Como cada 15 de diciembre, se celebra este jueves el día del té. Si en este momento tienes una taza de esta bebida en tus manos, sea verde o negro, lo primero que debes saber es que ambas provienen de la misma planta, llamada "camellia sinensis".

Originaria de China, inicialmente se le dio un uso medicinal durante la dinastía Shang (entre el 1.600 y el 1.046 A.C). 

Fue más adelante, con la llegada de la dinastía Qin, durante el siglo III A.C, que se volvió un elixir relativamente popular usando sólo las hojas de la planta, frecuentemente mezclada con otros componentes y hierbas naturales. 

La "camellia sinensis" puede crecer hasta 9 metros de altura si no se le poda, pero se le suele dejar más corta (alrededor de los 4 a 5 metros) para hacer más fácil la cosecha de sus semillas y hojas. Luego de eso, se les selecciona para convertirse en té verde o negro, entre otros tipos.

La diferencia entre estas dos populares variedades del té, radica principalmente en su método de procesamiento. Los manufactureros de este brevaje, pueden crear el té verde escogiendo las hojas y poniéndolas a hervir inmediatamente luego de ser sacadas del tallo de la "camellia sinensis". Esto se hace comúnmente en una bandeja caliente o bien, se les calienta utilizando vapor. 

En la medida precisa, este proceso ayuda a que la hoja no se oxide, permitiendo que la hoja del té mantenga su color, en este caso, el verde. 

En cambio, las hojas que que son usadas para elaborar el té negro, se les fermenta (u oxida) completamente. El proceso consiste en enrollar, picar o aplastar las hojas para acelerar su oxidación, como sucede con las manzanas cuando se vuelven color café al momento de exponer su carne al aire.

Luego las hojas son secadas, a veces frente al Sol o bien, usando maquinaria especializada. Mientras más oxidada la hoja del té, más notorio es el cambio de color del verde natural al negro.

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