Lo nuevo. Al mediodía de este martes, las bancadas del oficialismo, la DC y el Partido de la Gente anunciaron que arribaron a un acuerdo administrativo para distribuir la mesa y las comisiones legislativas de la Cámara de Diputados durante las próximos cuatro años.

  • Un pacto con el PDG, que cuenta con una bancada de 14 parlamentarios, permite al actual oficialismo y a la DC —que tiene 64 de los 155 escaños— sumar al menos 78 votos y tomar el control de la testera y las vicepresidencias, dejando fuera a la derecha (que tiene 76 de los 155 escaños).
  • El diseño contempla que el partido de Franco Parisi llegue a la presidencia durante el primer año. Lo anterior implicaría que Pamela Jiles, quien lidera de facto la bancada tras haber obtenido mayoría nacional en noviembre con 94.478 votos, llegue a la testera.
  • Según el acuerdo, la primera vicepresidencia quedaría en manos del PPD y la segunda a cargo de un personero del PS.

Fuerte incertidumbre. El apoyo de la izquierda a Jiles ha sido criticado desde sus propias filas -la ex ministra Tohá lo calificó de “insólito”- a partir de sus ácidas críticas a la administración Boric, el FA-PC y su estilo, tildado de populista, marcado por sus constantes performances en el Congreso y bajo la fórmula de trasladar sus funas e insultos desde el mundo de la farándula a la política.

  • Ese factor, entre otros, mantiene una fuerte incertidumbre respecto a posibles descuelgues. En paralelo, la oposición ha desplegado una ofensiva con parlamentarios indecisos, lo que podría dar vuelta el tablero a última hora. En sectores de la derecha, de hecho, calculan que ya lograron conformar una mayoría para que uno de los suyos llegue a la testera.

Partido bisagra. El pacto administrativo se ha manejado con reserva en la centroizquierda y sus condiciones sólo las han visto los jefes de bancada. De lo que ha trascendido hasta ahora, se conoce que para el periodo 2027-2028 la DC llegaría a la testera. El PS tomaría la posta para el tercer año y en 2029 el PDG volvería a la presidencia.

  • Entre lo pactado también está la distribución de las comisiones legislativas, claves en el trabajo legislativo. Las principales quedarían en manos del oficialismo y, según fuentes del sector, se distribuyeron en proporción al tamaño de cada bancada, pero también los partidos más grandes cedieron espacio a las colectividades más pequeñas y a los independientes.
  • En el caso del PDG, que en la primera votación de la actual legislatura actuará como fiel de la balanza, se concordó que, durante los próximos cuatro años, cada miembro de su comité pueda presidir una de las comisiones.
  • La DC y el PC, conforme a este diseño, liderarían las comisiones de Constitución y Hacienda.

Un golpe en dos frentes. Que Jiles llegue a la mesa -y que las comisiones clave queden en manos del actual oficialismo- supondría un duro golpe para el gobierno de Kast, dado que el presidente de la Cámara tiene incidencia en el ritmo de su agenda, conduciendo los debates y priorizando proyectos de ley. Por el contrario, el que pierda la parlamentaria equivaldría a la primera gran derrota de la izquierda en la era Kast, más aún por el simbolismo que significa respaldar a una de sus mayores críticas a partir de un cálculo político erróneo.

Del PC al PDG. Durante la campaña presidencial, Jiles selló una alianza táctica con Parisi y amenazó con que le haría “la vida imposible” a Kast desde el Congreso.

  • La diputada ha puesto en marcha una estrategia de confrontar a la clase política, desde dentro del mismo Congreso, con apodos y descalificaciones a sus pares. Los analistas indican que su acuerdo con Parisi puede generarle réditos a corto plazo, aunque hay dudas sobre su duración a partir de las señales de autonomía que ha dado la parlamentaria.
  • La diputada proviene de una familia comunista, acomodada en lo económico, e integró el PC y el FPMR, donde conoció a su pareja y asesor Pablo Maltés. Vivió en Cuba en los ’60 y luego volvió a Chile. Estudió periodismo y, según ha dicho, en 1979 recibió entrenamiento militar en Libia y que conoció a Muamar el Gadafi.
  • Ha apoyado al chavismo. Dejó el PC en 2006, respaldó la candidatura presidencial de Alejandro Navarro en 2009 y, desde la Cámara, fue la principal impulsora de los retiros de fondos de pensiones, una iniciativa criticada transversalmente por los expertos a partir de los estragos que generó en la economía del país.

Los indecisos. En la centroizquierda reconocen que hay al menos dos diputados del comité DC que han tenido acercamientos con la derecha para sumarse a un posible acuerdo, y uno incluso lo habría firmado. Otro que permanece en la incertidumbre es Jaime Mulet, líder del FRVS, quien ha recibido propuestas tanto del actual oficialismo como de la oposición.

El panorama en la derecha. La idea de propinarle un golpe de entrada al nuevo gobierno con un acuerdo paralelo al que se gestaba desde la derecha —que incluía originalmente a figuras del Socialismo Democrático— comenzó a tomar forma luego de que la semana pasada el Senado aprobara el proyecto de conmutación de penas para internos de edad avanzada, impulsado por Francisco Chahuán (RN).

  • A eso se sumó la insistencia de sectores del Partido Republicano —que obtuvo 31 escaños en la elección de noviembre— en proponer para la presidencia a Agustín Romero, pese a no concitar apoyos en la centroizquierda. Esto, en desmedro del UDI Jorge Alessandri, quien sí cuenta con respaldos en la futura oposición.
  • En las últimas horas, la derecha arremetió en dos frentes. El primero fue quitarle piso a la iniciativa de Chahuán, a la que los diputados de RN y la UDI le agregarán indicaciones para abrir un acuerdo con la centroizquierda.
  • El segundo fue entregarle a la UDI la presidencia durante el primer año, y realizar una nueva distribución de las comisiones legislativas, dejando ventanas disponibles para diputados del Socialismo Democrático.

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