Son decenas de países en todo el mundo modifican un par de veces al año la hora oficial para tomar en cuenta el cambio de estación.

Chile lo hará a partir de la noche del 13 de mayo.

A muchos nos cuesta recordar la fecha y ajustar nuestro calendario para dar cuenta del cambio.

En medio de la confusión, la gente llega una hora tarde -o temprano- a citas, pierde vuelos de avión y en general enfrenta algo más de estrés en su vida cotidiana.

Pero conforme crece el debate sobre la utilidad de esta medida, muchas naciones evalúan (y reevalúan) si vale la pena seguir haciéndolo.

En Chile decidió se no cambiar la hora a partir de 2015, pero luego se echó pie atrás y este regresó en 2016.

Y en otras naciones de Europa y Norteamérica crecen las voces que piden que el reloj siga su curso, sin alteraciones de temporada.

Desde la Primera Guerra Mundial

Fue, inicialmente, una idea alemana.

Durante la Primera Guerra Mundial se introdujo el concepto con el fin de economizar energía.

Al adelantar una hora los relojes al inicio del verano, anochecía "más tarde" y se creía que se ahorraba energía en las casas al aprovechar el sol vespertino sin necesidad de iluminación artificial.

El reverso de la moneda era, por supuesto, que "amanecía también más tarde" y la gente tenía que despertarse y desayunar en sus casas con la luz prendida.

Pero se asumía que los ahorros en la tarde compensarían el despilfarro en la mañana.

Estados Unidos lo introdujo en 1918 y desde entonces ha sido una tradición anual que comparten docenas de naciones, incluyendo varias de América Latina, particularmente en el Cono Sur.

Beneficios en duda

Los dos países más poblados del mundo, China e India, no cambian la hora.

En Estados Unidos también van creciendo las voces que discuten los beneficios económicos de cambiar la hora según la estación.

Un estudio de la firma consultora Chmura Economics, "Estimating the Economic Loss of Daylight Saving Time for U.S. Metropolitan Statistical Areas" calculaba en 2013 que el país perdía anualmente US$434 millones por efecto de la reducción en la productividad que experimenta la gente cuando tiene que madrugar una hora adicional por el cambio de horario.

Y otro estudio efectuado por los académicos de la Universidad de Yale Matthew Kotchen y Laura Grant en el estado de Indiana, una parte de Estados Unidos que solo adoptó el cambio de horario en 2006, llegó a la conclusión de que la medida podía reducir el consumo de iluminación pero aumentaba el consumo de aire condicionado. Con el resultado final que, en vez de economizar, se gastaba más energía.

El horario de verano, de hecho, no se sigue en Hawaii y en partes de Arizona.

El cambio de hora se convirtió en una especie de moda para seguir a Estados Unidos, de acuerdo con Michael Downing, autor del libro Spring Forward: The Annual Madness of Daylight Saving Time (Hacia adelante: La locura anual del horario de verano.

A veces, el horario de verano se practica en lugares donde no tiene sentido, al igual que los países cercanos a la línea del Ecuador, dice Downing. "La cantidad de luz solar es bastante estable", dice. "Pero querían alinearse con los husos horarios de Estados Unidos y mantenerse en sincronía".

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