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"El gobierno alemán debería indemnizar a las víctimas chilenas de Colonia Dignidad”

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Deutsche Welle
Por Deutsche Welle
El cineasta alemán Wilfried Huisman habló con DW sobre la serie de Netflix "Colonia Dignidad: una secta alemana en Chile”. El Ministerio de Justicia de Chile prohibió a último minuto una entrevista con un testigo clave.

Seis episodios de 50 minutos relatan la historia de un sistema totalitario que perduró durante más de tres décadas bajo la mano dura del autoproclamado predicador alemán Paul Schäfer, que huyó de Alemania acusado de pederastia y llegó a Chile a principios de los años sesenta. Instaló un paraíso pedófilo lejos de la mirada pública, bajo la imagen de ser una misión que educaba y prestaba servicios médicos gratuitos a la población vecina. La cinta documenta cómo Schäfer ayudó activamente al golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende y se convirtió en colaborador del aparato represivo durante la dictadura de Augusto Pinochet.

La historia de la secta ya ha sido abordada antes en el cine, sin embargo, este documental dirigido por Wilfried Huismann y Annette Baumeister permite una nueva mirada al enclave alemán con imágenes y audios originales restaurados, que contrastan con los testimonios de los protagonistas que narran la brutalidad detrás de sus muros, entre ellos, el del chileno Salo Luna Garrido, cuyo relato es uno de los hilos conductores de la serie. 

Llegó a los ocho años a Colonia Dignidad, y su fuga, diez años después, en 1997, junto con otro colono, provocó el derrumbe de la secta. Salo Luna fue uno de los "Sprinter”, los niños que el "tío Paul”, como era llamado Schäfer, tenía a su disposición. 

Willy Malessa y su esposa, Edeltraud Brohnau, fueron de las pocas parejas que lograron casarse, pero relatan en la cinta cómo los niños, incluyendo los suyos, eran separados de sus padres y criados por "tías” y "tíos”.  

Huismann logró testimonios como el de Roberto Thieme, exlíder de Patria y Libertad, con quien Schäfer estrechó lazos, y quien visitó en numerosas ocasiones la colonia, al igual que el dictador Augusto Pinochet y el jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional, la DINA, Manuel Contreras. Entre todos esos personajes de derecha que entraban y salían del lugar, situado a unos 400 kilómetros al sur de Santiago, en el film aparece Hernán Larraín, actual ministro de Justicia y Derechos Humanos de Chile, y un férreo defensor de Colonia Dignidad.

La cinta prescinde de un relato; son los protagonistas y las imágenes los hilos conductores. El cineasta quería con ello que el espectador vea el material sin prejuicios ni un relato que lo "lleve de la mano".

En entrevista con DW, Wilfried Huismann lamenta que un testigo clave como es Gerhard Mücke, mano derecha de Paul Schäfer, quien fue su suplente y estaba dispuesto a dar su testimonio desde la cárcel de Cauquenes, fue suspendido a última hora por una prohibición del Ministerio de Justicia y de DD.HH., cuyo titular es Hernán Larraín. 

NdR: Desde Gendarmería de Chile expresaron a T13.cl que pese a lo declarado por el realizador, "en ningún caso, ha existido la intervención del citado Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, considerando que tales prerrogativas, competencias y procedimientos de autorización o denegación se radican exclusivamente en Gendarmería de Chile". Asimismo, que en enero de 2019 se negó la solicitud de entrevista atendiendo razones de seguridad institucional, potencial afectación a las víctimas del delito y para salvaguardar la integridad física y psíquica del interno. En dicha decisión, dicen, no tomó conocimiento el Ministerio de Justicia.

DW: Señor Huismann usted viajó a Chile en la década de los 80. ¿Fue allí donde se enteró usted de Colonia Dignidad?  

Wilfried Huismann: En 1981 llegué a Chile como voluntario en un proyecto de asistencia al desarrollo de la Iglesia Católica en Santiago. Ahí conocí como era la vida bajo la dictadura, fue algo muy duro. Mucha gente que yo conocía fue perseguida y desaparecida sin dejar rastro. Desde ese momento tengo una relación emocional muy estrecha con Chile. Ya sabía entonces sobre la existencia de Colonia Dignidad. Me enteré en 1977 a raíz de una demanda de Amnistía Internacional, que afirmaba que era un lugar de tortura.  

El entonces ministro del Trabajo alemán Norbert Blüm visitó Chile en la década de los 80, y fue el único político alemán que encaró a Pinochet. ¿Cuál fue la relación del gobierno de Helmut Kohl con Pinochet?

Para Alemania, los negocios con Chile siempre fueron muy importantes. Cuando el Congreso de Estados Unidos impuso un embargo de armas contra Chile en 1976, por las violaciones a los Derechos Humanos, para Alemania, eso fue una oportunidad para llenar ese vacío, y vendieron muchas armas a Chile. En general, los negocios entre Alemania y Chile fueron muy fuertes durante la dictadura, Alemania vendía hasta tanques y submarinos. En Chile viven muchos alemanes. A partir de 1850 hubo una inmigración masiva de alemanes que colonizaron el sur de Chile. Destruyeron los bosques nativos y exterminaron a los mapuche y a otras etnias indígenas. Además, cuando cayó Hitler, muchos dirigentes nazis huyeron a Chile. Hubo un movimiento nacionalsocialista hasta la década de los 60, con el Partido Nacional Socialista Obrero de Chile (PNSO), que participó incluso en elecciones. Casi todos los alemanes en Chile votaron por este partido. Por eso en Chile Colonia Dignidad encontró un ambiente natural en donde pudo desarrollarse.   

¿Cómo consiguió que hablara ante la cámara Roberto Thieme, quien fuera Secretario General de Patria y Libertad, y, en su momento, se declaró abiertamente a favor de Pinochet?  

Yo creo que él habló porque tiene remordimientos de conciencia. Realmente lamenta su papel en ese momento. El afirma que no quería una matanza de los enemigos políticos, pero ya era tarde, porque no tenía la influencia política para evitarlo. Pero tenía una buena relación con los golpistas más moderados. Lo encontré en un vuelo de Argentina a Chile, el es muy alto, muy alemán, lo abordé y conversamos poco después en un café en Santiago y me dijo que sí, que le interesaba el proyecto, que lo consideraba importante para tener una historia más o menos completa de ese Estado dentro de otro Estado. 

Esas son las novedades que trae su documental, Sr. Huismann, declaraciones que permiten que se hable a 50 años de lo ocurrido en este enclave. ¿Cómo accedió a ese material fílmico? ¿Cuántos camarógrafos trabajaron bajo Paul Schäfer?  

Hubo dos camarógrafos de tiempo completo. Uno era Alfred Gerlach, que aparece brevemente en la primera y segunda parte de la serie. A partir de 1976 cuando comenzó la era del video contemporáneo, asumió Wolfgang Müller. El entregó lo que quedaba del archivo fílmico a nuestro coproductor chileno Cristián Leighton. Buena parte de ese archivo desapareció, se encontraba escondido bajo la tierra, y buena parte se llenó de moho. El objetivo era que no se acabara perdiendo. Los camarógrafos, como profesionales, estaban orgullosos de todo lo que filmaron y no querían que se perdiera o acabara destruido, y no tenían los recursos para salvarlo o restaurarlo. Tan solo la restauración del material costó más de 200.000 dólares, un proceso que comenzamos en 2017. En esta decisión recibió el apoyo de la entonces dirección en 2018 de Villa Baviera, sobre todo por Anna Schnellenkamp, la hija de Kurt Schnellenkamp, el jefe de Finanzas de Colonia Dignidad. Esa fue la motivación, los camarógrafos no recibieron un céntimo por el material, como algunos afirman. Esas son fake news.   

Usted aborda en seis capítulos la historia de ese enclave. ¿Cómo se explica el desarrollo de este hombre, que huyó de Alemania acusado de pederastia y se convirtió en torturador ayudante de Pinochet? Algunos medios dicen que fue parte de las juventudes hitlerianas. 

Schäfer y sus hermanos eran parte de un grupo juvenil evangélico en Siegburg, cerca de Bonn, no fueron parte de las juventudes hitlerianas porque la familia completa rechazó a los nazis. Tras la Segunda Guerra Mundial, en donde Paul Schäfer fue camillero, él votó por la socialdemocracia, como reportó un viejo amigo suyo. No era un nazi, y tampoco era ese su motivo para viajar a Chile. La idea era estar tan lejos de la capital, de grandes ciudades, para construir su paraíso pederasta, lo que logró hacer. Pero una y otra vez hubo interferencias de la Justicia chilena, como las investigaciones en 1967, tras la fuga de Wolfgang Kneese. Pero lo salvó el presidente de la Policía chilena, era un amigo de la colonia que era invitado regularmente a comer chucrut. El decidió que Wolfgang Kneese, que reportó sobre las violaciones, torturas y abusos que había sufrido desde su infancia, era un mentiroso. Todas esas relaciones le sirvieron a Schäfer para proteger su paraíso pederasta. Para eso utilizó también el trabajo social con el hospital, que era muy bueno, famoso y concurrido. Pero lo que no se sabe es que era financiado por el Estado chileno hasta en un 80%. Ese hospital lo utilizó Schäfer como un escudo humano para seguir con sus actividades. 

¿Porqué provocó tanto temor entre los colonos la llegada de Salvador Allende?

Hasta un 90% de los viejos colonos que llegaron a Chile provenientes de Alemania eran refugiados tras la Segunda Guerra Mundial, que venían del este, de los territorios ocupados. En países como Polonia, Rumania, la antigua Prusia Oriental. Tenían pavor de que el comunismo los alcanzara de nuevo, ahora en Chile. Lo vivido en 1944 y 1945 en Alemania fue lo que alimentó ese anticomunismo histérico, que compartían con los militares. Tras la elección de Allende decidieron trabajar activamente para derrocarlo. Por eso, a partir de 1972 Schäfer comenzó a invitar a los líderes del Frente Nacionalista Patria y Libertad (FNPL), entre ellos a Roberto Thieme, pero también a altos oficiales militares, a líderes empresariales, grandes empresarios agrícolas, para deliberar juntos cómo se podía derrocar al régimen con el uso de violencia. Fueron los primeros planes de un golpe militar. Y por ello, la entrevista con Roberto Thieme es muy valiosa desde el punto de vista historiográfico. Queríamos presentar un panorama amplio y profundo de esta larga historia de Colonia Dignidad. No queríamos una imagen parcial, no queríamos hablar exclusivamente con las víctimas. Porque una panorámica completa se obtiene solo si se habla también con los perpetradores. Es decir, si se puede mirar en sus cabezas, y en eso nos ayudó gente como Thieme.  

¿Porqué no entrevistó a Gerhard Mücke, el amigo más íntimo de Paul Schäfer, quien era también su suplente?  

Ese fue nuestro golpe más duro, porque el Sr. Mücke estaba dispuesto a hablar con nosotros desde la cárcel, pero el Ministerio de Justicia la prohibió, algo totalmente sorpresivo e inusual. Está permitido entrevistar a reclusos si éstos están de acuerdo. Logramos entrevistar al jefe financiero de Colonia Dignidad, Kurt Schnellenkamp, entrevistamos también a Günter Schaffrik, que era una generación de líderes más joven, pero fue durante años ayudante de Schäfer y por eso pertenecía al liderazgo.  Al que siempre quisimos entrevistar era a Gerhard Mücke, que se encuentra en la cárcel acusado de varios delitos.

¿Dónde se conocieron él y Schäfer?

Se hicieron amigos en su juventud, cuando todavía no había una misión. Schäfer era un trabajador social y trabajaba con menores en la localidad de Gartow, a orillas del río Elba. Ahí se conocieron. Mücke era confidente y el guardaespaldas principal de Paul Schäfer. Siempre estaba presente cuando llegaban invitados a comer cerdo asado con chucrut, estaba presente cuando los visitaban los senadores de distintos partidos, incluso socialistas, cuando llegaban los militares, cuando llegaba Pinochet, o el jefe de la DINA, Manuel Contreras, o el jefe de carabineros. Todos pasaban por ahí y se sentaban a la mesa con Schäfer, y Mücke siempre estaba presente. El sabe mucho. También participó, y de eso hay testigos, cuando la DINA comenzó la represión contra opositores desde Colonia Dignidad. Se le vio con un rifle de fuego rápido en Parral, cuando fueron arrestados opositores. Incluso estuvo presente durante los fusilamientos en la Colonia. No creo que él mismo haya disparado, pero él los organizó junto con la DINA. Mücke tenía una habitación sobre una bodega de papas subterránea en donde se realizaban torturas. 

¿Cómo lo convenció para ser entrevistado?

A fines de 2018, dijo estar dispuesto a conversar con nosotros, tras la mediación de su esposa, que continuamente está en contacto con él. Esto fue para nosotros un parteaguas en ese momento. Volvimos a preguntar a principios de 2019 y él confirmó. Dijo: "Sí señor, les daré la entrevista, voy a hablar con ustedes y a dar una entrevista en la cárcel de Cauquenes". 

¿Y qué fué lo que pasó?

Estábamos en contacto con la Gendarmería, que son los responsables de las cárceles en Chile, y ellos nos habían confirmado que no había ningún problema, dado que el recluso había consentido en dar la entrevista. Ya estábamos de camino a Chile para hacer la entrevista cuando llegó una cancelación del Ministerio de Justicia. Eso fue el 27 de enero de 2019.  El contenido de la carta fue como un balde de agua fría. Leo el comunicado: "En relación a la solicitud de entrevista al interno Gerhard Mücke, informar a usted que ésta no fue autorizada atendiendo razones de seguridad institucional, potencial afectación a las víctimas del delito, y para salvaguardar la integridad física y psíquica del mismo interno”. Ese fue el mensaje un día antes de la entrevista. Fue firmado por el portavoz de prensa de la Gendarmería, que a su vez pertenece al Ministerio de Justicia. Y lo que yo me pregunto es ¿cuál es la razón?

¿No quieren que se hable de la dictadura de Pinochet? 

No veo ningún otro motivo. Mücke es alguien que sabe mucho sobre los crímenes del Ejército chileno y de la DINA en Colonia Dignidad. Era una especie de enlace, y alguien que siempre estaba presente. Acompañó al comando especial del Ejército chileno durante los fusilamientos de personas que hoy en día siguen siendo consideradas desaparecidas. El podría identificar a los militares del Ejército chileno que formaban parte de este commando especial y que viven todavía, esto lo sé de una fuente segura, pero nadie quiere hablar de esto. Si Mücke habla podría ser peligroso para esta gente, incluso tendrían que enfrentar a la Justicia.     

¿Para quien más podría ser un peligro Mücke?

Para muchos amigos de la Colonia que todavía tienen poder en Chile. No sé si para el mismo ministro Hernán Larraín, ni si fue él quien prohibió la entrevista. Era una oportunidad única e histórica para saber la verdad sobre ciertos crímenes politicos cometidos durante la dictadura. Es una verdadera pena, y no sé por qué un Ministerio de Justicia tiene que asumir ese papel, evitar una entrevista como esta. Pero lo hicieron. 

Tras el estreno de la serie, una de las demandas en Chile es la renuncia de Larraín.

Larraín estuvo varias veces en Colonia Dignidad. Era uno de los amigos cercanos de Schäfer en esos años. No me puedo entrometer en la política chilena, pero por lo menos podría disculparse con los niños que estaban ahí cuando fue a pronunciar uno de sus discursos, cuando esos niños temían por su vida, tenían miedo de no poder salir de ahí, porque los tenían escondidos y ni la policía los podía encontrar. Me parece muy frío, y es una pena que no se disculpe por lo menos. También me parece grave que su ministerio, que se llama de Justicia y Derechos Humanos, nos haya prohibido la entrevista con el brazo derecho de Schäfer. Esa es una pregunta importante para los chilenos. 

Se dice que unas doscientas personas, colonos de Colonia Dignidad, fueron indemnizadas con unos 10 mil euros cada una por parte del gobierno alemán. ¿Es suficiente para resarcir el daño que han sufrido?

No, no es suficiente. No se trata solo de indemnizar a las víctimas que sufrieron torturas físicas y psíquicas, porque no solo los presos politicos chilenos fueron torturados con choques eléctricos, sino los propios colonos, para que olvidaran ciertas cosas, o para que obedecieran. Paul Schäfer y su gente fueron la fuente de conocimiento en materia de tortura con la aplicación de choques eléctricos a su propia gente. Eso ya es grave. Pero todos los colonos han trabajado durante por lo menos 35 años y no recibieron nunca un peso de salario. Considerando esto, la indemnización es ridícula. También sería necesario indemnizar a las víctimas chilenas, porque fueron ciudadanos alemanes los que cometieron esos crímenes.