Bloqueo de señales y cero contacto físico: las estrictas medidas en la megacárcel de Talca para aislar a líderes criminales
Cortar el contacto de las bandas criminales con el exterior es el eje central del recinto. Para evitar que los líderes sigan operando, La Laguna cuenta con un sistema automatizado de gestión de telecomunicaciones que bloquea e inhibe por completo la señal celular en los perímetros de reclusión.
A este blindaje se suman más de 30 detectores de metales y tres escáneres corporales de alta resolución en los accesos, además de equipos tecnológicos diseñados para detectar trazas de drogas y explosivos tanto en visitas como en el personal.

El control interno y perimetral de La Laguna elimina los puntos ciegos mediante un circuito cerrado de televisión que cuenta con más de 1.500 cámaras de seguridad.
Este monitoreo permanente en los 14 módulos se complementa con sensores infrarrojos de detección térmica nocturna en la línea exterior, además de una franja de seguridad resguardada por ocho garitas de vigilancia que controlan el acceso vehicular mediante barreras automatizadas.
La distribución interna de la cárcel se diseñó pensando en evitar la convivencia de reos con distintos perfiles procesales.
A través de 14 módulos de tres pisos, el recinto penitenciario segmenta de forma estricta a la población: los 37 internos de extrema peligrosidad quedaron en celdas individuales bajo el régimen de máxima seguridad, con restricciones estrictas de desplazamiento y visitas mediante locutorios blindados que impiden el contacto físico. El resto de los internos ocupa sectores de alta seguridad con celdas compartidas.
A pesar de que el foco inmediato está puesto en el control y la seguridad, el Ministerio de Obras Públicas (MOP) destacó que el complejo también incorpora infraestructura destinada a la atención de salud, alimentación y programas de reinserción social para la población penal.

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