Si la versión es cierta, Alexis y Marcelo Díaz casi se van a los combos en el camarín porque se pelearon por un tiro libre. Después, en los vestuarios, la mocha continuó porque el Niño Maravilla le reprochó que le pasaban poco la pelota y Díaz le contestó que en este equipo tenían que jugar todos, y que la soltara de vez en cuando.

En el mundo del fútbol el "secreto de camarín" es un código inviolable, y todo -en la alta competencia- parece más complicado de lo que realmente es: una pichanga millonaria donde lo que pasa en el barrio no dista mucho de lo que se dice y hace en los vestuarios más encopetados.

Antes de las grandes competencias siempre hay factores impredecibles y circuntancias que afectan. En la previa a la final del 98, una crisis del brasileño Ronaldo afectó de tal modo a su equipo que Francia los arrolló.

Lo concreto es que, pese a lo previsible del esquema y la táctica chilena, su entrenador sigue obsesionado con el secretismo, pese a que en el último amistoso ante El Salvador vimos más de lo mismo. Y que es poco probable que la tendencia se revierta en el debut ante Ecuador. Sampaoli compensa esa falta de sorpresa con una cuota increíble en cada cambio en la nómina. Se lesiona Puch y llama al Gato Silva; no se recupera Carmona y convoca a Chapita Fuenzalida. No hay lógica en todo eso no tendría por qué haberla: somos los que somos y no muchos más, y a estas alturas por más magia que haga el casildense no surgirá el hombre que, por sí solo, sea capaz de cambiarnos.

Siempre hay imprevistos que sacarán de quicio a nuestro estratega, que jamás sospechó que un avión le retrasaría la llegada de Arturo Vidal, mientras que su compañero Carlitos Tévez ya entrena con los argentinos. Cosas que pasan, no más, y en el barrio o el colegio el más bueno siempre llegaba al final, sobre el filo de la pichanga.

De cara al debut lo que más me seduce es el espectáculo previo, que promete ser una "fiesta de luces y colores". Más les vale. No podemos mostrarnos al mundo con puros petardos.

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