Después de que el Estado Islámico (EI) reivindicara los ataques en Bruselas, que dejaron un saldo de 34 muertos y más de 200 heridos, aparece la pregunta de a qué responde este atentado terrorista.

Según el experto internacional, Fernando Wilson, esto "obedece a la otra cara de la globalización".

"Los mismos procesos políticos, sociales, económicos y culturales, que nos permiten acceder a información le permiten a grupos radicales desplazarse y montar acciones de carácter violento", agrega el académico de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Wilson asegura que algunos barrios musulmanes reciben a grupos que de alguna forma han fracasado en su opción "dentro de la sociedad adoptiva". "Descendientes de segunda o tercera generación de migrantes musulmanes que llegaron en los 60, 70 u 80, que han madurado en una Europa en crisis económica y que tiene problemas para definir su propio carácter en la acogida del migrante", añade.

Con esto, se genera un porcentaje no menor, en palabras del experto, de personas que fracasan en la integración "y esta gente es vulnerable a cualquier credo o discurso radical de violencia que hace algunas décadas pudo ser el nazismo".

"Hay una colección de células que han aprovechado las autonomías y la fragilidad que tienen los aparatos de seguridad belgas (...) Se han convertido en el corazón de estos grupos contestatarios. El problema es que su conexión con el EI no es tan orgánica como un grupo que reciba órdenes operativas específicas. Son grupos de personas, desconectadas entre sí, que se articulan sobre un discurso de odio, y reciben directrices de carácter ocasional, eso es lo que los hace peligrosos. La desarticulación de una célula no necesariamente lleva a las otras células", expresa Fernando Wilson.

 

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