En Japón, un tatuaje puede herir la sensibilidad.

Por ello se ha pedido a los jugadores de la próxima Copa Mundial de Rugby, que se disputa el próximo año en Japón, que oculten sus tatuajes.

Los deportistas tendrán que utilizar chalecos cuando estén en un gimnasio o una piscina para ocultarlos.

Los tatuajes son muy comunes entre los jugadores, sobre todo los que vienen de las islas en el Pacífico.

El director del torneo, Alan Gilpin, dijo que no ha habido objeciones de parte de los países.

"Cuando abordamos el asunto con los equipos hace más o menos un año, esperábamos una reacción de frustración de su parte, pero no se ha dado", expresó.

"Hemos hecho mucho en el último año con los equipos para que puedan entender esto".

"Usarán un rash-vest (un chaleco de nylon o spandex) en la piscina o el gimnasio por respeto a la cultura japonesa. La política es que ellos lo controlen voluntariamente".

Pero ¿cuál es el motivo?

En Japón, los tatuajes se asocian desde hace tiempo con la notoria organización criminal yakuza, y los turistas tatuados muchas veces pueden ser vetados de los tradicionales baños termales comunales, conocidos como onsens.

El destacado equipo de Nueva Zelanda, los All Blacks, confirmó que sus jugadores -muchos de los cuales tienen sus brazos completa o parcialmente tatuados- cumplirán la solicitud.

"Cuando uno de nuestros equipos está de gira nos esmeramos por respetar las costumbres y cultura locales, y esto no cambiará cuando visitemos Japón", dijo el director en jefe de rugby de Nueva Zelanda, Nigel Cass, al sitio de internet Stuff.

Relajar las reglas

En 2016, la agencia de turismo de Japón instó a los spas del país a que relajaran las reglas, señalando que hay grandes diferencias culturales entre cómo se interpretan los tatuajes en casa y en el extranjero.

La organización sugirió que los onsens y baños públicos ofrecieran cubiertas adhesivas para los tatuajes de los visitantes o que reservaran horas específicas durante el día en las que los tatuados puedan utilizar las instalaciones.

Una encuesta realizada en 2015 reveló que el 56% de los hoteles y hostales no permitía que los huéspedes tatuados utilizaran los baños comunes.

Los tatuajes no siempre han tenido esa imagen negativa en Japón. Es un arte milenario con connotaciones de espiritualidad y estatus.

Pero a partir de los años 60, los tatuajes quedaron identificados con la yakuza o mafia japonesa después de una serie de películas que mostraban a los pandilleros tatuados.

Se estima que la yakuza tiene unos 60.000 miembros.

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