Primero barrendero, luego sindicalista, después presidente de un club de tercera división y ahora, a sus 49 años, máxima autoridad del fútbol argentino.

Se llama Claudio. Se apellida Tapia. Le dicen "Chiqui".

Y fue elegido este miércoles presidente de la Asociación de Fútbol de Argentina (AFA), una institución en crisis que desde hace meses estaba siendo gestionada por una "Comisión Normalizadora" creada por la FIFA.

A ello hay que sumar que el martes, la selección argentina ?que cuenta con un plantel de lujo? perdió ante la modesta Bolivia y quedó en zona de repechaje en la clasificación al Mundial de Rusia 2018.

Solo una vez Argentina, país donde el fútbol es religión, quedó fuera de un Mundial, en 1970.

Horas antes de la derrota, el símbolo y capitán del equipo, Lionel Messi, fue sancionado por la FIFA después de que se conoció un video en el que parecía insultar al árbitro del partido contra Chile la semana pasada.

Argentina gana el 88% de los partidos con Messi. Sin él, el 33%.

Y el jugador del Barcelona se perderá tres de los cuatro partidos que restan de eliminatorias mundialistas.

A menos de que Tapia, un hábil negociador, logre reducir la sanción ante el Comité de Apelaciones del organismo rector del fútbol mundial.

Pero ese es solo uno más de los retos que "Chiqui" enfrenta.

Primero, el fútbol

La siguiente interrogante es si Tapia apoyará o no a Edgardo Bauza, cuestionado director técnico de la selección.

"A mí no me tuerce nada", dijo Bauza, quien fue nombrado el año pasado, a mitad de ciclo de Eliminatorias, por la comisión que dirigió la AFA de manera transitoria durante los últimos años.

Su nombramiento no respondió a la voluntad del sector que lidera Tapia, sino a la del presentador de televisión Marcelo Tinelli, vicepresidente del equipo que Bauza sacó campeón de la Copa Libertadores en 2014, San Lorenzo de Almagro.

Tinelli retiró su candidatura a la presidencia de la AFA al no reunir la cantidad de votos que Tapia sí garantizó, pero negoció para quedarse como presidente de la Comisión de Selecciones Nacionales, vínculo entre la Asociación y los equipos nacionales.

El reto, ahí, tampoco es menor: la selección sub17 acaba de quedar eliminada en primera ronda del Sudamericano de Chile y la sub20 se clasificó por un milagro al Mundial de Corea del Sur; la continuidad de su técnico, Claudio Úbeda, está por definirse.

"Vamos a volver a poner de pie a la Asociación del Fútbol Argentino", tuiteó Tapia antes de la elección simbólica en la que se le eligió para el cargo.

Poder desde abajo

Tapia es presidente del Barracas Central, un equipo del sur de Buenos Aires que le permitió construir poder en el complejo entramado del Ascenso, un esquema del que dependen una decena de torneos y casi 200 clubes semiprofesionales que no pertenecen a la Primera División.

Dejó a temprana edad su natal San Juan, en los Andes argentinos, aunque la visita con frecuencia.

En Buenos Aires, mientras jugaba con el Barracas, recolectaba basura para Manliba, una empresa de la familia del presidente Mauricio Macri.

Se vinculó desde joven al sindicalismo, un sector poderoso en la política y el fútbol argentinos.

Y en el sindicato de camioneros conoció a su esposa Paola, hija de Hugo Moyano, uno de los dirigentes sindicales más importantes del país y presidente del club Independiente.

De la mano de Moyano, "Chiqui" construyó la red de alianzas que este miércoles le garantizó la presidencia de la AFA; tan bien lo hizo que fue el único candidato.

La justicia investiga una denuncia de la legisladora Graciela Ocaña, quien acusa a Tapia y Moyano de "amasar una fortuna que no encuentra justificación" y de "clientelismo" en la gestión de Ceamse, una empresa pública recolectora de basura en la que "Chiqui" es dirigente.

BBC Mundo intentó comunicarse con la AFA pero fue imposible hablar con Tapia. Allegados suyos han declarado a medios locales que las acusaciones son "infundadas" y "no tienen sustento jurídico".

En los zapatos de Grondona

Muchos ven en Tapia un perfil como el de Julio Grondona, presidente de la AFA por 35 años, entre otras porque ambos llegaron a la presidencia sin oposición.

La ausencia de Grondona, que murió en 2014, es considerada el detonante de la crisis del fútbol argentino, pero al tiempo su figura ?de todopoderoso y mecenas de equipos chicos? es vista como la fuente del problema.

En 2015, Grondona fue considerado por la justica estadounidense como el "conspirador número 1" de una red de corrupción en la FIFA, de la que fue vicepresidente por 25 años.

"Tapia es un pragmático como Grondona, que puede tener límites, pero siempre se adapta", le dice a BBC Mundo Ariel Borenstein, documentalista y periodista que escribió "Don Julio", una biografía de Grondona.

Tapia ha pactado con el gobierno de Macri dos elementos que pueden ser fuentes de tensión entre los equipos del Ascenso que representa.

Por un lado, acordó con el fin de Fútbol Para Todos, el proyecto instaurado por Cristina Kirchner de financiación estatal del fútbol a través de la televisación por cadenas públicas.

Por el otro, pactó la creación de la Superliga, un proyecto de Macri que busca desligar la primera división de los otros torneos inferiores.

Ambas cosas parecen llevar a la privatización del fútbol y a la reducción de ingresos para los equipos chicos.

Pese a esto, Tapia no perdió avales en el Ascenso.

"Con lo bueno y con lo malo, el nombramiento de Tapia refleja cómo se hace política en Argentina", le dice a BBC Mundo el periodista deportivo Ezequiel Fernández Moores.

"Ha tenido la paciencia de trabajar el apoyo y el poder político", explica.

Renovación o más de lo mismo, Tapia marca una nueva etapa para el fútbol argentino. "Triunfos" es la palabra clave.

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