Hannah Mouncey tiene 28 años y toda su vida ha sido una activa deportista. Primero como hombre, cuando defendió a la selección australiana de hándbol, y ahora como futbolista de la modalidad originaria de su país, disciplina a la que podrá dedicarse profesionalmente, luego que la federación nacional le autorizara participar de la liga femenina.

La jugadora de 1,90 metros comenzó su proceso de cambio en 2015 y, en principio, su solicitud para ingresar a la competencia le había sido denegado.

Tras conseguir el permiso, Mouncey -quien antes se llamaba Callum- se negó a agradecer a la organización, pues considera que “era lo que tenían que hacer”. "No daré las gracias a la federación, creo que sería totalmente inapropiado hacerlo por autorizarme a hacer algo que cualquier australiana puede hacer", aseguró.

Su llegada a este tradicional deporte en el país oceánico se gestó luego que la Federación Internacional de Hándbol le impidiera jugar en la rama femenina, primero al señalar que debían pasar 12 meses de iniciado el tratamiento y después, básicamente, porque sí.

Después de esa determinación, inició su intento por entrar al fútbol australiano, situación por la que ha debido soportar fuertes comentarios en contra en sus redes sociales, las que ella suele mantener, retuitear y hasta contestar sarcásticamente.

Respecto de su incorporación al fútbol australiano, donde Mouncey defenderá a un equipo de la Segunda División, no resultó sencilla para las autoridades.

“Son temas complicados. Estamos considerando la opinión de expertos, marcos internacionales y la respuesta de las comunidades que se han visto impactadas por nuestras decisiones”, manifestó un directivo de la AFL.

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