Rockwell en su pintura “The Problem We All Must Live With” (El problema con que el todos debemos vivir) que fue portada de la revista Look en 1964.

Publicidad