Política

Director Criteria: “Este es el momento donde el liderazgo de Macaya está realmente a prueba”

Por Paula Valenzuela
Cristián Valdivieso, en entrevista con T13.CL, afirma que la derecha debe llamar a los acuerdos, seguir en el centro político, para, dice, lograr éxito a largo plazo. En ese sentido, sostiene, los liderazgos adecuados para este momento son algunos como el de Javier Macaya, presidente de la UDI. “Chile Vamos tiene que avanzar decididamente en un proyecto más centrista y eso requiere un fuerte y convencido liderazgo”, asegura.

El director y fundador de Criteria, Cristián Valdivieso, analiza el escenario político post plebiscito y, sobre todo, la tensión que enfrenta por estas semanas Chile Vamos. También comenta que la reaparición del expresidente Piñera fue algo apresurada.

Por un lado, Valdivieso dice que la centroderecha debe resolver la tensión que hay entre la mirada del mundo centro, con los Amarillos y los democratacristianos y, por otro, la mirada de la derecha dura, encarnada en los Republicanos.

Lo primero que deben tener claro los partidos políticos, recalca el psicólogo, es que ninguno debe sentir que el Rechazo fue su triunfo. “Creer que es un triunfo de  los partidos de Chile Vamos o que es un triunfo para ellos puede ser un arma de doble filo, porque los puede terminar afectando; es como interpretar que Boric, al ser el Presidente más votado en la historia, venía con un tremendo respaldo que se iba a sostener en el tiempo. Aquí hay muchos Rechazos que no se pueden encontrar rápidamente en una encuesta, los Rechazo son emocionales, no racionales. Entre otras cosas, hay un rechazo grande hacia la clase política que inventó ese proceso y que fracasó. Y esa clase política los incluye a todos”, dice de entrada.

—Pero igualmente Chile Vamos es el conglomerado de la centroderecha con mayor peso parlamentario, por tanto, deben enfrentar las negociaciones del nuevo proceso constituyente. ¿Cómo se administra ese 62% del Rechazo?

—Resuelto el tema de la identificación del triunfo, Chile Vamos debe zanjar su tensión entre quienes están en su derecha y quienes están a su izquierda, es decir, aquel mundo que estuvo por el Rechazo -los Amarrillos y democratacristianos, centroizquierda incluso- y los que votaron Rechazo en el plebiscito de entrada, incluidos los Republicanos. Esa tensión dice relación con un nuevo proceso constituyente: Chile Vamos debe resolver su tensión, las discrepancias entre el centro y la derecha del statu quo, la que apela a reformar lo que ya hay.

Chile Vamos esta semana volvió a postergar una definición unitaria sobre el mecanismo… ¿responde a esa tensión?

—Chile Vamos está ganando tiempo para resolver esa disputa interna, porque esa tensión está también al interior de Chile Vamos. Esa es una entre dos flancos: el flanco derecho, que son los Republicanos que dicen ‘bueno, hagamos modificaciones a la Constitución actual y listo, pero no nuevo proceso’, versus el mundo de centroizquierda que dice que hay que empujar un nuevo proceso constituyente. Esas tensiones que estuvieron por los bordes de Chile Vamos también están metidas dentro de Chile Vamos. Y eso suma dificultades resolutivas.

—La idea de instaurar un plebiscito de entrada y las distintas opiniones, ¿son síntoma de esa tensión? El análisis en los partidos es que en un nuevo plebiscito de entrada, el Rechazo político -centroderecha y centroizquierda- se dividiría y por ende se debilitaría…

—Claro, por eso creo que están ganando tiempo, tanto para sostener el viento a favor del Rechazo, y transformar el Rechazo en una oposición franca al gobierno, pero también porque internamente ellos no están resueltos. Si en Chile Vamos estuvieran resueltos, tendrían vocación de liderar el proceso, tendrían vocación de decir ‘esto es lo que queremos hacer, esto es lo que proponemos y esto es por lo que nos vamos a jugar’. Pero como no lo están evitan, por ejemplo, comprometerse con un mecanismo porque eso los divide, los divide por las dos alas del Rechazo, la derecha extrema, la centroizquierda y los Amarillos. Y también divide dentro de ellos, porque en RN no hay una sola voz, en la UDI tampoco hay una sola voz.

—El análisis dentro de los partidos también es que las encuestas a favor de una comisión de expertos al mando de la redacción de la nueva Constitución pone freno al tono sobre impulsar estos cambios en el proceso 2.0…

—Hoy la gente está demandando un comité de expertos más por la crítica y una frustración con el proceso que porque considere que efectivamente eso va a ser lo más representativo. Por eso la demanda por expertos también hay que mirarla con ojo político, de mediano y largo plazo. Hoy puede ser una solución rápida y fácil para cuidar ciertos bordes, pero, al mismo tiempo, puede ser una trampa en la medida que, cuando aparezcan los expertos, en simultáneo aparecerá una historia sobre quiénes son los expertos, que los expertos tienen universidad de elite, que han trabajado para distintas empresas, que han ido a ciertos colegios, y ahí, bueno, es posible que vuelva a generarse otra frustración a partir de una manera de que los expertos eran los impolutos y ahora pasen a ser los malditos. Así como los independientes antes eran los buenos. Entonces, ojo ahí, porque a veces lo que las encuestas puedan mostrar un momento muy particular de la opinión pública y una mirada muy cortoplacista en términos políticos.

¿Este nuevo proceso constituyente es una buena oportunidad para que delineen de manera más clara el proyecto político de Chile Vamos?

—Es una oportunidad, sí, para que delineen el proyecto político y que, por fin, se transparenten con más claridad las dos derechas. La derecha republicana -hay pedazos de Chile Vamos que están por ahí- y la derecha del centro, que quiere un proyecto político en sintonía con lo que expresaron, alguna vez, los propios candidatos presidenciales de Chile Vamos: Ignacio Briones, Mario Desbordes, Joaquín Lavín, Sebastián Sichel, etc. Ahí está la tensión y al querer ganar tiempo se genera el riesgo de que pronto el gobierno entienda que hoy su rol ya no es tratar de incidir en el proceso sino más bien empezar a gobernar. Esto va a quedar en una discusión de los partidos políticos y, la derecha, mientras no resuelva su problema, también queda hoy a merced de la izquierda, que, con buenos argumentos, los impugnará por no cumplir sus compromisos, por impostores, por querer escamotear un proceso constituyente al país. Es una tensión compleja que no se revuelve tan fácil porque hay muy buenos incentivos para postergar, pero también hay buenos incentivos para avanzar.

—¿La aparición de Sebastián Piñera ayuda o dificulta en esta tensión? Diputados RN al menos en privado mostraron discrepancias por su retorno a la opinión pública…

—Todo eso es parte de una lectura apresurada de los resultados del plebiscito o de sentirse dueños de un resultado que la gente no se los ha entregado. De pronto el sobre entusiasmo, ese volver a hacer como que nada pase y que vuelvan a salir sus figuras, y que se vuelvan tan incidentes -lo que deja poco espacio al mundo de la centroizquierda, los Amarillos y a los otros que también fueron parte de este mismo proceso, aquellos que efectivamente dieron más la cara- puede darle espacio al mundo del Apruebo para impugnar a esta derecha como la ‘impostora’. Por eso digo que hay riesgos tanto en acelerarse como en frenarse. El riesgo de acelerarse sería no resolver el problema político que tienen adentro y el riesgo de frenarse es que ellos, una vez más, pueden ser quienes se oponen a todos los cambios y de alguna manera la izquierda y el gobierno empiece a encontrar un argumento para impugnar a esta derecha; desenmascarándola, si se quiere, hablando de la impostura y de la gran máscara con la que se presentaron ante la ciudadanía y que hoy se la sacan. Mi opinión es que Chile Vamos tiene que avanzar decididamente en un proyecto más centrista y eso requiere un fuerte y convencido liderazgo.

T13
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—O sea, la reaparición del expresidente no ayudaría mucho…

—Si Piñera no hubiese aparecido inmediatamente luego del triunfo del Rechazo se hubiese entendido su silencio previo, pero hoy es fácil articular un relato que sitúa a un Piñera que estuvo escondido para blanquear una turbia puesta en escena de la derecha. Como Piñera es un expresidente que polariza y que, por tanto, aglutina a la izquierda en contra de (Piñera y su gobierno), el hecho de que haya salido tan rápidamente, o que tenga tanta visibilidad, va a ser un motivo para articular un imaginario de una derecha que se escondió, que decía que quería los cambios, que decía que los empujaría, que decía que quería “una mejor”, y hoy aparece como una derecha que quiere volver a que aparezcan sus caras históricas y borrando con el codo lo que escribió con la mano. Un gatopardismo peligroso. Le diría a la derecha que tenga mucho ojo ahí, porque Piñera puede ayudar a la izquierda a asentar el relato de una derecha impostora. La calle no tiene una ideología particular ni se compromete con la izquierda, pero tampoco se compromete con la derecha. Lo que hace la calle es expresar malestar, molestia y además es muy voluble y esa es la opinión pública, muy sensible al engaño, muy sensible a la mentira, por eso la derecha debe tener mucho ojo con lo que está haciendo.

—¿Cómo ves, en ese sentido, el rol de liderazgos dialogantes como Javier Macaya, presidente de la UDI?

—Hay liderazgos que han emergido como el de Javier Macaya, como el de Álvaro Elizalde y el de Raúl Soto, que son sumamente destacables, dialogantes, que están buscando generar los acuerdos y Javier Macaya, yo creo, está tensionado ante lo que él aspira y a las tensiones internas, a los conflictos, a los intereses y a las agendas internas, pero claramente él debiera insistir, seguir en el rol que ha tenido hasta ahora, porque la ciudadanía quiere ver grandes acuerdos. Este es el momento donde el liderazgo de Macaya está realmente a prueba. Entonces si pareciera ser que de pronto alguien se quiere llevar la pelota para la casa, y eso no es un acuerdo sino más bien un burdo intento por adueñarse del triunfo y escamotear la posibilidad de generar un nuevo proceso constituyente, hoy día a lo mejor en el corto plazo va a rendir, pero en el mediano y en el largo eso puede ser un boomerang para la derecha en primer término y para la clase política en general.