Lunes 8 de mayo, 17:00 horas en el hemiciclo de la Cámara Baja. El diputado republicano José Carlos Meza se sienta en su pupitre y se demora unos minutos más de lo usual en comenzar su labor legislativa. El día anterior, el Partido Republicano había triunfado de manera arrolladora en la elección del Consejo Constitucional. A Meza se le acercan a saludar varios de sus pares, hasta parlamentarios de izquierda llegan hasta su puesto y lo felicitan. A su lado estaban otros republicanos con los que se sienta cerca: Benjamín Moreno, Luis Fernando Sánchez, Agustín Romero y Mauricio Ojeda, quienes comienzan a sonreír ante las constantes felicitaciones. En su humor ya conocido por sus pares, el diputado Meza se para y comienza a contar a los parlamentarios de la bancada. “1, 2, 3… veo a los mismos 12 diputados de siempre”, dice, aludiendo al número de republicanos representantes allí.

A los republicanos no les había pasado antes “esto de tener una entrada triunfal” a la Cámara, cuentan hoy. Por eso, las palabras de Meza respondían a la necesidad de que los parlamentarios del partido entonces siguieran con “los pies en la tierra”, tal como ya lo había pedido su líder José Antonio Kast la noche anterior, cuando señaló que “no hay nada que celebrar”.

Pero para los dirigentes no ha sido fácil mantener ese “mood” humilde, porque los números hablan por sí solos: los republicanos obtuvieron 23 consejeros electos. Al principio de la campaña esperaban tres, después pasaron por 8 y al final pensaban que serían 15. Todo esto en el contexto de que estos fueron unos comicios homólogos del Senado, donde en 2021 solo lograron ganar un escaño incluso cuando José Antonio Kast ganó la primera vuelta presidencial.

El llamado a mantener esa mesura ante el triunfo, además, se debe al análisis que ya planteaba -medio en broma, medio en serio- el diputado Meza: la correlación de fuerzas del gobierno y del Parlamento no ha cambiado. Y aún quedan tres años para una próxima elección.

Desde ese episodio ya han pasado casi dos semanas. Y todo lo que ha ido sucediendo post elecciones, según lo describen los propios republicanos, ha sido una “locura”: la fama de Luis Silva —el consejero más votado del país— y su polémica entrevista en DF Más, las palabras de Johannes Kaiser señalando que “no firmaron” las 12 bases constitucionales del nuevo proceso y una que otra declaración pública de consejeros como Claudia Mac-Lean, o, incluso, las acusaciones de acoso a Aldo Sanhueza (Biobío), quien terminó renunciando a su militancia.
 

“Siempre estábamos buscando los micrófonos, nos costaba llegar a ellos —y teníamos reglas para utilizarlos— y de repente te ponen un megáfono”, dice un republicano intentando explicar el momento que viven.

Por lo mismo, durante estos días, la directiva del Partido Republicano —liderada por Arturo Squella— ha estado trabajando a diario en el nuevo plan comunicacional, en aunar posturas entre sus nuevas figuras de cara al inicio del funcionamiento del Consejo Constitucional el próximo 7 de mayo.

La disciplina como motor de la acción política

Durante el cónclave político de los republicanos en Casablanca —tres días después de la elección del 7 de mayo— se abordaron distintas materias. Los parlamentarios y consejeros pudieron conversar sobre los roles y tareas que se vienen. La gran conclusión de ese encuentro fue cómo la fórmula de la disciplina ha sido exitosa. ¿El ejemplo central? La bancada de diputados del Partido Republicano.

El crecimiento explosivo de la colectividad, en ese sentido, se ilustra con su comité parlamentario, pues, explicaron en esa jornada, la elección de entonces 15 diputados y 1 senador significó un periodo de ajustes mayor que se daba en un contexto quizás más complejo que los comicios constitucionales. En la colectividad sostienen que en 2021 —en la elección parlamentaria— el equipo estaba 100% concentrado en la candidatura presidencial de José Antonio Kast y que cada candidato en ese entonces “hizo campaña como pudo”. Además, subrayan, no muchos de los diputados electos militaban o tenían una vida partidaria activa. Eso es distinto esta vez. Los esfuerzos estuvieron 100% destinados a sus candidatos en la lista única del Partido Republicano de Chile. Y, enfatizan, existe una gran característica que, dicen, hará la diferencia: todos son militantes, a raíz de la exigencia legislativa. Y todos los consejeros electos, afirman, tienen una adhesión al ideario republicano desde hace ya un buen tiempo.

Por eso, señalan, la recomendación a los consejeros fue una: sigan el ejemplo de los diputados republicanos. Esto es: conversar intensamente sobre los momentos políticos y acciones a seguir —pero en privado—; se debate, se vota internamente y, de ese ejercicio, entonces, resulta una decisión común, única del grupo, que todos transmiten públicamente de manera granítica. Aunque aquello, muchas veces, signifique que el mensajero no haya pensado desde el principio lo que dice.

En ese contexto es que desde las voces más experimentadas del partido sugirieron a los consejeros electos que, mientras no definan las materias constitucionales ideales del Partido Republicano, eviten opinar públicamente al respecto para evitar, así, cualquier tipo de desorden. Por eso, durante estos últimos días bajó la exposición mediática de los dirigentes republicanos. “Se ha dicho mucho que nos mandaron a callar a todos y es absurdo, fue un acuerdo que tomamos entre todos, de cuidar mucho las interlocuciones...”, comenta en privado un consejero.

Eso sí, un comité de instalación del Consejo Constitucional —compuesto por Sebastián Figueroa, Luis Silva, Antonio Barchiesi, María Gatica, Ninoska Payauna, Ángeles López, Patricia Spoerer, Jorge Ossandón y Carlos Solar— ha estado desarrollando las bajadas del grupo, los roles, las vocerías, en fin, y también dando declaraciones precisas a la prensa.

Asimismo, en la colectividad ponen sobre la mesa que la Comisión Experta del proceso constitucional aún no termina su labor, y por tanto, los consejeros no se reúnen todavía para ver en detalle el anteproyecto constitucional. El plan es que, una vez que ese proceso culmine, aborden aquellas materias con su representante en dicha instancia, Carlos Frontaura —“el más dogmático de todos”—, para ver qué camino seguir. Hasta ahora, insisten: “La prudencia nos invita a no tomar posiciones aún”.

Por lo pronto, esta semana, el exconvencional Evópoli Hernán Larraín Matte sostuvo, en entrevista con T13.cl, que “el plebiscito puede ser sobre la Constitución de los expertos, y no la de Boric, Kast o Pinochet. Los Republicanos tienen la palabra”. En privado, los republicanos miraron con buenos ojos la idea, pero discreparon del timing de instalar esta tesis.
 


El test de gobernabilidad

Justamente la recomendación de la “disciplina” y de mantener sus posturas alineadas es parte de cumplir las expectativas que se han construido en torno al llamado “test de gobernabilidad” que tendrá que aprobar —o no— el Partido Republicano en el Consejo Constitucional. Y en la colectividad dicen estar conscientes de aquello en cuanto a la “gobernanza” del proceso, de construir acuerdos, mantener una coordinación y, por sobre todo, sostienen, no dar excusas para que se genere un sentimiento en contra de este segundo texto constitucional.

Así incluso lo transmitió el domingo pasado el líder Kast, en entrevista con La Tercera: “Esperamos que la nueva propuesta deje conforme a la mayoría de los chilenos, no a la mayoría del Partido Republicano”, señaló.

En ese sentido, el sorpresivo triunfo republicano también obligó a repensar la estrategia. Al interior de la colectividad admiten que este resultado provocó que a todos los consejeros les cambiara el escenario, pues, dicen, los candidatos tenían en otra lógica antes de la elección del 7 de mayo: iban a “participar” del Consejo Constitucional, a defender ciertas ideas y no a liderarlo, como, subrayan, tiene que ocurrir hoy.
 

“Hemos sido un partido exitoso, pero ahora con guitarra vamos a demostrar lo que somos capaces de hacer y la capacidad que tengamos de gobernar”, reflexiona un dirigente republicano. Por eso, relevan, en este periodo “el cuidado de las formas es fundamental”. No solo eso, a estas alturas, repiten varias veces que no pueden cometer los mismos errores de la izquierda en el primer proceso constituyente.

Bien saben, por lo demás, que los ojos están puestos en Kast como eventual Presidente de la República en el próximo periodo. “El desafío que nos hemos planteado es construir una alternativa a este gobierno y no la puede construir republicanos solo. Es mucho más amplia, tiene que considerar en su momentos las ideas, los proyectos y las propuestas de Chile Vamos y también de sectores de centro”, dijo el estratega republicano Cristián Valenzuela el viernes 12 de mayo, en La Segunda.

Johannes Kaiser, en Tele13 Noche, por su parte, este jueves señaló que “naturalmente que si sale bien (la nueva Constitución) es un impulso para su candidatura, pero no hay que olvidar una cosa: no es José Antonio Kast el que está escribiendo esta Constitución".

Así como también en la colectividad se encargan de remarcar que no serán los únicos de los que dependerá la gobernanza al interior del Consejo Constitucional, pues Chile Vamos y Unidad para Chile también deberán hacer lo suyo y ceder.

En el partido ya prevén que, si como Partido Republicano son “prácticos” y “dialogantes”, incluso se podrían alinear con los socialistas. No así, piensan, con el bloque de Apruebo Dignidad, porque, creen, este grupo político podría provocar más de una diferencia. 

¿Tensión entre conservadores y liberales?

Con el resguardo de que los consejeros aún no definen su “propuesta constitucional ideal”, ya se avizoran algunas fuerzas en el partido —incluso en el Parlamento— que ponen en debate interno algunas ideas: ¿cuánto podrán discutir los llamados “temas valóricos”?

Un dirigente lo ilustra así: ¿quién dice que es de minorías que en la Constitución se establezca que se respeta “el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural”?

Respecto a ese debate —el aborto sobre todo— ya se han dado algunas luces. Luis Silva, en el programa Semana Política de T13 En Vivo, dijo que este consejo “no es la instancia para abocarse a discusiones valóricas”. Kaiser, en tanto, sostuvo que ese es un tema que deberán definir los consejeros y reconoció que es un tópico que “aún no está zanjado”.

Entre parlamentarios republicanos, por ejemplo, se comentaron unas declaraciones del senador socialista Fidel Espinoza, en el programa Sin Filtros, luego de las elecciones. “3,4 millones de votos perdimos (…) el mundo evangélico, gente que vota centroizquierda en mi región me decía ‘esta vez no podemos estar con usted, don Fidel, porque nos metieron el tema del aborto”, dijo al realizar una autocrítica por el proceso anterior y los resultados de los comicios del 7 de mayo.

En el cónclave, dicen, abordaron este tema. Y un presente ejemplificó con la discusión que dio Jaime Guzmán en la Comisión Ortúzar. El senador UDI entonces, recordaron, sugirió no definir el concepto de familia, porque, advirtió, estos van evolucionando con el tiempo; y no por eso seremos menos “profamilia”. El abogado y columnista republicano, Emiliano García, lo aborda en entrevista con T13.cl: “Cuando revisamos las actas de la Comisión Ortúzar, había gente que estaba por el aborto. Y el problema fue cómo definimos esto. La Constitución establece que se protege la vida del que está por nacer, pero eso no tiene hoy un correlato, porque existe el aborto en tres causales”.

No obstante, hay dirigentes que están conscientes de que esto puede ser un punto de tensión o discusión. Algunos recuerdan además que Ruth Hurtado —secretaria general del partido— fue la única en oponerse en la Convención Constitucional en la votación en Sala de dicha instancia al momento de definir si “el derecho a la vida” en el texto era suficiente a secas.

Otro dirigente acota que no piensan consignar una prohibición del aborto en la nueva Constitución, así como tampoco podrán aceptar que se promueva por ejemplo el aborto libre. “Si yo quiero cambiar eso el día de mañana, bueno, tendré que tener mayorías en el Congreso. No requiero una discusión constitucional para eso. Ahora, si la izquierda corre el cerco claro que se pondrá más pesado y ahí tendrán que bancarse las diferencias”, explican.

El columnista García, por ejemplo, es categórico en entrevosta con t13.cl y afirma que en el Consejo Constitucional no se juegan los principios republicanos.

En ese sentido, en el partido coinciden en que esta vez la clave será una buena mezcla entre respetar principios y aplicar “estrategia política”. Advierten, será un desafío porque, dice en frío un dirigente, “la base se quiere mantener pura y casta y los dirigentes políticos en la mayoría ya no se pueden mantener tan puros y tan castos”.

Los líderes republicanos son taxativos en señalar que es imposible en que estas tensiones naturales los hagan llegar divididos dentro del partido al plebiscito de diciembre, porque, enfatizan, la disciplina es su gran valor. Y, eso sí, no lo niegan... escribir para mayorías puede traer costos internos.

Por ahora, en la colectividad afirman que conservadores y liberales se entienden bien y que su acuerdo está bien cimentado y que, probablemente, la tensión se dé en los tonos y en la estrategia política, no en los dogmas.

Un ejemplo de aquello son los dichos de Kaiser sobre los bordes, pues, en privado, en el partido manifestaron estar de acuerdo con las palabras del diputado, no así con el tono ni el timing. Ninguno de nosotros ha pensado saltarse los bordes, ni Kaiser, lo que nosotros vamos a hacer es aguar los bordes”, afirma otro republicano.

Otros dirigentes sostienen que lo central será dotar de contenido esas doce bases constitucionales ya escritas. ¿Cuánto y en qué ceder? Eso es lo principal, dicen, pero, advierten, se irá definiendo según las tratativas que lleven adelante los nuevos protagonistas del partido.

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