Un viejo turcomano con una larga barba blanca recoge una caja de cigarrillos de una pila más alta que él. Su indumentaria tradicional, compuesta por un traje azul y un sombrero negro de piel contrasta con los sacos y corbatas de los funcionarios estatales.

El anciano lanza los cigarrillos a un horno encendido y el fuego los consume.

Y mientras una gruesa columna de humo negro sale de la chimenea, otros hombres arrojan sus cigarrillos al fuego.

Son imágenes emitidas recientemente en la televisión estatal de Turkmenistán, y según se explica los cigarrillos fueron importados de forma ilegal.

El anuncio es parte de una campaña antitabaco. Y es que Turkmenistán, uno de los gobiernos que se señala como más represivos del mundo, está tratando de convertirse en uno de los más saludables.

Así lo dice una anciana que habla a cámara, mientras da las gracias una y otra vez al presidente Gurbanguly Berdymukhamedov.

"Durante la era de felicidad de nuestro país estable, el respetado presidente hace mucho para crear una sociedad sana", exclama la mujer.

Este hombre dirige a uno de los gobiernosmás represivos del mundo, que no tolera a la oposición.

Y el historial de violaciones a los derechos humanos en Turkmenistán bajo su dirección sigue siendo uno de los más graves.

Dentista por educación, Berdymukhamedov ha hecho de la salud parte de su culto a la personalidad.

Así, es él el que aparece cargando pesas en un gimnasio vacío en la campaña para promover un estilo de vida saludable, yencabeza los mítines donde nadie se atreve a contradecirlo.

"¡Gracias a Dios era un dentista!", me dijo una vez un ciudadano turcomano.

Su satisfacción es comprensible: el predecesor de Berdymukhamedov, que se hacía llamar Turkmenbashi —padre de todos los turcomanos— construyó estatuas de sí mismo, prohibió la ópera e incluso cerró los hospitales.

Ahora Turkmenistán quiere ser una nación libre de humo de cigarrillo, una misión muy elogiada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El presidente incluso ha recibido un premio por reducir el nivel de consumo de tabaco en el país.

La foto de él sonriendo y sosteniendo un certificado y una medalla, de pie junto a la presidenta de la OMS, hace que Turkmenistán parezca un país que sigue los estándares internacionales.

Con sus pobladas cejas y sus brillantes ojos oscuros, el presidente parece estar gritando: "¡Miren, la comunidad internacional reconoció nuestros logros!".

Este es el mensaje que quiere difundir.

Pero no quiere que el mundo revise las violaciones de los derechos humanos de Turkmenistán.

No quiere que se le pregunte acerca de los opositores del gobierno que han desaparecido en las cárceles, ni quiere hablar sobre por qué el presidente de Turkmenistán puede tener el cargo de por vida.

"La salud y la felicidad" es una de las principales consignas de esta campaña, pues si no eres feliz, entonces mejor debes mantenerte callado.

Usando una aplicación de mensajería me las arreglé para hablar sobre el sistema de salud con un turcomano que vive en la capital del país, Ashgabat.

"Si quieres que te traten bien en los hospitales, debes pagar sobornos", me contesta.

Es algo bien conocido en Turkmenistán, pero nadie puede quejarse de ello. El miedo es una parte importante de cómo rige el presidente.

Es una sensación extraña caminar por las anchas y desiertas calles de la capital, Ashgabat.

Y es eso lo que hice después.

Buscando desesperadamente una sola alma viviente, pasé edificios de mármol rodeados de hermosas fuentes.

La ciudad parecía abandonada y sin embargo, claramente estaba siendo vigilado.

Cuando saqué mi cámara, un hombre con un walkie-talkie apareció de la nada.

Gritó algo, haciendo ademanes de que me fuera. Tenía que obedecer.

Durante "el mes de la salud" a principios de este año, los empleados estatales hicieron ejercicios por la mañana en público.

Los trabajadores de las plantas de algodón y la industria del gas, empleados del parlamento y los ministerios, bibliotecarios, todos estaban involucrados.

¿Estaban obligados a hacerlo?

El presidente Berdymukhamedov es un gran aficionado de las carreras de caballos y participa de vez en cuando en competencias hípicas.

Durante una de ellas, hace varios años, su caballo tropezó y el presidente cayó al suelo.

Permaneció inmóvil durante un rato, mientras la gente corría para verlo. Pero los hombres de negro se pusieron de pie para bloquear a las cámaras.

"¡Deja de filmar!", dijo un hombre en voz baja, cubriendo los lentes con papeletas.

"No filmes. Podemos tener problemas", murmuró un reportero a su colega.

Guardias de seguridad registraron a todo el mundo al salir del hipódromo y borraron sus grabaciones.

La cadena de televisión estatal borró de las imágenes la caída del presidente.

Y de la misma manera, la campaña para promover un estilo de vida saludable elimina hoy todos los aspectos que se critican de Turkmenistán.

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