La cantante sueca Loreen ganó con "Tattoo" la 67ª edición del festival de Eurovisión, celebrada el sábado en Liverpool, concebida como un homenaje a Ucrania, país vencedor de la pasada edición que debido a la guerra no pudo acoger el concurso.

Loreen, que se había alzado con la victoria en 2012, es la segunda artista que gana dos veces Eurovisión tras el irlandés Johnny Logan en los años 1980.

Cuarenta y nueve años después de la victoria de los legendarios ABBA, la de 2023 es la séptima para Suecia desde que se creó el concurso en 1956.

Finlandia quedó en segunda posición e Israel en tercera.

La española Blanca Paloma y su nana "Eaea", mezcla de música flamenca y ritmos electrónicos, quedó en el puesto 17 de los 26 países que participaron en la final.

Los cantantes tuvieron tres minutos cada uno para convencer al jurado y al público internacional, con la novedad de que este año también pudieron votar telespectadores de todo el mundo, pese a que sus países no participasen en la competición.

Homenaje a Ucrania

El grupo ucraniano Kalush Orchestra abrió el espectáculo, de casi cuatro horas, con una versión extendida de "Stefania", la mezcla de hip-hop y música tradicional que en 2022 les llevó a la victoria.

En esta ocasión contaron con el acompañamiento en el escenario de decenas de tamborileros vestidos de soldados y la aparición de la princesa de Gales, Catalina, tocando el piano en una grabación de vídeo.

Ucrania fue la gran protagonista del festival, celebrado bajo el lema "Unidos por la música" sobre un escenario totalmente compuesto de luces led en el M&S Arena de Liverpool.

El país estuvo esta vez representado por el dúo electrónico Tvorchi con la canción "Heart of Steel" ("Corazón de acero"), inspirada en la resistencia durante un mes de asedio a la acería Azovstal de Mariúpol por las fuerzas invasoras rusas.

"Simboliza la fuerza y el valor", explicó el cantante del grupo, Jeffery Kenny, que luciendo un enorme corazón metálico sobre su traje negro fue transformado durante su interpretación en robot de acero mediante imágenes digitales.

Minutos después de su actuación, Tvorchi publicó en Instagram que Ternopil, su ciudad natal, había sido atacada por Rusia.

Ternopil "fue bombardeada por Rusia mientras cantábamos en el escenario de Eurovisión sobre nuestros fuertes corazones, indomabilidad y voluntad", escribieron. "Europa, unida contra el mal por la paz", añadieron.

La guerra de fondo

Habitualmente, el país ganador acoge el concurso del año siguiente.

Sin embargo, la 67ª edición del festival no pudo hacerse en Kiev debido a la invasión rusa, y el Reino Unido, que quedó segundo, tomó el relevo.

Entre un público vestido con lentejuelas, profusamente maquillado y armado con banderines, pulseras luminosas y muchas ganas de divertirse, Vasylyna Kindrat, una ucraniana de 25 años que tuvo que huir de su país en diciembre, explicó que esperaba la victoria.

Pero "no en Eurovisión, sino en la guerra", afirmó, asegurando que los colores azul y amarillo de Ucrania desplegados por todo Liverpool la hicieron "sentir como en casa".

La guerra estuvo de fondo en muchas de las canciones.

Por Suiza, el joven cantante Remo Forrer lanzó con "Watergun" un mensaje de paz en tono grave.

En el extremo opuesto, el desopilante y bigotudo grupo croata Let 3 subió al escenario con "Mama ŠČ!", un tema corrosivo que arremete de forma poco disimulada contra el presidente ruso Vladimir Putin.

Desplegando dos enormes misiles, sus componentes se despojaron de sus ridículos uniformes militares para acabar tocando en ropa interior.

Vestidas de rosa y con larguísimas trenzas, las seis intérpretes checas de "Vesna" rindieron su propio homenaje cantando en ucraniano una parte de su canción "My Sister's Crown" (la corona de mi hermana).

"Mi hermana no se quedará arrinconada, tampoco te escuchará", cantaron, "estamos con vosotros en nuestro corazón".

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