Por un lado, el irregular playlist discotequero de Wisin Y Yandel; por el otro, la solvencia escénica de Raphael y su aventura sinfónica. La contracara de las dos primeras noches del Festival de Viña del Mar 2019 dejó contentos a los fanáticos de uno y otro bando, pero a la hora de evaluar la calidad de cada show, el español venció de manera indiscutida.

Al menos, al caer de lleno la madrugada en la Quinta Vergara, se vio un empate victorioso entre Yuri y Sebastián Yatra.

Como ha sido tradición durante los últimos años en el Festival -salvo algunas excepciones como Maluma-, los jurados del evento de la Ciudad Jardín han tenido la responsabilidad de cerrar cada noche de fiesta. Y allí, la ídola mexicana y el promisorio colombiano han dado el ejemplo.

En la jornada inaugural, el hombre de "Traicionera" demostró que esa preparación de la que habló en conferencia de prensa no eran puros cuentos. El cantante de pop urbano desfiló con soltura por el escenario, algo hiperventilado a ratos (se quitó la camisa o la polera en más de dos oportunidades), con una solidez vocal e instrumental -cortesía de una banda que se acerca de maravilla al electropop, lejos de ser solo un adorno- que lo ubica campante en territorios como la balada romántica y el reggaetón.

Yuri, por su parte, se inventó una suerte de espectáculo retrofuturista de imágenes a lo Lady Gaga y tonos revisteriles, en la que se cambia de ropa más de 5 veces con la ayuda de las plumas y las manos de su cuerpo masculino de baile y encabeza un karaoke de clásicos A.M. para todos los gustos y sentimentalismos, para mover las piernas o caer en la amargura de "La maldita primavera".

La chaqueta de Chile que lució estuvo de más, incluso se privó de cantar "El apagón" por priorizar el "Chileno de corazón", pero levantó a una Quinta Vergara que por el frío y el promedio de edad de sus asistentes pudo quedarse recostada en su asiento desde el inicio de la rutina de Dino Gordillo.

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