Dice Maradona que el entonces capitán de la selección argentina, Daniel Passarella, inventó la diarrea persistente que lo sacó del Mundial del 86 y que le impidió festejar como tal el título hace 30 años atrás. Dice también que lo ganaron los jugadores, porque el papel de Bilardo fue sobreestimado y que escuchaban la canción de Rocky y “Eclipse total del corazón” –de Bonnie Tyler- como cábala.

Recuerda el Diego –en el libro “Mi mundial, mi verdad”, lanzado ayer en Buenos Aires- que en la concentración había apenas un teléfono público y una tele para todos, instalada en el comedor. “El lugar parecía un burdel”, asegura, no por la jarana, sino por la precariedad de las condiciones, imagino. Y que todo eso puede contarlo “porque es uno de los pocos argentinos que sabe cuánto pesa la Copa del Mundo”.

Lo traigo a colación porque también aventura que el título se logró gracias a la rebelión de los jugadores, que no quisieron seguir jugando amistosos en Colombia y que exigieron viajar aceleradamente a Ciudad de México, contraviniendo los deseos de Bilardo.

Chile va a jugar hoy su último amistoso antes de la Copa América Centenario y su utilidad está puesta a prueba. Es verdad que Pizzi necesita calibrar su esquema, pero también es cierto que se reserva buena parte del contingente ante los mexicanos. ¿Servirá de algo medirse con uno de los favoritos en estas condiciones? Hay en esa cautela, en no utilizar a los levemente resentidos, una distancia grande con respecto a Sampaoli, que exprimió hasta la última gota de este equipo con resultados espectaculares. Fue una exigencia compartida con el plantel que ahora vive días de mayor relajo, a espera de los resultados.

Una derrota frente a México seguirá minando las confianzas de un grupo que, después de ganarle a Brasil y Perú por las clasificatorias, hace ya demasiado tiempo, necesita ratificar sus pergaminos. Ojalá entren descansados. Anoche acá en el puerto de San Diego, justo frente al hotel de la concentración, un inmenso tren de carga hizo maniobras a las tres de la mañana que parecían una tormenta o un espectáculo pirotécnico de Donald Trump. Un escándalo como para desvelarse.

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