El jugador de Ajedrez, Dhruv Kakkar, de 19 años, fue sorprendido en el torneo abierto de Doctor Hedgewar, en la India, con dos móviles pegados con cinta aislante a sus piernas.

La trampa consistía en que a través de uno de los equipos moviles se trasmitía las jugadas a un externo, identificado como Shubham, quien estaba situado a 200 kilómetros de la sala de juego. El otro dispositivo recibía las recomendaciones del programa Fritz, gracias a un micrófono diminuto escondido en su oído izquierdo.

Su derrota no fue además el fruto rápido de un descuido. La partida duró 87 movimientos y su rival tuvo claro mucho antes de llegar al desenlace que se enfrentaba a algo más que un simple aficionado.

Thipsay –el oponente- alertó al árbitro que su rival tardaba dos minutos en realizar cada movimiento, sin importar si la posición era complicada o una simple captura de una pieza con un peón.

Después de contarle sus sospechas al mediador, quien le pidió que continuara la partida, en la jugada número 29, este empezó a omitir líneas muy sencillas que le habrían dado una victoria más rápida. Según Thipsay, probablemente tuvo algunos problemas de transmisión.

Una vez terminada la partida, el director del torneo se llevó a Kakkar para efectuar un registro, en el que aparecieron los artefactos con los que realizó su trampa. Parecía un hombre bomba, llevaba dos pilas de nueve voltios en su cinturón y otras dos de reserva en la espalda para la siguiente ronda, con unos cables escondidos que pasaban bajo su camiseta y pasaban por el cuello.

Kakkar confesó por escrito su delito, que confirmó al diario The Hindu, y que le ayudó a ganar las primeras cuatro rondas del torneo. “Yo fabriqué el artilugio y practiqué con él junto a mi amigo durante tres días antes del torneo”. 

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