"¡Atención! Usted está en una zona prohibida. Salga inmediatamente". En el pueblo de Treviolo, en el norte de Italia, hay un dron que no se limita a detectar a quienes incumplen con el confinamiento, sino que, además, les toma la temperatura a distancia.

La monótona voz mecánica advierte: "la violación de las reglas conlleva sanciones administrativas y penales". 

En Treviolo, una localidad de Lombardía de 11.000 habitantes, situada a las fueras de Bérgamo, la COVID-19 se ha llevado por delante una cincuentena de vidas. 

Una situación que, según el alcalde y gran parte de la población, justifica el uso de dos drones para vigilar las calles del centro y sus alrededores. Uno de ellos cuenta además con un sensor de temperatura que indica, aproximadamente, la temperatura de la gente.

El uso de drones para vigilar a la población se ha generalizado a medida que la pandemia se ha ido expandiendo, incluso en países en los que hace tan solo un mes este recurso habría generado un importante debate sobre una eventual violación de las libertades individuales. 

En España, hay localidades que los utilizan para controlar las llegadas o el consumo de agua en los hogares; en Jordania, vigilan que el confinamiento se cumple a rajatabla; en Francia, sobrevuelan las playas y las márgenes del Sena, en París, y en Grecia vigilan Atenas y Tesalónica desde el cielo.

 

Publicidad