-Es un gabinete con mayoría de independientes, pese a que durante la conformación hubo reclamos y preocupación de los partidos. ¿Hay una apuesta arriesgada?

-Que dos tercios sean independientes es más bien una ventaja, primero desde el punto de vista de la opinión pública, por el estado actual de los partidos. Y creo que la tragedia del fin de semana dejó outside a quienes pudieran criticar por la falta de presencia de los partidos. O sea, habría parecido una mezquindad. Ahora, ese resentimiento que debe existir en las cúpulas se va a diluir o confirmar dependiendo de la conformación de los gobiernos regionales. Tus parlamentarios están interesados en quiénes son sus seremis, sus directores de servicio en cada una de las regiones. El tema lo resolvió muy bien con Claudio Alvarado y Pepe García (José García Ruminot), entregando la conducción política y la relación con el parlamento a los dos principales partidos de Chile Vamos.

-¿No es un problema que los ministros independientes sean más débiles al no tener respaldo político?

-Eso es cierto en general.  Ahora, los ministros caen cuando pierden la confianza del Presidente. Cuando son militantes de partidos importantes es más difícil, pero de todas maneras caen. La señal que está dando es que va a tomarse en serio la noción de gobierno de emergencia y de unidad nacional. Está diciendo a la gente que este no va a ser un gobierno de los partidos.

-Kast dijo en el discurso que no aceptaba cuoteos o presiones.

-Dio una señal fuerte, probablemente sea uno de los gobiernos con menos cuoteos y con más independientes. Dos tercios son independientes. La ministra de Seguridad, la ministra de Salud, varios ministros claramente son reclutados por su experticia técnica. Creo que el Presidente electo mostró mucho pragmatismo e hizo el gabinete más amplio desde el punto de vista político, yo diría que desde Aylwin. Republicanos, radicales, pasando por exDC, independientes, personas que trabajaron con Lagos, en fin. Y tienen en común el hecho de no ser todos personas de trayectoria común con el presidente. No es el caso de Piñera, que nombró a colaboradores de él de toda la vida.

-¿No es un gabinete de amigos como se temía en la oposición?

-No es un gabinete de amigos propiamente tal, son personas en las que confía, pero él hizo muchas apuestas a personas que conoció hace poco. No son compañeros de curso. Y el hecho político relevante es la exclusión de Nacional Libertarios. No cedió a la presión de Nacional Libertarios por ocupar un puesto más relevante.

-¿El que los libertarios quedaran fuera del equipo ministerial -a pesar de las negociaciones con Johannes Kaiser- será un problema para el futuro gobierno?

-Todo indicaba que había que elegir entre dos problemas. Entre tenerlos dentro, con la explosividad del personaje, y la eventualidad de una crisis política por un desacuerdo y su salida. O tenerlos afuera y digamos que no va a ser cómoda la posición. Yo aposté desde el inicio a que Kaiser no iba a entrar al gobierno, porque tengo la impresión de que él tiene en la cabeza el diseño que tuvo Kast con Piñera. Construir desde fuera su liderazgo.

-Kast incorporó a ministros que vienen de la antigua Concertación o de la Nueva Mayoría como el caso de Ximena Rincón o Jaime Campos. ¿Cómo lo interpretas?

-El clivaje actual de esta elección fue, sin duda, el Rechazo y el Apruebo. Ellos son personeros del rechazo. Y en el fondo lo que guió la conformación del gobierno es eso. Todo esto se vio facilitado por la declinación de los Libertarios de participar en el gobierno. Sí uno lo lee políticamente, Kast hizo una opción hacia el centro. Kast prefirió fracasar en la incorporación de la extrema derecha que en la incorporación de la gente que venía de la Concertación.

-¿Cuáles consideras que son los atributos de Claudio Alvarado para ser ministro de Interior?

-Yo he visto prensa ninguneando que no hay conductor político, no conocen a Alvarado, parece. Es la persona más adecuada para ese rol. Con un presidente que no se había caracterizado precisamente por la flexibilidad, ni la disposición ni capacidad de diálogo, nombró a una persona que tiene en su ADN, el diálogo y la negociación política, y la articulación de lo diverso. Es el personaje para la tarea difícil que tiene el gobierno de articular mayorías. La verdad es que Kast nos está sorprendiendo con una flexibilidad y pragmatismo que no le conocíamos.

-¿Cómo evalúas el nombramiento de la fiscal regional de Tarapacá, Trinidad Steinert, como ministra de Seguridad?

-Me pareció espectacular. Es cierto que surge de un conjunto de rechazos y de dudas. Se le cayó Carter. Probablemente dudaron si nombrar a Bassaletti. Pero me pareció que es mejor que todos los anteriores. Es bueno nombrar allí a una persona que no tenga ambición política, lo otro era apostar a la candidatura de reemplazo en la próxima presidencial y politizar la seguridad era la peor de las estrategias. Las opiniones que he escuchado hablan de una persona con mucho potencial y mucha experiencia.

-Una situación inesperada fue la caída de Santiago Montt del Ministerio de Minería, luego de que la empresa Los Andes Copper adelantara el anuncio.

-Kast dio un golpe de autoridad al castigar a la persona que anunció ella misma su nombramiento, porque en el comunicado de prensa de la empresa había una frase de Montt, declarándose orgulloso de haber recibido la invitación. Mostró una impericia imperdonable y eso fue castigado severamente. Todos los ministros que vienen del mundo privado tienen que aprender que, a partir de hoy, sus dichos repercuten y comprometen al gobierno. Yo creo que es una enseñanza que muchos ministros no aprendieron con Sebastián Piñera y algunos duraron muy poco, porque es muy brutal que tus palabras pasen de ser trascendentes en el ámbito familiar y empresarial a ser trascendentes en el país. Esto implica un autocontrol y una disciplina propias de la política. Y ese es el aprendizaje que tienen que tener los independientes.

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