Halving de 2024 un año después: qué cambió en la oferta y en la narrativa de bitcoin
Halving un año después
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De la matemática del código a la nueva escasez: así cambió la oferta
El cuarto halving de Bitcoin llegó el 19 de abril del pasado año y redujo la recompensa del bloque de 6,25 a 3,125 BTC, cumpliendo el calendario grabado en el protocolo desde 2009. Esto supone una reducción diaria de emisión de 900 a unas 450, la mitad de nuevo suministro entrando al mercado cada día. En términos de inflación, la tasa anual de creación de nuevos bitcoins se acercó aún más a la del oro e incluso estuvo por debajo en algunos momentos.
Este ajuste de oferta es la esencia de los halvings: una serie de recortes automáticos cada 210.000 bloques que seguirá hasta aproximarse al tope máximo de 21 millones de BTC. Después de 2024, el stock to flow se volvió más agresivo, reforzando la idea de Bitcoin como un activo cada vez más escaso.
Para los mineros, el 2025 ha sido de todo menos cómodo. La mitad de ingresos en BTC ha obligado a muchas operaciones con altos costes energéticos o hardware antiguo a desconectarse o fusionarse con actores más eficientes. Se consolida el sector, con centros de datos migrando hacia regiones con energía más barata y una carrera por los ASIC más modernos. Aun así, el hashrate acabó recuperándose, una señal de que el negocio sigue siendo viable.
Para el inversor medio, la parte técnica pasa desapercibida. Lo que ve es que el flujo de monedas nuevas que pueden llegar a los exchanges es menor y que, si la demanda se mantiene o crece, la presión natural debería ser alcista. Pero esta vez el mercado demostró que la historia no se repite siempre y que ya no basta con mirar el calendario de halvings para anticipar el precio.
Un mercado más institucional
Una diferencia respecto a halvings anteriores es que este coincidió con la llegada de los ETF spot de Bitcoin en Estados Unidos. Desde enero de 2024, estos vehículos canalizaron más de 50.000 millones de dólares hacia BTC. Para mediados de 2025, el IBIT acumulaba más de 700.000 BTC bajo gestión, en torno al 3,3% de la oferta en circulación.
Ese apetito institucional supuso un adelanto del rally, llevando al Bitcoin a máximos históricos antes del halving. Además, cambió quién manda en el flujo diario: ahora los ETF compran varios miles de BTC en sesiones e fuerte entrada, absorbiendo con facilidad la emisión de los mineros.
Sin embargo, mirando el rendimiento de los meses posteriores al halving, los números son más modestos que en ciclos anteriores. Los análisis sitúan la subida de BTC entre un 50 y un 70% interanual, con picos de más de 100.000 dólares. En comparación, las revalorizaciones en halvings anteriores llegaron incluso a miles por ciento.
Detrás de esta reacción tan tibia, hay varios motivos. Uno de los más relevantes es que gran parte de la subida se produjo antes del recorte de suministro, descontando el evento. Por otro, Bitcoin es un activo más grande y líquido, por lo que mover el precio de un ecosistema que ha llegado a superar los dos billones de dólares de capitalización es más difícil que hacerlo cuando apenas era un experimento. Además, el entorno macro ofreció alternativas atractivas al inversor que buscaba refugio.
En esta situación, el perfil del comprador también ha cambiado. Muchos particulares siguen llegando a Bitcoin buscando entender primero qué es BTC, lo que demuestra que aún los minoristas tienen muchas dudas sobre el producto y están experimentando con él. Sin embargo, la mayor parte del volumen ahora se concentra en gestores de patrimonio, fondos y empresas cotizadas que apuestan por él como parte de una estrategia macro.
Oro digital, ciclo más lento y papel de los derivados
Todo esto ha moldeado una narrativa distinta. Ahora el Bitcoin se ve menos como una lotería y más como un activo macro con ciclos propios. Informes de grandes bancos ya hablan de consolidación y adopción institucional medianamente sostenida, pero también de expectativas más realistas para los próximos años.
La etiqueta de “oro digital” sale reforzada y cuestionada a la vez. Se refuerza porque la escasez programada y la reducción de la inflación de BTC siguen siendo argumentos potentes. Al mismo tiempo, cuestionada porque, en la práctica, su comportamiento sigue correlacionando con activos de riesgo, y no siempre ha actuado como refugio en momentos de estrés.
Otra diferencia es la sofisticación del ecosistema. Alrededor de bitcoin han crecido productos derivados, préstamos, opciones y futuros regulados, además de toda la oferta en plataformas cripto nativas. Una parte de los nuevos participantes no compra y guarda monedas en frío, sino que prefiere exposición táctica a corto plazo. Algunos lo hacen a través de futuros de bolsa; otros, en el mundo de la intermediación financiera tradicional, utilizan contratos por diferencia ligados al precio de BTC, similares a los que se usan en divisas o índices. En ese universo es donde suelen aparecer instrumentos como el forex CFD, que permiten operar con apalancamiento pero también elevan el riesgo de pérdidas rápidas si el mercado se mueve en contra.
Este aumento de opciones ha traído consigo un mensaje que se repite tanto en documentos de analistas como en los disclaimers de los propios ETF: Bitcoin sigue siendo un activo extremadamente volátil y especulativo, no apto para todos los perfiles. Entender sus fundamentos se vuelve imprescindible antes de decidir si tiene sentido incorporarlo, y en qué dosis, a una estrategia de inversión o de trading.
