Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com
Pregunta formulada por Ella, de 15 años, del IES Miguel de Cervantes (Granada)
Te subes en un autobús y notas cómo te balanceas cuando el conductor acelera, frena o toma una curva… y dices en voz alta: “¿No hay forma de estar aquí quieto?”. ¿Y es que acaso crees que vives en un planeta que no se mueve?
Parece mentira, pero vivimos sobre un auténtico bólido. Los días y las noches se suceden no porque el Sol se mueva alrededor de la Tierra, sino porque nuestro planeta gira sobre sí mismo a una velocidad de hasta 1600 km/h.
Es cierto que no notamos que nuestro planeta gira. Eso ocurre porque siempre viajamos a la misma velocidad. Es como estar dentro de un tren con raíles nuevos: si las ventanillas estuvieran tapadas, podrías caminar por él sin dificultad y apenas notarías que se está moviendo, salvo por el sonido del traqueteo del tren. Solo percibimos el movimiento cuando cambia. ¿Increíble, no?
¿Y si la Tierra se detuviera de golpe?
Imaginémonos que ese tren parara en seco. Sin quererlo, haríamos una visita forzosa al conductor desde nuestro asiento, ya que seguiríamos avanzando a la velocidad del tren. Este fenómeno fue descrito por el científico italiano del siglo XVII Galileo Galilei y, más tarde, formulado por Isaac Newton en su primera ley: la inercia, o sea, la tendencia de los cuerpos a mantener su estado de movimiento si nada los frena o acelera.
Si la rotación terrestre se detuviera de golpe, las personas, árboles, edificios y océanos que hay sobre ella seguirían moviéndose por inercia hacia la orientación del sentido de giro, hacia el este, a más de mil kilómetros por hora. A esa velocidad, podrías recorrer la distancia entre Huelva y Sevilla, por ejemplo, ¡en apenas tres minutos!
¿Cómo quedarían el día y la noche?
El planeta quedaría dividido en dos hemisferios, no existiendo alternancia entre el día y la noche. Mientras un hemisferio quedaría permanentemente iluminado por un Sol inmóvil, dando con ello un día eterno y abrasador, el otro estaría sumido en una noche perpetua, extremadamente fría. No habría amaneceres ni atardeceres, solo una franja estrecha de transición entre ambos.
Una región de formación estelar en la Gran Nube de Magallanes. ESA / Hubble., CC BY
El cielo nocturno también cambiaría y sería mucho más aburrido. Normalmente, las estrellas parecen moverse por el cielo porque la Tierra gira sobre sí misma. Sin ese movimiento, las estrellas quedarían fijas en el firmamento. En el hemisferio nocturno –el único desde el que podrían observarse–, el calendario del zodíaco perdería su sentido, ya que siempre veríamos las mismas constelaciones, como si todos fuéramos Libra o Acuario, según el momento en que la Tierra se detuviera.
Los planetas tampoco cruzarían el cielo cada noche. Sin embargo, sí se percibiría un lento desplazamiento de un día para otro sobre un fondo de estrellas inmóviles, mostrando por fin la Tierra su movimiento real alrededor del Sol.
¿Qué ocurriría con la atmósfera y los océanos?
Mientras el aire seguiría moviéndose como hace hoy, hacia el este y a más de mil kilómetros por hora (formando un muro de viento devastador a su paso), los océanos generarían olas gigantescas a escala planetaria, similares a las que aparecen en el planeta Miller de la película Interstellar (2014). Avanzarían sobre los continentes como tsunamis.
Incluso, la gravedad cambiaría ligeramente: al dejar de girar, pesaríamos un poco más que ahora.
¿Cómo mediríamos el tiempo en una Tierra inmóvil?
Sin amaneceres ni atardeceres, el día de 24 horas dejaría de tener sentido y el tiempo tendría que medirse con relojes artificiales.
Quedarían alterados, de paso, nuestros ritmos biológicos. En un mundo sin rotación, el sueño, la atención y el estado de ánimo se desajustarían profundamente. Solo podríamos adaptarnos creando entornos artificiales de luz y oscuridad para seguir adelante.
¿Podríamos vivir en una Tierra que no gira?
A más largo plazo, a lo largo de millones de años, el campo magnético del planeta se debilitaría. Este campo nos protege del viento solar o radiaciones dañinas del espacio gracias al movimiento del hierro líquido existente en el núcleo terrestre. Sin rotación, ese escudo perdería eficacia y la radiación del Sol y del espacio afectarían a todo el planeta, especialmente a los seres vivos. Dañarían nuestro ADN y aumentaría el riesgo de enfermedades.
Por si fuera poco, en el hemisferio iluminado, las temperaturas extremas y la radiación constante del Sol harían muy difícil la vida, al evaporar el agua y alterar gravemente la atmósfera.
En el hemisferio nocturno, esa radiación podría manifestarse en auroras mucho más frecuentes y visibles fuera de las regiones polares. Como indica Cixin Liu en su cuento La Tierra errante, este hemisferio sería muy frío, tanto que el oxígeno y el nitrógeno se solidificarían en la superficie.
Así que ya sabes: la próxima vez que veas un amanecer, recuerda lo importante del movimiento invisible de nuestra Tierra. Gracias a él son posibles el día y la noche continuos, el clima, el tiempo y toda la vida que conocemos.
El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.
Julio Ballesta Claver no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.