Un vocero en problemas. El 7 de septiembre, pasado el mediodía, el subsecretario Máximo Pavez iba camino al Congreso, en Valparaíso, para participar en la votación particular del Registro de Vándalos, en la comisión de Seguridad de la Cámara. Una llamada desde La Moneda lo hizo devolverse. Tenía que encabezar una vocería que no estaba en su agenda y desconocía por completo.

  • Cuatro días después, durante su vocería por los seis meses de gobierno, la Secretaría de Comunicaciones (Secom) tituló la transmisión oficial “Resumen semanal”. Nadie se lo había informado.
  • Ambos episodios tienen un mismo origen. La Secom coordina las vocerías, pero depende de Cristián Valenzuela, director de Comunicaciones y asesor histórico de Kast. Él diseñó el modelo comunicacional con que el Presidente llegó a La Moneda. También el que lo reemplazó tras la caída de Mara Sedini, en mayo. Hoy defiende que no exista un ministro vocero.

Un diseño desgastado. Desde la caída de Sedini, el reparto había quedado claro en el papel. El biministro Claudio Alvarado entregaría las versiones oficiales de La Moneda sobre las grandes directrices, y Pavez asumiría las contingencias. En la práctica, el rol de éste ultimo se ha debilitado.

  • Según La Segunda, Pavez lideró 19 vocerías oficiales en julio. En agosto, bajaron a cinco. En sectores de La Moneda explican la caída porque tuvo que hacerse cargo de los temporales de ese mes.
  • Entre el 8 de julio y el 12 de agosto encabezó 20 vocerías desde Senapred y sumó 663 apariciones en prensa. A eso se suman migraciones, desalojos de tomas y la coordinación con autoridades regionales.
  • Las vocerías no tienen días fijos. Responden a la contingencia. La Secom las coordina y la prioridad es que hablen los ministros; si no pueden, los subsecretarios.
  • La única regla estable comenzó a inicios de septiembre: Alvarado y Pavez abren sus vocerías instalando logros y, luego, respondiendo preguntas.
  • Cada 15 días, la Secom pone nota —de 1 a 7— al desempeño de los ministros y subsecretarios. El informe llega a Kast.
  • Valenzuela y Felipe Costabal, director de la Secom, se reúnen periódicamente con Alvarado, Pavez y el subsecretario de Segegob, José Francisco Lagos. La coordinación existe. El orden, no.

Presión de los partidos. El costo se ve en el gabinete. En agosto, el propio Alvarado reconoció que desconocía el requerimiento del Ejecutivo ante el Tribunal Constitucional por la megarreforma.

  • “Cuando el vocero es el último en enterarse, el problema no es de mensaje. Es de diseño”, señala una alta fuente oficialista.
  • RN y la UDI han pedido el retorno del ministro vocero, en las reuniones del comité político como en las de coordinación con Kast.
  • El diputado Diego Schalper (RN) ha liderado la ofensiva. En La Moneda lo atribuyen a su interés en el cargo. Su entorno lo descarta. También habría parlamentarios UDI interesados.

El fracaso del primer diseño. Kast llegó a La Moneda con un esquema rígido y centralizado. Toda pauta, entrevista o declaración debía pasar por la Secom, que formalmente la dirige Costabal, pero en los hechos la controla Valenzuela.

  • Valenzuela empujó la designación de Sedini en la Segegob, pese a su falta de experiencia política, cuyo principal problema siempre pasó por un diseño en que ella no accedía a la toma de decisiones: las estrategias se orientaban desde el Segundo Piso.
  • Entonces, se optó por un esquema “liviano”. Alvarado asumió la Segegob y los anuncios políticos centrales. Pavez, la contingencia y la relación cotidiana con los medios.
  • Los ministros sectoriales debían ganar figuración en sus temas, en parte para revertir el bajo conocimiento público de varios de ellos. Es el modelo que se está desplomando.

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Telón de fondo. El gobierno ha ensayado dos diseños y ninguno ha dado resultados. Lo que no cambió entre uno y otro, señalan altas fuentes oficialistas, es que quien tomas las decisiones sin contrapesos es Valenzuela.

  • La fórmula del ministro vocero es probada en gobiernos anteriores. Pero, para algunos, un vocero con atribuciones reales implica trasladar poder desde el Segundo Piso a un ministerio. Eso es lo que el diseño actual evita.
  • La presión de los partidos no es sólo técnica. La vocería otorga exposición pública. La Moneda lee la ofensiva de RN y la UDI como una demanda de mayor presencia en el gabinete. Ambas lecturas son complementarias.
  • Mientras tanto, la carga recae en Alvarado, el ministro con más habilidades políticas del gobierno. Coordina a los ministros. Gestiona emergencias. Negocia en el Congreso, en apoyo a José García Ruminot (RN), cargando buena parte del peso de la Segpres.
  • Valenzuela sigue proponiendo que no haya vocero. Es un esquema funcional a mantener las comunicaciones concentradas en sus manos. Kast, hasta ahora, está de su lado.

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